Lactancia materna: la primera vacuna y un derecho a proteger

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Bajo el lema “Lactancia materna para un comienzo de vida sostenible: fortalecer lo que funciona”, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF renuevan el llamado global a reforzar los entornos que acompañan la crianza. La Semana Mundial de la Lactancia, que se conmemora cada año a comienzos de agosto, busca instalar la idea de que amamantar no es solo una elección personal, sino un derecho de salud pública que debe ser garantizado por el Estado, el sistema sanitario, las familias y los ámbitos laborales.
Especialistas en neonatología y pediatría insisten en que la leche humana es mucho más que alimento: es, en términos sanitarios, la primera vacuna que recibe un bebé. La Dra. Valeria Valko explica que la leche materna aporta anticuerpos que protegen frente a infecciones, alergias y distintas enfermedades crónicas. Diversos estudios muestran que la lactancia reduce el riesgo de sobrepeso y obesidad infantil en alrededor de un 13% y disminuye hasta en un 35% la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 en la adultez.
La protección también se extiende a otras patologías graves. Amamantar durante seis meses o más se asocia con una reducción aproximada del 19% en el riesgo de leucemia infantil, mientras que los lactantes alimentados con leche materna tienen hasta un 60% menos de posibilidades de morir por síndrome de muerte súbita del lactante. A largo plazo, quienes fueron amamantados suelen alcanzar, en promedio, mejores indicadores de desarrollo cognitivo, con alrededor de 3,4 puntos más en escalas de evaluación intelectual.
Beneficios para la madre y el desafío del ámbito laboral
La lactancia también implica ventajas concretas para la salud de quien amamanta. Según la OMS, contribuye a disminuir el riesgo de depresión posparto y actúa como factor protector frente a determinados tipos de cáncer, especialmente de mama y ovario. Además, favorece el vínculo temprano con el bebé y ayuda a la recuperación física tras el parto.
Sin embargo, sostener la lactancia en el tiempo no depende únicamente de la voluntad de la madre. El regreso al trabajo formal, la informalidad laboral y la falta de licencias adecuadas suelen convertirse en un punto de quiebre. Por eso, cada vez más organismos internacionales y sociedades científicas reclaman que empresas y oficinas públicas implementen lactarios: espacios privados, limpios, con agua potable y refrigeración, donde las trabajadoras puedan extraerse y conservar la leche en condiciones seguras.
Derribando mitos y acompañando sin culpas
Alrededor de la lactancia circulan mitos que muchas veces generan angustia o decisiones apresuradas. Los profesionales remarcan que la leche materna no es “aguada”: su composición cambia y se adapta a las necesidades del bebé en cada etapa. Tampoco el tamaño del pecho determina la cantidad de leche producida y, en condiciones normales, amamantar no debería ser doloroso.
- Si aparecen grietas o dolor, suele tratarse de un problema de agarre o postura.
- El bebé debe estar bien alineado, “panza con panza” con la madre, con un agarre profundo que abarque el pezón y buena parte de la areola.
- Aplicar unas gotas de la propia leche sobre el pezón ayuda a la cicatrización por sus propiedades antibacterianas.
“La leche humana no es solo alimento: es la primera vacuna que recibe un bebé. Es un derecho que debemos cuidar entre todos, garantizando entornos que lo hagan posible”, enfatiza la Dra. Valeria Valko.
Cuando por razones médicas, personales o laborales la lactancia exclusiva se vuelve difícil, la lactancia mixta –combinando pecho y fórmula– es una alternativa válida que debe ser acompañada por el pediatra, siempre lejos de la culpa. El eje, coinciden los especialistas, debe estar puesto en la salud integral y el bienestar tanto del bebé como de la madre, en un marco de información clara y respeto por cada decisión familiar.

