Marcas de pisadas, cabellos, restos de tela o de sangre son algunos de los indicios fundamentales para resolver un crimen. El análisis de ADN ha dado un valioso aporte a las investigaciones, pero después de 132 años el método de las huellas dactilares de Vucetich sigue siendo imbatible. El Departamento Judicial de San Nicolás fue el primero en incorporarlas.

De la redacción de EL NORTE
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En las investigaciones de antaño no había análisis de la escena del crimen ni del arma homicida. Recién a comienzos del siglo XX empieza a hablarse del método Vucetich de huellas dactilares que en principio no era tomado en serio. Para la policía, un caso se resolvía cuando se lograba una confesión y para eso se utilizaba la tortura. De ahí que el sistema de Vucetich haya sido considerado como “una revolución política y social”. Para expertos en seguridad, la utilización de las huellas digitales supuso un cambio incluso superior a lo que hoy significa el uso del ADN.
El hecho de que cada ser humano tenga un dibujo único de crestas papilares y de los surcos de la yema de los dedos es uno de los principios fundamentales de la ciencia forense. Este principio se descubrió hace tres mil años en la antigua China, donde era muy habitual rubricar contratos legales con la impresión digital. Pero fue Juan Vucetich quien alrededor de 1892 elaboró en Argentina un método basado en prácticas que habían sido utilizadas antes pero no sistematizadas.
Vucetich, de origen croata, llegó al país en 1882. Había estudiado antropología. Radicado en La Plata entró a la Policía Bonaerense asignado a la oficina de Estadística. A mediados de 1891, su jefe le encomendó la organización de un servicio de identificación por el sistema europeo de Bertillon, utilizado para clasificar a las personas teniendo en cuenta las medidas de la cabeza, cráneo, dedo medio, pie y antebrazo izquierdos integradas a una compleja fórmula que supuestamente se mantendría inalterable a lo largo de la vida. El sistema fue usado durante 30 años, pero en 1903 en Kansas condenaron a un hombre inocente que tenía las mismas medidas antropométricas que el culpable.
Cuando la Justicia empezó a usar el sistema de huellas dactilares, el primer Departamento Judicial que lo hizo fue el de San Nicolás, y la Corte Suprema decidió adoptarlo para todas sus dependencias en 1902.
Cuando Vucetich se puso a investigar, tuvo en cuenta los trabajos de Francis Galton, quien había dado una conferencia en Londres que fue recopilada como “Pautas sobre las marcas e impresiones del pulgar y de los dedos”. Allí enunciaba las tres leyes fundamentales de la Dactiloscopía: perennidad, inmutabilidad y diversidad infinita. Vucetich se propuso probar que esos enunciados eran infalibles clasificando los modos de identificación como sistemas y aplicándolos masivamente. Esa fascinante combinación de improntas se forma en las yemas de los bebés al quinto mes de gestación, permanece exacta durante toda la vida y es irrepetible aun para los gemelos idénticos.
Cuando inauguró la Oficina de Identificaciones, Vucetich acababa de cumplir 33 años. Primero les tomó las huellas a los 23 detenidos en los calabozos de la Jefatura de Policía, considerada la primera clasificación del mundo. Después, a todos los presos de la cárcel de La Plata. A fin de 1892, ya habían sido “fichadas” 1462 personas. La Justicia empezó a usar el sistema. Primero lo hizo el Departamento de San Nicolás, y la Suprema Corte decidió adoptarlo para todas sus dependencias en 1902. El primer caso resuelto con este método en el mundo fue el homicidio de dos niños en Necochea, ocurrido en 1892.
El crimen de Necochea
En 1892, el método Vucetich sirvió para resolver, por primera vez en la historia, un homicidio mediante evidencia de huellas dactilares en la escena del crimen. Los hijos, de 4 y 6 años, de una mujer llamada Francisca Rojas habían sido asesinados, y ella misma había señalado como responsable a un vecino. El terrible homicidio ocurrió en Quequén, en los suburbios de Necochea, en la tarde del 29 de junio de ese año. Dos hermanitos de 4 y 6 años fueron hallados muertos en una habitación de la casa de la familia donde se encontraban junto a su madre. Las víctimas tenían cortes en el cuello al igual que la mujer, pero en su caso las heridas eran menos profundas y sobrevivió. Francisca acusó del feroz ataque a Ramón Velázquez, un vecino que según ella la cortejaba, intentó abusarla y entonces la atacó junto a sus hijos. El caso parecía cerrado, salvo que Velázquez gritaba su inocencia, no lograron arrancarle una confesión al sospechoso ni aun sometiéndolo a torturas y nadie lo consideraba un hombre capaz de semejante acción. Más tarde, la mujer dijo que en realidad Velázquez la había atacado a ella y a sus hijos con una pala porque quería quitarles a los nenes para llevárselos al padre. Velázquez fue detenido en el campo donde trabajaba y torturado, incluso delante de los cadáveres de los chicos. En su furia, Francisca gritaba que, antes de cortarle el cuello, Velázquez le había dado una paliza. Pero en su cuerpo no había rastros de golpes.
Las huellas
Finalmente la evidencia que terminó descubriéndola fueron sus propios dichos, ya que la puerta estaba atrancada y el criminal salió por la ventana, dejando huellas ensangrentadas. Era muy clara y se notaba que la mano que las había dejado era demasiado pequeña para pertenecer al acusado. El inspector desconfió y entonces hizo algo que pasaría a la historia de la criminalística. Cortó el pedazo donde estaba el rastro para analizarlo con la nueva tecnología conocida: la de las impresiones digitales. El resultado arrojó que las huellas eran de Francisca. Ante la evidencia confesó el doble crimen, dijo que prefería matar a sus hijos antes que dárselos a su marido. La condenaron el 20 de septiembre de 1894 en Dolores “por el delito de doble homicidio en las personas de sus hijos menores, a sufrir la pena de penitenciaría por tiempo indeterminado…”. Francisca Rojas fue la primera persona en el mundo en ser condenada por las huellas digitales.
Con el éxito de este caso el jefe de la Policía no tardó en adoptar oficialmente el Sistema Dactiloscópico Argentino, lo que convirtió al país en el primero en depender únicamente de las huellas dactilares como método de identificación. A principios del siglo XX, el sistema de Vucetich empezó a difundirse por todo el mundo. Dos años más tarde, en 1907, la Academia de Ciencias de París informó públicamente que el método de identificación de personas desarrollado por Vucetich era el más exacto conocido hasta entonces.
Vucetich murió en 1925, de tuberculosis, en Dolores, el pueblo donde 31 años antes habían condenado a Francisca con la aplicación de su método. Es por aquel inmigrante, y por el feroz crimen de dos chicos en Quequén, que hoy votamos con documentos marcados por el pulgar derecho.
Con más de un siglo de avance en las ciencias forenses, la dactiloscopía es el método más certero y confiable para determinar la responsabilidad de una persona en algún hecho.

