Ley Penal Juvenil: claves del proyecto que debate el Senado

El Senado se prepara para definir la nueva Ley Penal Juvenil

Debate en el Congreso por la Ley Penal Juvenil

NewsITe

El proyecto de Ley Penal Juvenil impulsado por el Gobierno nacional, que propone bajar la edad de imputabilidad de 16 a 14 años, llegará este viernes al recinto del Senado tras haber obtenido media sanción en la Cámara de Diputados con 149 votos afirmativos. El oficialismo, que ya consiguió dictamen de comisión, buscará ahora convertirlo en ley en una sesión que promete un intenso debate político y jurídico.

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La iniciativa de La Libertad Avanza (LLA) plantea actualizar el régimen vigente, establecido en 1980 por la ley 22.278, con el argumento de que Argentina se encuentra desfasada respecto de los estándares predominantes en la región. Según exponen desde el oficialismo, países como Bolivia, Chile, Colombia, Paraguay, Perú, Venezuela y República Dominicana fijan la edad de imputabilidad en 14 años, mientras que Brasil, Ecuador, Costa Rica, El Salvador y Panamá la ubican a partir de los 12 años, siempre bajo esquemas que combinan sanciones con medidas socioeducativas orientadas a la reinserción.

Entre los fundamentos centrales, el Gobierno sostiene que en los últimos años se registró un incremento de delitos cometidos por menores de entre 12 y 15 años, con participación creciente en hechos graves. Esta situación, señalan, alimenta una percepción social de injusticia e impunidad que la nueva normativa busca revertir. Además, remarcan que las organizaciones criminales suelen recurrir a adolescentes para cometer delitos aprovechando que, en el esquema actual, muchos de ellos no pueden ser procesados penalmente.

Del debate inicial al consenso en 14 años

El texto original del Ejecutivo proponía bajar la edad de imputabilidad a 13 años, pero el oficialismo debió reformular la iniciativa en el marco de una negociación con bloques dialoguistas para asegurar los votos necesarios en Diputados. Finalmente se acordó fijar el piso en 14 años, una posición avalada por fuerzas aliadas como el PRO y la UCR, que la consideraron un punto de equilibrio y en línea con la mayoría de los países latinoamericanos.

Durante el tratamiento en comisiones, especialistas en desarrollo cognitivo y neurología expusieron que, si bien a los 13 años un adolescente puede comprender la ilicitud de sus actos, los 14 años ofrecen un parámetro más sólido para evaluar responsabilidad penal y capacidad de entender la criminalidad del hecho. Ese respaldo técnico terminó de apuntalar el cambio que habilitó la media sanción.

Penas, medidas socioeducativas y reinserción

El proyecto establece un esquema de penas graduadas. Para los delitos menores prevé condenas de hasta 3 años, mientras que para los delitos graves —como homicidios, abusos sexuales y secuestros— fija un máximo de 15 años de prisión, con la posibilidad de extenderlo hasta 20 años en casos excepcionales. La iniciativa contempla además un menú de alternativas como libertad asistida, amonestaciones, tareas comunitarias y la obligatoriedad de participar en programas educativos o de formación laboral.

Estas herramientas se inscriben en un marco socioeducativo que, según subraya el oficialismo, apunta a la resocialización de los adolescentes más que a una lógica puramente punitiva. También se abre la puerta a mecanismos de mediación y reparación económica, siempre con el consentimiento de la víctima, con el objetivo de favorecer formas de justicia restaurativa en determinados casos.

Dónde estarán alojados y cómo se financiará el sistema

Uno de los puntos sensibles del proyecto es el régimen de alojamiento. La norma prohíbe expresamente que los menores condenados convivan con adultos en cárceles comunes. Para ello, prevé la creación de institutos y centros de detención especializados, con personal capacitado en niñez, salud mental y adicciones, o bien unidades diferenciadas dentro de establecimientos penales ya existentes.

Según el Gobierno, estos ámbitos deberán priorizar la educación y el acceso a la salud de los jóvenes. Para los menores de 15 años que cometan delitos graves se contempla la posibilidad de internaciones bajo control judicial, con foco en la resocialización.

En el plano presupuestario, el proyecto incorpora un capítulo específico que prevé más de $23.700 millones destinados a la construcción y adecuación de centros especializados, así como a la contratación de equipos interdisciplinarios para la supervisión de los adolescentes privados de su libertad. La apuesta oficial es evitar el alojamiento de niñas, niños y adolescentes en cárceles convencionales, al tiempo que se combinan sanciones penales con dispositivos de contención y reintegración social.

Desde el oficialismo definen la iniciativa como una ley que “combina una mirada punitivista con un enfoque de resocialización”, con penas escalonadas, castigos alternativos y medidas complementarias orientadas a la reinserción ciudadana.

Con la votación en el Senado, el Gobierno buscará dar una señal política en materia de seguridad y cerrar uno de los capítulos más controvertidos de su agenda legislativa, en medio de un país atravesado por el debate sobre cómo enfrentar el delito juvenil sin renunciar a las obligaciones de protección de la infancia.

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