EL NORTE convocó al historiador e investigador Ricardo Primo para relatar la historia de una comunidad que ha sabido reponerse a distintos avatares, para transitar un camino de desarrollo y prosperidad. El texto repasa, en modo resumen, la vida social, económica y productiva de una localidad que el autor del artículo define como “de paz y tranquilidad”.

Por Ricardo D. Primo
El 2 de octubre de 1892 comenzaban a funcionar las primitivas y rudimentarias maquinarias de un nuevo establecimiento textil, ubicado sobre las ruinas del viejo molino harinero perteneciente a Bartolomé Sívori sobre la orilla del Arroyo del Medio, en el partido de San Nicolás. Sus fundadores eran dos hermanos, Leodegario y Quintín Córdova, junto a la esposa del primero, Emilia Benito. Eran inmigrantes españoles que habían llegado desde la vecina localidad de Arrecifes donde habían atendido un almacén de ramos generales.
Primero mantas, boinas y demás, el establecimiento alejado de San Nicolás, en una zona de quintas y campos inhóspitos, fue creciendo y su única vía de comunicación con la urbe era un camino de tierra aledaño al arroyo que ingresaba a la ciudad por la zona del barrio Bola de Oro. La producción aumentó y creció el personal empleado, por lo cual la familia Córdova comenzó a construir pequeñas viviendas para que se alojen los obreros y no tengan que desplazarse en carros o a caballo hasta su lugar de trabajo. Así en esas tierras comenzó a surgir un poblado que fue mejorando de a poco, al ritmo del crecimiento textil. La familia Córdova tenía hijos y los obreros también, por lo cual impulsaron la creación de una escuela primaria que fue la Nº 18, primera institución de la localidad y que funcionó, por supuesto, en un lugar prestado por la fábrica.
Club y cine
La Emilia creció aún más con las dos guerras mundiales y aun con la crisis de 1930. Se instituyó un Club Atlético y un cine, se sufrieron las primeras inundaciones que destruyeron un precario tajamar que les proveía de energía hidráulica para el funcionamiento de las máquinas, pero así y todo la comunidad fue expandiéndose y creciendo en habitantes. No había leyes laborales, el trabajo de por sí constituía una bendición y todos se conocían en aquel lugar. Los obreros empleaban sus tiempos libres en el paseo por el arroyo, por el naciente monte plantado por los Córdova y en la práctica del fútbol, bochas y juegos de mesa como el dominó. Así surgió el primer plantel de fútbol que se cuenta entre los fundadores de la Liga Nicoleña de Fútbol.
La Segunda Guerra Mundial y el crecimiento de la empresa hizo que se creara gracias al apoyo económico de La Emilia Industrias Textiles, el camino pavimentado a San Nicolás en 1944, dando lugar a la valorización de las tierras en sus márgenes, el posterior loteo y el surgimiento de los barrios de Villa Campi, Villa Riccio y Villa Canto. La prosperidad de la comarca se proyectó en un gran complejo deportivo y cultural llamado “Obra Social J. S. Córdova” con un cine teatro para 1500 personas, gimnasio con piso de parqué (donde se luciría años más tarde el potente equipo de básquet campeón provincial en 1976), bowling, canchas de tenis, pelota a paleta, abierta y cerrada, bochas y una gran cancha de fútbol por la que pasaron grandes equipos nacionales. Además, se construyó el primer autódromo del partido de San Nicolás, en la zona del monte cercana al arroyo (luego conocido como “La Playada”), donde fue visitado por Fangio, Gálvez, Fuentes, Pedrazzini y otros grandes corredores.
Inundaciones
Las inundaciones siempre estuvieron presentes en la localidad y la sirena ronca de la fábrica acudía llamando a sus obreros cuando estaban en peligro las materias primas y producciones ante la llegada del agua. La gran inundación de 1966, recordada por muchos, quedó un poco opacada por la reciente del 2017, ya que en esta última oportunidad sorprendió a la localidad totalmente asfaltada luego de esperar 120 años para ello y sin salida para el agua, en virtud de que la obra de hidráulica proyectada por la Provincia no contemplaba esta posibilidad. Así y todo, la población enfrentó estos fenómenos como también la crisis de la fábrica textil, su convocatoria a acreedores en 1981 y posterior venta en 1985.
La Emilia hoy lucha por mejorar y crecer. Villa Hermosa, el barrio más carenciado y golpeado por las inundaciones, fue relocalizado en el 2018 y su habitantes hoy tienen casas propias con todos los servicios en San Nicolás. El pueblo como sus barrios a partir del 2015 y hasta el 2017 fue totalmente asfaltado. La Policía local tiene su propio destacamento inaugurado en el 2013 luego de funcionar toda su vida en un edificio de la fábrica textil, más tarde propiedad de Motomel. La ruta provincial que la une con San Nicolás sigue esperando de parte Vialidad provincial –a pesar de sus reiteradas promesas– la reparación en toda su extensión, ya que por su antigüedad y tránsito pesado esta terriblemente destruida. El pueblo tiene una avenida de ingreso que no tiene ninguna otra delegación del partido, con cantero central, iluminación led y garitas inteligentes. Hace un par de años se reinauguró la plaza Gral. San Martín de La Emilia, que se inundaba por completo cuando llovía y ahora es moderna, al igual que las de San Nicolás, con un sector de juegos infantiles e iluminación led.
Se está realizando en la antigua zona llamada “El Tajamar” [NdR, ver página 17] tareas para su recuperación y puesta en valor y volver a utilizar el sector como el recordado balneario que funcionó allí hasta mediados de los ochenta. La gente recuerda este 2 de octubre con nostalgia por los abuelos y padres que ya no están, pero con la renovada esperanza de continuar creciendo y disfrutando de una localidad que es conocida por todos como de paz y tranquilidad.

