Leer desde la cuna: una inversión para toda la vida

NewsITe
Leerle a los chicos desde los primeros meses de vida no es solo un momento de disfrute en familia. Especialistas advierten que se trata de una herramienta central para el desarrollo del lenguaje, la atención, la memoria y la comprensión, con impacto directo en la trayectoria escolar y en la autoestima de niñas y niños.
La licenciada en Fonoaudiología Patricia Villalba (M.N. 9.319), coordinadora del sector Lenguaje y Comunicación del Hospital de Clínicas de la UBA, explicó que en las consultas pediátricas cada vez se observan más chicos con escasa intención comunicativa al momento de mirar, señalar o pedir. Una de las causas posibles es la exposición temprana y prolongada a las pantallas, en detrimento del juego y de la interacción cara a cara con los adultos.
Villalba remarcó que muchas familias tienen el deseo de estimular a sus hijos, pero no siempre saben cómo hacerlo. Por eso, desde el Hospital de Clínicas impulsan talleres donde se ofrecen pautas sencillas para incorporar la lectura a la rutina diaria, como elegir un momento del día sin hambre ni sueño, compartir un libro, mirar las ilustraciones, nombrar objetos y conversar sobre lo que aparece en las páginas.
Beneficios de la lectura compartida en la infancia
De acuerdo con la especialista, el hábito de la lectura compartida desde edades tempranas sienta las bases para que, más adelante, los chicos puedan enfrentar textos más extensos y complejos en la escuela con mayores recursos. Al haber fortalecido la memoria, la atención, la comprensión y el vocabulario, se facilita la apropiación de nuevos contenidos.
Este proceso redunda en una mejor autoestima: los chicos se sienten más seguros, comprenden las consignas y participan con mayor confianza en las actividades escolares. Por el contrario, cuando estas habilidades no se desarrollan a tiempo, pueden aparecer retrasos en el aprendizaje, frustración, baja autoestima e incluso abandono escolar en los grados superiores.
“La lectura en familia no solo amplía el vocabulario, también fortalece el vínculo afectivo y brinda a los chicos más herramientas para comprender el mundo”, señalan desde el Hospital de Clínicas.
Señales de alerta según la edad
A partir de los 18 meses
Además de promover la lectura y el juego, es fundamental que las familias puedan identificar señales tempranas que indiquen dificultades en el desarrollo del lenguaje y la comunicación. A partir del año y medio, se recomienda consultar con un profesional si se observa:
- Falta de contacto visual cuando el adulto le habla.
- Poco interés en interactuar con otros niños y con personas mayores.
- Dificultad para compartir la atención, por ejemplo, no mirar lo que le muestran.
- Escaso interés por juguetes apropiados para su edad.
- Baja capacidad de imitar acciones o palabras de los adultos.
- Ausencia de intención de comunicarse o de gestos como señalar para pedir.
- Dificultad para comprender órdenes simples como “dame” o “tomá”.
- Falta de respuesta al escuchar su nombre.
- Escaso uso de palabras frecuentes como “mamá”, “papá”, “agua”, “papa” o “pan”.
A partir de los 30 meses
Entre los 2 años y medio y los 3 años, conviene prestar especial atención si:
- Hay poca o nula comprensión de órdenes verbales sencillas, como “traé la pelota”.
- No combina palabras para formar frases y permanece en el uso de palabras aisladas.
- No utiliza conectores ni preposiciones acordes a su edad.
- La mayoría de los adultos tiene dificultad para entenderle lo que dice.
- Hace ecolalias, es decir, repite lo que escucha sin un propósito comunicativo claro.
A partir de los 4 años
En la etapa preescolar, algunas señales que ameritan una consulta fonoaudiológica son:
- Necesita que se le repitan varias veces las consignas porque no las comprende.
- Realiza las actividades por imitación de los compañeros y no por entender la indicación.
- Confunde encabezados de preguntas como “qué”, “quién”, “dónde”, “cuándo” o “por qué”.
- Le cuesta recordar o evocar palabras, recurre a muletillas o a descripciones largas en lugar de nombrar el objeto.
- Tiene dificultades para armar frases complejas y organizar un relato sobre experiencias propias.
- Presenta problemas de pronunciación, sustituyendo sonidos o suprimiendo sílabas.
- Muestra poca participación en conversaciones, con dificultad para iniciar o mantener el diálogo o para cambiar de tema.
Frente a cualquiera de estas señales, los especialistas recomiendan no alarmarse, pero sí consultar a tiempo con un fonoaudiólogo o un equipo interdisciplinario. La detección temprana y el acompañamiento profesional, sumados a la lectura cotidiana en familia, pueden marcar una diferencia decisiva en el desarrollo comunicativo y emocional de niñas y niños.

