La frase que reveló el plan criminal de la dictadura

NewsITe
El 24 de marzo vuelve a ponerse en primer plano una de las frases más brutales pronunciadas por Jorge Rafael Videla, jefe del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. En diciembre de 1979, más de un año y medio después del golpe de Estado, el dictador respondió ante la prensa sobre el destino de miles de personas secuestradas por el régimen: “No está ni muerto ni vivo, está desaparecido”.
La frase fue pronunciada en una conferencia de prensa posterior a la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) al país, en pleno escrutinio internacional por las denuncias de violaciones sistemáticas a los derechos humanos. El interrogante que desnudó la postura del gobierno de facto fue formulado por el periodista de la Agencia Noticias Argentinas (NA) José Ignacio López, quien se apoyó en un mensaje del papa Juan Pablo II en el que expresaba su preocupación por los desaparecidos en América Latina, especialmente en Chile y la Argentina.
Videla respondió con un cinismo que quedó grabado en la memoria colectiva: “Frente al desaparecido, mientras esté como tal, es una incógnita… Mientras sea desaparecido, no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad. No está ni muerto ni vivo, está desaparecido”. Aquella formulación, presentada como un razonamiento administrativo, era en realidad la admisión brutal de una política criminal planificada desde el Estado.
Con el paso de los años, los testimonios de sobrevivientes y los juicios de lesa humanidad confirmaron el trasfondo de esas palabras: secuestros ilegales, centros clandestinos de detención, torturas y los llamados “vuelos de la muerte”, donde personas detenidas eran arrojadas al mar o a los ríos desde aviones militares. La categoría de “desaparecido” funcionó como mecanismo para negar la existencia misma de las víctimas y garantizar la impunidad de los perpetradores.
El rol de José Ignacio López y la recuperación del archivo
Décadas más tarde, el historiador Felipe Pigna recuperó el registro audiovisual completo de aquella conferencia para el documental “Memoria para Construir”. Según relató, el material oficial estaba mal catalogado y durante años circularon solo fragmentos de mala calidad y descontextualizados. Al encontrar el archivo original, Pigna destacó que allí se encontraba “una perla” injustamente soslayada: la figura de López como autor de la pregunta que desencadenó “la respuesta más famosa” de Videla.
En ese documento se ve a un Videla de civil, intentando presentar una nueva etapa del Proceso, pero visiblemente incómodo ante el planteo del periodista. “Lograste tu objetivo, que era incomodarlo y que diga lo que tenía que decir, que fue tremendo. Que era lo que ellos pensaban y lo que ellos hicieron”, le dijo Pigna a López, subrayando el valor profesional y personal de interpelar al poder en un contexto de terror estatal.
“La prensa tiene un papel en la democracia y una función que cumplir en el funcionamiento de las instituciones: como vocero es representar la voz del presidente ante los periodistas y como periodista estar al servicio de la opinión pública y la libertad de expresión”, sostuvo José Ignacio López.
Tras el retorno de la democracia, López se consolidó como referente de ética profesional y libertad de prensa. Fue convocado por el presidente Raúl Alfonsín para desempeñarse como vocero presidencial, función que sostuvo hasta la muerte del ex mandatario en 2009. Su historia, ligada a aquella pregunta incómoda que dejó al descubierto la lógica del terrorismo de Estado, sigue siendo un recordatorio del rol clave del periodismo en la defensa de los derechos humanos y la memoria colectiva.

