Postergar el equilibrio entre la liberación y la absorción de gases de efecto invernadero más allá de 2060 expondría a la población global a fenómenos térmicos extremos más intensos y frecuentes por varias generaciones, en comparación con escenarios donde la descarbonización comienza en 2030 o 2040.

Las olas de calor representan un desafío creciente en todo el mundo. Estos fenómenos climáticos extremos tienen efectos devastadores sobre la salud, la economía y los ecosistemas en distintas regiones. En los últimos años, estos episodios superaron marcas históricas, lo que genera inquietudes sobre su posible evolución y los riesgos para poblaciones vulnerables. Un estudio publicado en la revista Environmental Research: Climate por un equipo de especialistas de instituciones científicas australianas presenta nuevos escenarios a partir de simulaciones climáticas extendidas a mil años.
El trabajo compara la frecuencia, duración e intensidad de las olas de calor según diferentes fechas de logro de la neutralidad de emisiones y advierte sobre las consecuencias de retrasar este objetivo. La investigación revela que el aplazamiento hasta 2060 generaría picos inéditos en el número de días con temperaturas extremas en varias regiones del planeta, en comparación con escenarios donde la descarbonización comienza en 2030 o 2040. Según el reporte, “la mayoría de las tendencias regionales no muestran un descenso a lo largo de los 1000 años de cada simulación, lo que indica que las olas de calor no comienzan a regresar a las condiciones preindustriales”.
Antes de 2040, menor gravedad
El análisis indica que las olas de calor muestran una tendencia a ser más severas y frecuentes cuanto más se retrase la llegada a la neutralidad de emisiones. Se refiere a la situación en la que la cantidad de gases de efecto invernadero que se emite a la atmósfera se equilibra completamente con la cantidad que es absorbida o eliminada por procesos naturales o tecnologías, lo que permite estabilizar su nivel en el planeta y limitar el calentamiento global.
El documento resalta que, si se logra la meta antes de 2040, las olas de calor futuras serían de menor gravedad respecto a un mundo 2 °C más cálido que los valores preindustriales.
Pero, si la neutralidad se alcanza en 2060, “el planeta enfrentaría olas de calor superiores a ese umbral máximo del Acuerdo de París”, establece el trabajo, donde las simulaciones demuestran una presencia sostenida y creciente de eventos extremos especialmente en países que se ubican en latitudes bajas, “que además son generalmente más vulnerables, donde históricamente se producen eventos sin precedentes una vez al año o más si se retrasa la neutralidad de carbono hasta después de mediados del siglo XXI”.
América del Sur
El documento señala que el incremento en la frecuencia de olas de calor récord por siglo resulta considerablemente mayor en todas las regiones cuando la neutralidad de emisiones se posterga, con aumentos que, según los datos simulados, pueden multiplicarse entre cuatro y cinco veces en comparación con escenarios de acción anticipada.
A nivel regional, el estudio detalla que regiones como África subsahariana, sur de Asia, Australia y América del Sur experimentan los mayores incrementos en el número de días de olas de calor proyectados. En estos lugares, los escenarios donde la neutralidad de emisiones se alcanza en 2060 muestran diferencias de hasta 40 a 80 días adicionales de olas de calor por temporada respecto a escenarios con abandono temprano de las emisiones, especialmente en zonas dentro de los 30 grados del ecuador.
Si la neutralidad de emisiones se logra recién en 2060 las olas de calor serán superiores al tope fijado por el Acuerdo de París.
En palabras de la autora principal, Sarah Perkins-Kirkpatrick, “Nuestro trabajo desafía la creencia general de que las condiciones después de alcanzar las cero emisiones netas comenzarán a mejorar para las generaciones futuras”. Debido a que la temperatura global se mantiene alta incluso después de alcanzar la neutralidad de emisiones, las olas de calor continuarían ocurriendo durante siglos y no regresarían a los niveles previos a la era industrial.
El equipo científico realizó siete simulaciones separadas con el modelo climático ACCESS-ESM1-5.
Los resultados obtenidos subrayan la urgencia de políticas públicas que apunten a una reducción acelerada y permanente de las emisiones de gases de efecto invernadero. El informe advierte que el desafío estará especialmente presente en áreas con menor margen para la adaptación, por su ubicación geográfica y vulnerabilidad social.
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