La industria del juego ya genera más ingresos fiscales que el turismo en varias provincias

No hace falta mirar muy lejos para notar el cambio de eje económico que viene experimentando Argentina en los últimos años. Donde antes las arcas provinciales dependían, casi con exclusividad, del turismo como fuente de ingresos extraordinarios, hoy vemos cómo el juego se ha convertido en una auténtica fuente de recaudación fiscal. Un fenómeno que se instaló de forma sigilosa, pero con una potencia que pocos anticiparon. Y si no lo entendemos con las herramientas adecuadas, nos perdemos la mitad del mapa.

En muchas provincias, los tributos generados por las apuestas virtuales, bingos digitales e incluso plataformas como los casinos con bonos de bienvenida superan cómodamente lo recaudado por hoteles, gastronomía, transporte y paquetes turísticos completos. Algunos celebran, otros lo miran con recelo, pero lo cierto es que se trata de un nuevo ciclo económico.o.

Lo que antes era actividad secundaria hoy es primordial

Muchos siguen creyendo que el turismo mueve más dinero que cualquier otro rubro recreativo. Esa idea puede haber sido cierta hasta 2019. Pero desde la pandemia, y especialmente tras la regulación del juego online en varias jurisdicciones, el escenario cambió. ¿Cómo nos damos cuenta? Simple: miremos los boletines oficiales.

En provincias como Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, los ingresos fiscales del juego online ya representan entre el 11 y el 16% de la recaudación total por actividades lúdicas y de entretenimiento. En contraste, el turismo local (sin contar los subsidios nacionales) representa entre el 6 y el 10%. Puede parecer una diferencia menor al ojo inexperto, pero los que leemos balances hace más de dos décadas sabemos que estos puntos porcentuales son equivalentes a miles de millones de pesos anuales.

Diagnóstico fiscal: cómo se mide el impacto real

Evaluar el rendimiento económico del juego no es tarea para improvisados. No alcanza con contar usuarios ni multiplicar fichas virtuales. Se trata de interpretar matrices impositivas complejas, con tasas que varían según el tipo de juego, la jurisdicción y el régimen de explotación.

Un dato técnico que pocos manejan: en la Provincia de Buenos Aires, el juego online tributa el 15% de la utilidad bruta, más un 2% a Lotería BA, más las retenciones nacionales. En paralelo, una empresa de turismo aporta IVA, Ganancias y eventualmente Ingresos Brutos, pero con niveles de informalidad muy superiores. ¿El resultado? El juego deposita más rápido, de forma más eficiente, y casi siempre por montos más elevados.

Y no es solo una cuestión de “números fríos”. Hay otra ventaja técnica: el juego online permite trazabilidad completa. Cada apuesta, cada giro de ruleta, queda registrado. Eso significa que el Estado puede fiscalizar sin esfuerzo y sin evadir controles. Mientras tanto, en turismo aún se manejan grandes porciones de flujo en efectivo, algo que complica la percepción tributaria.

Secretos del gremio: por qué este cambio es estructural

Los expertos del sector ya lo saben desde hace tiempo: este fenómeno no es una moda pasajera. La fiscalidad que genera el juego online es mucho más previsible y sostenida que la del turismo tradicional. ¿Por qué? Porque no depende del clima, ni de los vuelos, ni de los feriados XL.

Las plataformas de juego operan 24/7, sin interrupciones. No conocen temporadas bajas. Y a diferencia del turismo, que suele implicar grandes costos logísticos, el juego se consume desde casa, desde el celular, en pocos segundos. Esa capilaridad no solo genera fidelidad, también garantiza facturación constante.

Podemos agregar un detalle más, que pasa desapercibido para muchos: mientras el turismo se concentra en polos específicos como Bariloche o Iguazú, el juego online está distribuido por todo el país. Una persona de Jujuy, otra del conurbano y una más de Tierra del Fuego tributan de forma pareja al fisco provincial, sin necesidad de infraestructura local. Es eficiencia pura.

Una nueva economía provincial

¿Qué significa todo esto para las economías regionales? Que el modelo está mutando. Los gobiernos provinciales ya no dependen de campañas de promoción turística o eventos estacionales para atraer divisas. Hoy miran con más atención los reportes semanales de Loterías, los convenios con operadores licenciados y los ingresos automáticos de AFIP por retenciones digitales.

No es casualidad que varias provincias estén reformando sus marcos regulatorios. Saben que el juego representa no sólo ingresos, sino empleo indirecto, inversión tecnológica y hasta campañas de juego responsable financiadas por los mismos operadores.

¿Debemos abandonar el turismo? Por supuesto que no. Pero ignorar el peso creciente del juego sería como subestimar al caballo más fuerte del establo porque no luce tan exótico. El que no lo vea, se está quedando en el siglo pasado.

En definitiva, estamos ante una transformación silenciosa pero irreversible. La industria del juego, con todas sus luces y sombras, ya dejó de ser un actor secundario. Hoy lidera, factura, tributa y marca el ritmo de una nueva matriz económica. La pregunta no es si nos gusta o no. La pregunta es: ¿estamos preparados para gestionarla con inteligencia y responsabilidad? Porque si no lo hacemos nosotros, lo harán otros. Y no todos juegan limpio.

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