La ropa también contamina antes de usarse: el 44% del material se pierde en producción

Una investigación de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología advirtió que el 44% de las fibras textiles se desperdicia durante la producción. El trabajo sostuvo que el debate sobre residuos suele enfocarse en la ropa descartada, aunque gran parte del problema comienza antes de que las prendas lleguen a las tiendas.

La industria textil mundial enfrenta un desafío ambiental que comienza mucho antes del descarte de ropa usada. Un estudio desarrollado por investigadores vinculados a la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) concluyó que casi la mitad del material utilizado para fabricar una camiseta se pierde antes de que la prenda llegue al consumidor.

El informe fue elaborado por Rakib Ahmed, exalumno de maestría de la NTNU y actual investigador de SINTEF Industry, junto al grupo de investigación liderado por el profesor asociado Johan Berg Pettersen y en colaboración con la investigadora Christina Meskers. El trabajo fue publicado en la revista Journal of Circular Economy.

“Cuando hablamos de residuos textiles, el debate suele centrarse en la ropa que tiramos. Pero el problema empieza mucho antes”, explicó Ahmed, según consignó la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología.

La investigación señaló que la Unión Europea impulsó en los últimos años distintas iniciativas para la recolección de ropa usada y el tratamiento de residuos textiles. Sin embargo, los especialistas remarcaron que gran parte del material se desperdicia antes de que las prendas lleguen al mercado.

“Pero gran parte del material utilizado para confeccionar la ropa se pierde antes de que las prendas lleguen al consumidor. Este aspecto recibe mucha menos atención”, afirmó Ahmed.

La magnitud del consumo mundial de ropa

El estudio remarcó que resulta difícil establecer con precisión cuántas prendas se compran cada año en el mundo. Aun así, los investigadores coincidieron en que el impacto ambiental de la industria textil es considerable y creciente.

Según una estimación citada en el informe, la moda representa cerca del 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Esa proporción supera ampliamente la atribuida al transporte aéreo.

La producción textil también requiere extensas superficies para cultivar fibras naturales. Sin embargo, los materiales sintéticos predominan en la fabricación actual de prendas. A ello se suma el destino final de millones de textiles usados que terminan en vertederos o directamente abandonados en el ambiente.

Las estimaciones analizadas por el trabajo sostienen que una población global superior a los 8.000 millones de personas adquiere entre 80.000 y 100.000 millones de prendas por año. Eso equivale, como mínimo, a unas diez prendas anuales por habitante.

Además, el informe advirtió que hasta 60.000 millones de prendas nunca llegan a venderse y suelen terminar desechadas. Los niveles de consumo muestran diferencias marcadas entre países y géneros.

En Noruega, por ejemplo, cada persona compra algo más de 23 prendas anuales y posee en promedio más de 350 piezas de ropa. En Estados Unidos, el promedio de compra asciende a 53 prendas por persona.

Ahmed advirtió que medir el consumo textil y sus posibilidades reales de reciclaje continúa siendo complejo.

“Muchos análisis del ciclo de vida de las prendas y los flujos de materiales parten de la premisa de que una prenda se usa solo una vez y que los materiales no se reciclan. Además, se centran en la situación de cada país, en lugar de considerarla a nivel global. Esto dificulta obtener una visión realista de la cantidad de fibras que podemos reciclar y reutilizar”, explicó.

Una camiseta de algodón como caso de estudio

Para analizar el problema, los investigadores estudiaron el recorrido de una camiseta de algodón durante dos ciclos consecutivos de vida útil. El modelo combinó análisis de flujo de materiales y evaluación del ciclo de vida.

“Analizamos con más detalle qué sucede con las fibras de una camiseta de algodón a lo largo de dos ciclos de vida consecutivos. Combinamos un modelo de flujo de materiales con una evaluación del ciclo de vida”, señaló Ahmed.

El estudio evaluó cinco variables ambientales: calentamiento global, eutrofización del agua dulce por exceso de nutrientes, ecotoxicidad en agua dulce, consumo de agua y uso del suelo.

El escenario analizado asumió que la producción de la camiseta se realizaba en Bangladesh, mientras que el uso y la gestión de residuos ocurrían en Noruega. Los investigadores consideraron esa combinación como un ejemplo representativo de la cadena textil global.

Los resultados mostraron un nivel muy reducido de reciclaje. Menos del 1% de la ropa usada se transforma actualmente en nuevos textiles a escala mundial.

“Los resultados son bastante claros. En la actualidad, podemos reciclar y reutilizar un máximo del 17 % de las fibras originales en una camiseta nueva”, afirmó Ahmed.

El mayor desperdicio ocurre durante la producción

Uno de los hallazgos centrales del informe apuntó a la etapa productiva. Allí se concentra la mayor pérdida de fibras textiles.

“La mayor parte de las pérdidas se producen en una etapa temprana de la cadena de valor. Aproximadamente el 44% del material se pierde ya en las etapas de producción”, indicó Ahmed.

Los investigadores sostuvieron que el fortalecimiento de sistemas de recolección de ropa usada representa un avance, aunque insuficiente si no se mejora la eficiencia industrial.

“Desde el año pasado, los municipios noruegos están obligados a proporcionar instalaciones para la recogida de textiles usados”, explicó Berg Pettersen.

El académico agregó que las políticas ambientales deben contemplar también la fabricación de prendas.

“Aquí podemos ver claramente que, para que las medidas sean efectivas, también deben tener en cuenta el proceso de producción. Se pueden obtener importantes beneficios ambientales al hacer que la producción sea más eficiente”, afirmó.

Según las estimaciones del trabajo, mejores procesos de producción permitirían reciclar hasta el 44% de los materiales, frente al 17% actual. Esa mejora reduciría aproximadamente un 10% las emisiones de gases de efecto invernadero y entre un 20% y un 25% otros impactos ambientales.

Para los investigadores, el desafío requiere coordinación entre gobiernos, marcas y fabricantes.

“Si la UE quiere lograr reciclar una mayor proporción de textiles, los países tendrán que centrar sus esfuerzos en las fases iniciales de la cadena de valor. Esto conllevaría una menor generación de residuos y un mejor aprovechamiento de los recursos en la producción”, concluyó Meskers.

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