El 9 de abril es el Día del Pago Igualitario, establecido por la Asociación Civil Ecofeminita. Es la fecha aproximada en que las mujeres alcanzan a ganar lo que los hombres ya habían ganado hasta el 31 de diciembre del año anterior. Las mujeres trabajan más de 15 meses para ganar lo que los varones ganan en 12. La situación se replica en el mundo.

De la Redacción de EL NORTE
[email protected]
La desigualdad de género tiene consecuencias concretas en la brecha salarial. Por cada dólar que gana un argentino, una argentina gana 73 centavos de dólar. En nuestro país, mayormente, las mujeres necesitan trabajar 15 meses y 9 días para obtener el mismo ingreso que los hombres en 12 meses. Para visibilizar la problemática, la Asociación Civil Ecofeminita estableció el 9 de abril como el Día del Pago Igualitario en Argentina. Es la fecha en la que las mujeres alcanzan los ingresos que los varones obtuvieron en todo el año anterior.
La situación no es exclusiva de nuestro país, sino que se replica en el mundo. Por eso, otros lugares tienen una fecha similar: 27 de marzo en Chile, 4 de abril en Estados Unidos, 22 de febrero en la Unión Europea.
De acuerdo a cifras estimadas por la Organización Mundial del Trabajo (OMT), las mujeres en Argentina perciben un 27% menos del salario establecido con respecto a los hombres, por iguales tareas o labores específicas. En el caso de las trabajadoras informales la brecha es aún mayor, calculada en un 36%.
TRABAJO NO REMUNERADO
Según cálculos realizados sobre la base de ingresos totales que publicó la Encuesta Permanente de Hogares del Indec para el tercer trimestre de 2024, la brecha de ingresos totales entre varones y mujeres se ubica en el 26,7 %. La herramienta contempla todos los ingresos que perciben las personas, sean de origen laboral o no laboral (como jubilaciones, pensiones, cuotas alimentarias, subsidios, etc.).
Así, hasta septiembre de 2024, los ingresos promedio de los argentinos eran de $754.800, y los de las argentinas, $546.300.
Los factores que influyen en el resultado son diversos.
En primer lugar, la diferencia la marca la cantidad de horas trabajadas. Según publica ONU Mujeres, el porcentaje de mujeres que trabaja a tiempo parcial es mayor que el de los hombres, en muchas ocasiones, porque las mujeres reducen su jornada para hacer frente al trabajo no remunerado de cuidado de sus familias, especialmente a raíz de su maternidad. Además, los trabajos a tiempo parcial son peor remunerados que los que son a tiempo completo.
TAREAS DE CUIDADO
En segundo lugar, la segregación horizontal también impacta en los ingresos. Es una realidad que hay empleos peor pagos que otros; por condicionantes sociales o estereotipos, la división sexual del trabajo tiene como resultado que el sector productivo reservado para las mujeres esté vinculado a los cuidados y la reproducción social (profesionales de la salud, de la docencia o la limpieza), y hay concentración de varones en sectores como la construcción y la industria.
Los trabajos de cuidado siguen recayendo sobre las mujeres –lo que se llama “piso pegajoso”– y eso les reduce las posibilidades de obtener empleos de mayor nivel que las hagan progresar en su carrera profesional.
“En Argentina, las mujeres representan el 96,9 % de las trabajadoras domésticas remuneradas del país. Además, están sobrerrepresentadas en el sector de la enseñanza (el 73 %), servicios sociales y salud (el 69,4 %) y los servicios comunitarios (el 54,4 %)”, publica Ecofeminita.
“TECHO DE CRISTAL”
En tercer lugar, la segregación vertical también impacta en la remuneración. Se trata del llamado “techo de cristal”, una metáfora para referir de manera bastante gráfica a los obstáculos que tienen las mujeres para ascender en cargos laborales y ocupar puestos jerárquicos, de decisión y, por lo tanto, mejor pagos. Sucede en los trabajos del sector público y del sector privado, en las empresas, en las universidades, en los tres poderes del Estado, etc.
La brecha salarial de género no se debe únicamente a diferencias en la formación o experiencia. Estudios recientes indican que se ve influenciada por estereotipos de género en el ámbito laboral, mayor carga de trabajo no remunerado en mujeres, dificultades y obstáculos para acceder a puestos de liderazgo, falta de políticas públicas efectivas para promover equidad. Reducir la desigualdad salarial requiere de un abordaje integral.

