La crisis solista que casi rompe a los Rolling Stones

Cuando la carrera solista de Jagger sacudió a los Stones

Mick Jagger y Keith Richards en los años 80, en plena tensión por las carreras solistas

NewsITe

A mediados de los años 80, los Rolling Stones atravesaron una de las tormentas más fuertes de su historia. Después de sobrevivir a la muerte de Brian Jones, los excesos de los 70 y sucesivos cambios de formación, la banda volvió a tambalearse, esta vez por un conflicto interno que enfrentó directamente a sus dos máximos símbolos: Mick Jagger y Keith Richards.

La disputa no comenzó con un anuncio formal de separación, sino con una diferencia de prioridades. Mientras Richards insistía en que el corazón creativo y profesional de ambos debía seguir siendo los Rolling Stones, Jagger empezó a construir, de manera cada vez más decidida, una carrera solista que lo alejaba del grupo. El punto de quiebre se consolidó luego de la gira de Tattoo You, que terminó en 1982 y dejó a la banda en un impasse prolongado.

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En ese paréntesis, Jagger grabó su primer álbum en solitario, She’s the Boss (1985). Para muchos, era una exploración lógica para una estrella de rock de su tamaño. Para Richards, en cambio, fue una señal de alarma: interpretó el proyecto como una muestra de que su socio creativo ya no veía a los Stones como el eje de su carrera. La tensión se trasladó de lleno al estudio durante la grabación de Dirty Work, iniciada en 1985, cuando el cantante dividía su tiempo entre la promoción de su disco propio y las obligaciones con la banda.

Según reconstrucciones posteriores, Jagger participó de forma intermitente en esas sesiones, grabando varias de sus voces por separado, mientras Richards, Ronnie Wood y el resto del entorno musical se hacían cargo del peso cotidiano del trabajo. Años después, el guitarrista describiría aquel clima como una auténtica “Tercera Guerra Mundial”, reflejando el desgaste profundo entre ambos.

De los proyectos solistas al reencuentro en Barbados

Cuando Dirty Work salió a la venta en marzo de 1986, Jagger dio otra estocada al negarse a encarar una gira mundial para presentarlo. Prefirió seguir concentrado en su camino solista y, en 1987, lanzó Primitive Cool. En ese contexto, llegó a afirmar en una entrevista con la revista Q que no sería ninguna tragedia que los Rolling Stones no volvieran a trabajar juntos, desafiando la idea de que la banda debía mantenerse como una reliquia inalterable de su juventud.

La respuesta de Richards fue también salir por su cuenta, pero desde otra lógica. Formó a los X-Pensive Winos y comenzó a trabajar en su propio disco, Talk Is Cheap, publicado en 1988. El guitarrista dejó en claro que su aventura solista era consecuencia directa de la imposibilidad de poner en marcha a los Stones, y no un reemplazo de la banda. “El único motivo por el que haría un álbum solista sería porque no pudiera mantener unidos a los Stones”, diría después, sintetizando su postura.

Ambos demostraron que podían sostener una identidad musical sin el otro. Jagger defendía su necesidad de avanzar y actualizarse, sin quedar congelado en la imagen de los años 60 y 70. Richards, por su parte, lo rebautizó irónicamente como “Her Majesty”, convencido de que el ego y la preocupación por su figura pública pesaban más que el proyecto colectivo. Sin embargo, la experiencia terminó revelando un límite claro: ni uno ni otro lograron recrear por separado la química que habían construido juntos.

La clave para evitar la ruptura definitiva llegó en enero de 1989, cuando se reencontraron en el estudio de Eddy Grant en Barbados. Richards le advirtió a su esposa Patti Hansen que en 48 horas sabría si la reunión era el último intento o el inicio de una nueva etapa. Lejos de la confrontación, la música volvió a funcionar como puente: en apenas dos días tenían cinco o seis canciones en marcha, señal de que la vieja sociedad creativa seguía viva.

Steel Wheels, reconciliación y una sociedad irrepetible

  • De aquellas sesiones nació Steel Wheels (1989), el álbum que marcó el regreso formal de los Rolling Stones tras la gran crisis de los 80.
  • La banda se lanzó luego a una gira mundial masiva, que reafirmó su vigencia en escenarios de todo el planeta.
  • Si bien la relación personal entre Jagger y Richards nunca volvió a ser la misma, ambos aceptaron que la combinación de sus talentos era única.

La década del 80 dejó una conclusión contundente para los Rolling Stones: Jagger y Richards podían existir por separado, pero la música que creaban juntos seguía siendo irreemplazable.

Con el paso del tiempo, aquella crisis quedó como una de las pruebas más duras para la banda, pero también como la confirmación de su resiliencia. La tensión entre la búsqueda individual de Jagger y la defensa del proyecto colectivo por parte de Richards terminó redefiniendo la dinámica interna, sin destruirla. En un momento en que muchas leyendas del rock se desarmaban de manera definitiva, los Stones lograron reconvertirse, sumar nuevas giras, discos y generaciones de seguidores, demostrando que, pese a todo, su sociedad creativa seguía en pie.

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