La madre de Elena Makarova negó trata en la causa de Bariloche

La familia cuestiona la hipótesis de trata en el caso de la “secta rusa”

Madre de Elena Makarova cuestiona la causa por secta rusa en Bariloche

NewsITe

La madre de Elena Makarova, la joven rusa involucrada en la causa conocida como la “secta de Bariloche”, presentó una extensa carta ante la Justicia argentina en la que niega que su hija haya sido víctima de trata de personas o captación por parte de una organización delictiva. El caso mantiene detenido a Konstantin Rudnev y a otras 21 personas imputadas, mientras la Fiscalía de Bariloche insiste en que Elena habría sido una de las presuntas víctimas del grupo.

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En su escrito, Irina Makarova reconstruye la historia personal y familiar de Elena en Rusia y sostiene que la decisión de viajar embarazada a la Argentina estuvo motivada, principalmente, por la necesidad de escapar de una relación de pareja atravesada por la violencia. Según su testimonio, la joven vivía en la ciudad de Perm, adonde se había mudado a los 16 años para estudiar, y allí inició una relación con un joven llamado Iván, a quien describe como agresivo, controlador y con problemas de consumo de alcohol.

Irina relata que, con el paso del tiempo, la convivencia se volvió insostenible: humillaciones constantes, amenazas y episodios de violencia física y psicológica. La situación se agravó cuando Elena quedó embarazada en julio de 2024. Lejos de brindar apoyo, la pareja le habría exigido que abortara y rechazado la llegada del bebé. A la vez, la joven atravesaba problemas de salud vinculados a una pancreatitis y un cuadro depresivo que, según su madre, la dejaba en una posición de extrema vulnerabilidad.

El viaje a Argentina y la búsqueda de una salida a la violencia

Frente a ese escenario, Irina asegura que decidió buscar una alternativa fuera de Rusia. La intermediaria fue una amiga suya, Nadezhda Beliakova –conocida como Angelina–, quien tenía previsto viajar a la Argentina. La madre afirma que le pidió ayuda para “sacar” a Elena del contexto de violencia doméstica y que vio en el viaje una oportunidad para que su hija pudiera iniciar una nueva etapa y llevar adelante su embarazo con mayor tranquilidad.

En la carta, Makarova explica que la elección de la Argentina respondió a varios factores prácticos: la posibilidad de ingresar sin visa, el acceso a la atención médica pública y la percepción de que se trataba de un país distante de la guerra en Ucrania y de la creciente militarización que, a su entender, atraviesa la sociedad rusa. “Era un lugar sin guerra, donde mi hija podía tener a su bebé en paz”, sostiene en el documento.

Ya instalada en Bariloche, Elena habría comenzado a mostrar signos de mejoría, siempre según el relato materno. Madre e hija mantenían contacto casi diario, y desde Argentina la joven enviaba fotos de montañas y bosques, describiéndose más tranquila, con mejor alimentación y un entorno natural que contribuía a su recuperación física y emocional.

Parto, denuncia y cuestionamientos al accionar estatal

El punto de quiebre en la historia se produce cuando Elena ingresa al hospital para dar a luz a su hijo Miroslav. Irina cuenta que la joven la llamó llorando para denunciar que le habrían aplicado medicación para adelantar el parto sin su consentimiento. Días después, el contacto se cortó y la madre pasó varias jornadas sin noticias. Cuando finalmente volvió a comunicarse, Elena le informó que el bebé había nacido con más de cuatro kilos y que, inmediatamente después del parto, intervino la policía.

Según la carta, a partir de ese momento la joven quedó aislada, sin intérprete y con obstáculos para comunicarse con su familia. Irina describe condiciones que considera degradantes: debía lavar su ropa y la del bebé en una pileta pequeña, con un trozo de jabón, y amamantar bajo supervisión policial. Además, el contacto telefónico se volvió esporádico y breve, desde números desconocidos, lo que aumentó la angustia familiar.

En uno de esos llamados, Elena le dijo a su madre que se encontraba en un refugio en la Ciudad de Buenos Aires, sin conocer la dirección. Desesperada, Irina cuenta que su hija abrió Google Maps y le dictó los datos que veía en la pantalla para tratar de ubicar el lugar. Al día siguiente, la comunicación se interrumpió nuevamente y, cuando lograron hablar otra vez, la joven aseguró que le habían quitado el teléfono como castigo por haber intentado identificar el refugio.

Regreso a Rusia y fuertes críticas a la Justicia argentina

Irina Makarova sostiene que, ante la falta de información clara y el temor por la situación de su hija y su nieto, se contactó con abogados y conocidos para gestionar el regreso de ambos a Rusia. Finalmente, asegura que pudo reencontrarse con ellos en Moscú, donde constató las secuelas emocionales que habría dejado todo el proceso. Relata que debió recurrir a atención psicológica para Elena por el trauma vivido durante su estadía en el refugio y el vínculo con las autoridades que intervinieron en su caso.

En su carta, la madre es especialmente crítica con el rol de la policía, fiscales y personal del refugio. Afirma que insistían en señalar a Elena como víctima de una secta y de trata de personas, mientras que, a su entender, la verdadera violencia fue la que ella sufrió en esas instituciones. Llega incluso a calificar la estadía de madre e hijo como una forma de “secuestro” de casi tres meses en un espacio que, formalmente, estaba destinado a su protección.

“Lo que le hicieron a mi hija Elena y a mi nieto Miroslav es imperdonable. Estuvieron casi tres meses secuestrados en un lugar que llamaban refugio”, concluye Irina Makarova en el documento presentado ante la Justicia argentina.

Con ese testimonio, la madre de Elena se pone a disposición para declarar cuantas veces sea necesario y busca aportar otra mirada al expediente de la llamada “secta rusa” de Bariloche. Mientras tanto, la causa judicial sigue en curso y será la Justicia la que, en base a pruebas y declaraciones, determine si existió o no una red de captación y explotación detrás de la compleja trama que rodea a este caso.

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