La inflación en EE.UU. marca máximo en casi dos años

La suba de precios reaviva la presión sobre la Reserva Federal

Inflación en Estados Unidos y suba de precios de la energía

NewsITe

La inflación en Estados Unidos volvió a acelerar en marzo y encendió luces de alerta en los mercados y entre los responsables de la política monetaria. El índice de precios al consumidor (IPC) avanzó 3,3% interanual, su nivel más alto en casi dos años, impulsado fundamentalmente por el encarecimiento de la energía y, en particular, de la nafta. La Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, por sus siglas en inglés) confirmó que se trata de la tasa más elevada del segundo mandato del presidente Donald Trump, en valores que no se veían desde mayo de 2024.

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En la comparación mensual, el IPC general trepó 0,9% respecto de febrero, casi un punto porcentual por encima del ritmo que venía mostrando, lo que refleja un cambio de velocidad en la trayectoria de los precios. El salto está explicado, en buena medida, por la dinámica del índice de energía, que se disparó 10,9% en marzo. Dentro de ese rubro, la gasolina registró un aumento de 21,2% y por sí sola explicó cerca de tres cuartas partes del incremento de todos los bienes y servicios relevados.

Impacto de la energía y señales de la inflación núcleo

Aunque el foco del informe estuvo puesto en el costo del combustible, la inflación subyacente —que excluye alimentos y energía por su mayor volatilidad— mostró un comportamiento más moderado. El llamado IPC núcleo avanzó 0,2% en el mes y 2,6% en términos interanuales, aún por encima del objetivo de 2% de la Reserva Federal (Fed), pero lejos de los picos registrados tras la pandemia.

Los datos se conocen en un contexto de fuerte suba de las materias primas energéticas, previo a una tregua frágil en los mercados internacionales que solo consiguió amortiguar parcialmente la escalada. Pese a esa pausa, los precios de la energía siguen muy por encima de los niveles previos al estallido de la guerra, lo que se traduce en mayores costos para hogares y empresas estadounidenses.

Golpe al bolsillo y efecto dominó en la economía

Según la Asociación Automovilística Estadounidense (AAA), el precio promedio de la gasolina en las estaciones de servicio subió alrededor de 40% desde finales de febrero, hasta ubicarse en 4,15 dólares por galón a nivel nacional. Ese aumento tiene un efecto inmediato sobre el poder adquisitivo de los consumidores y encarece el transporte en todo el país.

  • Compañías navieras y aerolíneas aplicaron recargos por combustible para compensar el mayor costo operativo.
  • Empresas de reparto y delivery de alimentos trasladaron parte de la suba a las tarifas cobradas a los clientes.
  • Las tensiones en el mercado del gas natural impulsaron los precios de los fertilizantes, alimentando temores sobre una futura inflación de los alimentos.

Michael Metcalfe, jefe de estrategia macroeconómica de State Street, advirtió que las cifras “probablemente causen una gran conmoción por el precio”, reflejando la preocupación de los analistas por el efecto contagio del encarecimiento de la energía sobre el resto de los sectores.

La Reserva Federal, entre la paciencia y la cautela

El nuevo dato de inflación llega en un momento delicado para la Fed, que a principios de enero interrumpió la serie de recortes de tasas de interés para evaluar el comportamiento de la economía. Con el avance del IPC por encima de lo previsto, los mercados descuentan que el banco central mantendrá una postura prudente antes de volver a flexibilizar la política monetaria.

“La Reserva Federal tiene margen para ser paciente, y con razón. Las cifras de hoy le dan tiempo, pero la verdadera prueba está por venir”, sostuvo Alexandra Wilson-Elizondo, codirectora global de inversiones en soluciones multiactivos de Goldman Sachs Asset Management.

A pesar del dato más alto de lo esperado, la reacción inmediata de Wall Street fue relativamente moderada, lo que sugiere que parte de la sorpresa ya estaba incorporada en los precios de los activos. Sin embargo, las renovadas presiones inflacionarias reavivan el dilema de la Fed: si actúa demasiado rápido con recortes de tasas, corre el riesgo de alimentar aún más la suba de precios; si se demora, podría enfriar de más la actividad económica. En ese tablero de equilibrios finos se jugarán las próximas decisiones de política monetaria del principal banco central del mundo.

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