Las Iglesias, un refugio ante la crisis: más consultas por falta de empleo, problemas familiares y adicciones

Mientras distintos indicadores muestran señales de estabilidad en la economía, referentes religiosos sostienen que la recuperación todavía no se refleja en la vida cotidiana de muchas familias. Desde la Iglesia Dios es Amor, el pastor Marcelo Vitrano aseguró que en San Nicolás crecieron las demandas vinculadas a la búsqueda de trabajo, la asistencia social y las adicciones.

De la redacción de EL NORTE
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La situación económica y social que atraviesa el país sigue teniendo impacto en la vida cotidiana de muchas familias. Aunque distintos indicadores muestran una desaceleración de la inflación y el Gobierno nacional sostiene que la economía comenzó a ordenarse, en distintos espacios comunitarios aseguran que las dificultades siguen presentes y que cada vez son más las personas que buscan contención frente a problemas económicos, familiares y emocionales.

Ese escenario también se refleja en las iglesias. En diálogo con EL NORTE, el pastor de la Iglesia Dios es Amor, Marcelo Vitrano, describió un panorama atravesado por múltiples problemáticas que, según afirmó, se potencian entre sí.

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“La cuestión económica en San Nicolás está golpeando muchísimo”, sostuvo. A su entender, ese contexto no sólo afecta el poder adquisitivo de las familias, sino que también termina profundizando otras situaciones sociales. “Profundiza la violencia, profundiza la desesperanza, profundiza la crisis en la familia”, expresó.

Entre las principales preocupaciones mencionó el crecimiento de los consumos problemáticos. Según explicó, en los últimos años no sólo aumentó la cantidad de personas que buscan ayuda, sino que además descendió la edad de quienes atraviesan esas situaciones. “Ahora estamos recibiendo chicos de 18, 17, 16 y 15 años. Nos han llegado muchos chicos de 12 y 13 años”, señaló.

A esa realidad sumó otro fenómeno que, según dijo, viene creciendo con fuerza en el último tiempo. “Como nunca hemos visto adicción al juego virtual”, afirmó, al considerar que muchas personas recurren a esa práctica con la expectativa de resolver sus dificultades económicas y terminan agravando su situación.

Para Vitrano, el deterioro económico también comenzó a reflejarse en un cambio de las demandas que llegan diariamente a la comunidad religiosa. Si antes predominaban las consultas vinculadas a cuestiones espirituales, hoy aparecen con mayor frecuencia pedidos relacionados con el trabajo, los alimentos o la asistencia básica. “La gente viene a la iglesia y ya no solamente viene a buscar a Dios, viene a buscar un trabajo”, resumió.

El pastor también advirtió sobre la falta de oportunidades laborales y sostuvo que la ciudad atraviesa un escenario marcado por el cierre de pequeños emprendimientos y pymes. A eso sumó la preocupación por las dificultades habitacionales y la presencia de personas en situación de calle.

Violencia familiar

Según explicó, ese conjunto de factores repercute directamente en la convivencia familiar. “Estamos presenciando muchos hechos de violencia familiar. Eso trae mucha desesperanza, mucha angustia”, afirmó.

Al analizar el momento económico, Vitrano consideró que existe una diferencia entre los indicadores generales y la realidad cotidiana de la población. “Entiendo que la macroeconomía se está encarrilando, pero la micro, la gente del día a día, está atravesando otra realidad”, dijo. En ese sentido, mencionó las dificultades para afrontar gastos básicos, acceder a medicamentos y sostener el consumo cotidiano.

Frente a ese panorama, sostuvo que las iglesias terminaron ampliando su tarea más allá de la asistencia espiritual. “Lamentablemente, a veces la iglesia tiene que cumplir el rol del Estado”, expresó. Según indicó, actualmente acompañan situaciones vinculadas al consumo problemático, necesidades alimentarias, dificultades habitacionales y contención emocional.

Pese al diagnóstico, Vitrano consideró que el principal desafío sigue siendo recuperar la esperanza y reconstruir los vínculos comunitarios. “La gente ya está cansada de discursos vacíos, de promesas huecas. La gente necesita ver hechos”, afirmó. Y concluyó con una convocatoria a fortalecer la solidaridad. “Creo que el desafío para nuestra ciudad es dejar de mirarse a uno mismo y empezar a mirar al otro”.

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