La historia del sueño cumplido de la nicoleña Malén Greco: hizo cumbre en el Aconcagua

Después de pasar más de tres meses viviendo y trabajando en el campamento base del Aconcagua, la nicoleña Malén Greco logró cumplir su mayor sueño: hacer cumbre en la montaña más alta de América. Una travesía exigente, tanto en lo físico como en lo mental y, principalmente, una experiencia única que jamás olvidará.

cumbre en el aconcagua Malén Greco

De la redacción de EL NORTE
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Hace apenas un mes, EL NORTE contaba la historia de Malén Greco, la joven de San Nicolás que vivía y trabajaba en el campamento Plaza de Mulas, en el Aconcagua. Su relato dejaba ver la dureza de la vida en la montaña, pero también su pasión y el sueño que aún tenía pendiente: hacer cumbre. Hoy, de regreso en su ciudad, Malén comparte una noticia que emociona. El pasado 23 de febrero, tras finalizar la temporada de turistas, logró llegar a la cima del Aconcagua, la montaña más alta de América. No lo hizo sola. Compartió la aventura con otros cuatro apasionados montañistas: el guía Facundo Raffa, Facundo Elizondo, Jesús de la Vega y Thiago Díaz.

Malén cuenta que hacer cumbre fue más que un logro físico: “Significó cumplir un sueño, un gran desafío físico y mental”, resume. Explica que la experiencia también fue una reafirmación de lo que es capaz una persona cuando se esfuerza al máximo. “Superar nuestros propios límites es posible”, dice.

Aunque vivía en el campamento base desde noviembre, subir hasta los casi 7.000 metros de la cumbre implicaba otro nivel de exigencia. “Tenía incertidumbre sobre cómo respondería mi cuerpo. Era la primera vez que llegaba a los 5.000 y 6.000 metros”, reconoce. Y aunque su aclimatación a los 4.300 metros de Plaza de Mulas fue una ventaja, en los tramos finales de la travesía también sintió el rigor de la altura.

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El paisaje desde la cumbre

La cumbre

El ascenso comenzó de madrugada, a las 4:30, desde el campamento Cólera. La noche anterior, el equipo descansó allí, a 6.000 metros de altura. Desde ese punto iniciaron el último tramo, con varias paradas necesarias para hidratarse, alimentarse y equiparse.

“En la cueva, a unos 6.650 metros, la pendiente se vuelve muy pronunciada. Ese fue uno de los momentos más duros”, recuerda. El cansancio fue tal que tuvo que dejar peso de la mochila para poder seguir. Pero el equipo se mantuvo unido. Finalmente, cerca de las 15:00, llegaron a la cima.

“La sensación es inexplicable. Es una emoción enorme. Todo el esfuerzo valió la pena”, afirma Malén. Lo primero que hizo fue abrazar a sus compañeros. Después, se tomó unos minutos para mirar desde lo alto y pensar en su familia. “Quería compartirlo con ellos”, dice.

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Durante la expedición, Malén experimentó síntomas comunes a grandes alturas: mareos, dolores de cabeza y un fuerte agotamiento físico. Sin embargo, la jornada fue favorecida por un clima inmejorable: sin viento, con sol y cielo despejado.

Tras solo veinte minutos en la cima, el grupo inició el descenso. Llegaron nuevamente a Cólera a las 18:30 y pasaron allí una última noche antes de regresar al campamento base.

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Campamento Cólera

Más desafíos por delante

De regreso en San Nicolás, Malén ya piensa en nuevas aventuras. Aunque no tiene definida su próxima meta, adelanta que le gustaría subir el volcán Lanín. “Aún hay mucho que me gustaría hacer y conocer”, expresa.

Su experiencia en el Aconcagua no solo la marcó por el desafío físico, sino también por lo que aprendió sobre sí misma. “Lo importante no es solo la cumbre, sino todo el camino y el esfuerzo que te lleva hasta ese lugar”, reflexiona.

La joven que un día decidió cambiar su vida para seguir el amor por la montaña hoy lleva consigo un recuerdo imborrable: haber tocado el cielo con las manos y lograr lo que solo 4 de cada diez personas consiguen.

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