La fortaleza y el hermetismo de la sede de Suizo Argentina

La sede vidriada que quedó en el centro de la escena

Fachada vidriada de la sede de la droguería Suizo Argentina en Belgrano

NewsITe

En la esquina de Ramsay y Monroe, en pleno barrio porteño de Belgrano, se levanta un edificio vidriado y moderno que contrasta con la arquitectura clásica de la zona. Allí funciona la sede central de la droguería Suizo Argentina, una empresa que en las últimas semanas ganó visibilidad pública a partir del escándalo por presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad.

La construcción, de unos 20 metros por lado, combina diseño contemporáneo y fuerte impronta corporativa. Sobre la planta baja se ubica el acceso principal, con dispositivos electrónicos de ingreso y un esquema de seguridad que no deja detalles librados al azar. Por encima, tres pisos de oficinas con amplios ventanales permiten ver, desde la calle, el movimiento de los empleados que ya desde las 8 de la mañana ocupan sus puestos de trabajo, en un entorno de iluminación homogénea y mobiliario funcional, sin lujos ostentosos pero claramente pensado para la eficiencia.

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El edificio continúa sobre la esquina de Ramsay y Figueroa Alcorta, donde funciona uno de los estudios de diseño más reconocidos del país, lo que refuerza el perfil de modernidad del complejo. Pese a la transparencia que sugieren los frentes vidriados, las oficinas carecen de cortinas o elementos que aporten privacidad, una decisión llamativa para una firma que quedó bajo la lupa pública.

Un esquema de accesos restringidos y circulación selectiva

La sede de Suizo Argentina cuenta con dos accesos vehiculares, uno sobre Monroe y otro sobre Ramsay, conectados internamente. El movimiento de autos parece responder a un patrón cuidadosamente organizado: mientras algunos vehículos ingresan por Monroe y salen minutos después por Ramsay, otros, como una SUV BMW de última generación, permanecen estacionados durante horas en el interior del predio. En uno de los movimientos observados, un Volvo de alta gama ingresó por Monroe y se retiró, unos diez minutos más tarde, por Ramsay, evidenciando un circuito de circulación interno que no es igual para todos.

En paralelo, el control del estacionamiento está asistido por personal policial de la Ciudad apostado en la zona. Cada ingreso y salida de vehículos se realiza bajo supervisión, lo que refuerza la idea de una dinámica de funcionamiento reservada y cuidadosamente monitoreada.

Seguridad reforzada y vigilancia permanente

La familia Kovalivker, al frente de la droguería, parece darle prioridad absoluta a la seguridad. Al llegar por Monroe, lo primero que se observa es un móvil de la empresa privada San Miguel, de color rojo, con al menos dos agentes que controlan el acceso, verifican quién entra y quién sale y asisten al escaso movimiento de mercadería que se registra durante la jornada laboral.

A este dispositivo se suma la presencia de un efectivo de la Comunal 13A de la Policía de la Ciudad, que recorre la cuadrícula, y el patrullaje esporádico de distintas divisiones de la Policía Federal encargadas de custodiar el Monumento a los caídos en el Parque de las Américas, ubicado a pocos metros. Según pudo observarse, la presencia de un cronista en la zona fue detectada rápidamente y notificada hacia el interior del edificio, donde, al menos durante esa jornada, no se registró el arribo visible de las principales autoridades de la empresa.

Cámaras fijas distribuidas en los muros perimetrales y un domo con visión de 360 grados montado sobre un poste frente al ingreso de Ramsay 2500 completan el esquema. El acceso al interior se realiza mediante múltiples capas de control: preguntas iniciales del personal de seguridad privada, validaciones de identidad y sistemas de ingreso por huella digital o llaves electrónicas alojadas en los teléfonos móviles de los empleados, que permiten pasar el molinete que conduce finalmente al corazón del edificio.

En el edificio de Suizo Argentina, desde el movimiento vehicular hasta el ingreso de cada empleado, todo parece responder a un protocolo de seguridad milimétrico y sin lugar para la improvisación.

En un contexto de fuerte exposición mediática y escrutinio público por las denuncias que involucran a la firma, la fortaleza vidriada de Belgrano funciona como símbolo del poderío económico de la compañía, pero también del hermetismo con el que atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente.

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