La consecución del déficit hídrico sigue azotando a la región del Delta del Paraná, acrecentado sus consecuencias tanto para la flora como la fauna del característico paisaje. Especies como tortugas se encuentran con sus hábitats secos, en especial en la Laguna Esmeralda. Alejandro Martínez Ponte, guardaparques local, sugiere a los vecinos que únicamente las acerquen al agua “si están en el medio del camino”, en peligro de choque.

Carolina Mitriani
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El tercer año de déficit hídrico acrecienta la emergencia del río Paraná y los caudales que de él se alimentan, provocando cada vez mayores pérdidas en el ecosistema, en un panorama a futuro bastante desalentador. La escasa presencia de lluvias en la región complica la continuidad de esos espacios colaterales al Paraná, como es el caso de regiones acuáticas del Eco Parque San Nicolás, ex Parque Aguiar.
Alejandro Martínez Ponte, guardaparques local de larga trayectoria, explicó sobre la impactante imagen que encuentran los nicoleños y visitantes al arribar a la Laguna Esmeralda: “La laguna La Esmeralda se secó ya en dos oportunidades en esta sequía. La laguna se ve porque está en un lugar muy transitado, pero sucede en cientos y cientos de lagunas a lo largo de todo el Delta”. A partir de esto, “se producen mortandades de especies como algún número de peces, como en la primera bajante extraordinaria. Después ya no porque se cortó el acceso del agua del río, así que sostenía el nivel bajo del agua de esa laguna por las precipitaciones” únicamente. Tras el corte de flujo del río hacia esa laguna, ya no había peces de tamaño considerable; solo prosperaron algunas especies como la mojarra y el cangrejo. Estos, explica Ponte, “fueron en general eliminados por las propias aves, que van aprovechando la circunstancia de que el espejo de agua se va achicando y hasta último momento comen todo lo que pueden, para luego ir a buscar alimento a otro lado”.
Tortugas
El animal que por estas horas mayor preocupación está plantando en los nicoleños es la tortuga, que ante la falta de agua queda en exposición ante quienes visitan el Eco Parque, envueltas en un entorno de tierra reseca y apenas unos charcos de agua donde antes hasta la vegetación proliferaba. Por eso, varios voluntarios se han convocado para trasladarlas hacia un espacio con mayor humedad, dentro del entorno del área natural protegida.
Sin embargo, el guardaparques Martínez Ponte detalló en diálogo con EL NORTE que no es de extrema necesidad brindar esa asistencia: “Las tortugas, junto con los tiburones y los cocodrilos, son de las especies animales más antiguas que hay. Han sobrevivido a cientos de sequías. La diferencia que se está viendo es que, con este cambio climático que se acelera, los períodos secos y húmedos –en los que falta o sobra agua, con inundaciones– se están intensificando, pero son propios de la historia natural de nuestro planeta. Las tortugas están preparadas para eso”, aclaró.
A diferencia de lo que puede suceder con esta especie en la Laguna Esmeralda y otra ubicada en zona de islas es que el Eco Parque tiene un camino –recientemente ampliado en sus remodelaciones–, por lo que se pone en riesgo su vida al tener que cruzar un espacio donde transitan vehículos. “La tortuga olfatea, siente a través de unas ‘antenitas’ debajo de su boca con sensores muy eficientes. Las pongas donde las pongas, vuelven al agua; no se pierden”, resaltó el guardaparques, marcando que no es precisa la acción humana, pero entendiendo que las personas se asustan e intentan moverlas porque “es una imagen triste verlas así, a veces parece que se están muriendo. Cuando ellas van caminando como en peregrinación en busca del agua, cuando escuchan los pasos o vehículos se detienen porque tienen miedo. Únicamente pegan una corridita –dando por tierra eso de que son lentas– cuando saben que llegan al agua. Si están cerca, se tiran”.
Además, contó que “su otra defensa es meter la cabeza y patas dentro del caparazón, esperando que el intruso o lo que le dé miedo se vaya”. Sobre las recomendaciones que su experiencia le permiten acercar, Alejandro Martínez Ponte plantea: “Yo soy de tratar de intervenir lo menos posible en la naturaleza. No soy dueño de la verdad, pero sugeriría que únicamente se atrevan a tomarlas y darles una mano si están en el medio del camino, porque algún automovilista descuidado las puede chocar. Si no, las dejaría solitas, que ellas respondiendo a millones de años de evolución se van a arreglar como se han arreglado siempre”.
Futuro poblado
Pese a que las proyecciones del Instituto Nacional del Agua, junto a otras entidades de monitoreo, marcan un panorama desalentador en cuanto a las lluvias en zona del río Paraná, el guardaparques nicoleño invita a pensar en el momento en el que el agua regrese a San Nicolás, ya sea en mucho o poco caudal. Esto marcará un cambio de conducta en estas especies, al que los nicoleños deben estar atentos: “Cuando llueva se va a ver aumentado el número de tortugas que van a estar lejos del agua, porque ponen sus huevos en tierra firme. Al estar tan seca y dura la superficie, están complicadas para poner huevos desde hace tiempo. Cuando llueve, la tortuga activa su mecanismo y salen en grandes cantidades a hacer pocitos para depositarlos y que se incuben”.
Entonces, en esos casos, los animales se moverán por diversos espacios, hasta por encima de la barranca. “No las tenemos que agarrar. Esto va a pasar, más tarde o más temprano: se va a colmar de tortugas andando como locas para poner huevos. Es su ciclo de vida. Ahí no hay que intervenir de ninguna manera, dejarlas en paz, porque si no, interferimos nada más ni nada menos que en su reproducción”, remarcó Alejandro Martínez Ponte.

