Las lluvias llegaron en un momento crítico y permitieron estabilizar la producción de la oleaginosa en la región. Si bien persiste una gran variabilidad en los rindes, el balance actual es más alentador que el proyectado semanas atrás. Con nuevos episodios de inestabilidad en el horizonte y un mercado atento a la evolución climática, los productores siguen evaluando el impacto de estos cambios en la cosecha y su rentabilidad.

De la redacción de EL NORTE
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El agua caída en las últimas semanas ha cambiado el panorama para la soja en la región, incluyendo San Nicolás y la zona. Luego de un verano marcado por la falta de precipitaciones y el temor a pérdidas masivas, la situación dio un giro favorable y la cosecha muestra signos de estabilidad. “Pasamos del desastre a lo aceptable”, afirman los productores de la subzona III, que abarca localidades como Ramallo, San Pedro y Baradero.
Según el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, las lluvias permitieron un freno en las pérdidas de rinde y una recuperación mejor de lo esperado. En San Nicolás, al igual que en el resto del noreste bonaerense, se observan rindes más heterogéneos, con una marcada diferencia entre la soja de primera y la de segunda. Para la primera, el límite superior estimado es de 28 quintales por hectárea, mientras que la soja de segunda, más afectada por el déficit hídrico, presenta un abanico de rendimientos que oscila entre los 10 y los 30 qq/ha.
La recuperación se debe, en gran parte, a que las lluvias llegaron en momentos clave del ciclo del cultivo. “En un momento pensamos que no se iba a poder cosechar nada”, reconocen los técnicos del sector. Sin embargo, el panorama cambió y hoy la expectativa es que los rindes finales, aunque variables, sean superiores a lo proyectado hace un mes.
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El maíz temprano, en cambio, fue el más golpeado por la falta de agua en su período crítico. Para este cultivo, los rindes se estiman entre los 40 y 60 qq/ha, una cifra que, pese a las dificultades, se considera aceptable dadas las condiciones climáticas de la campaña.
Las próximas jornadas traerán nuevos episodios de inestabilidad, lo que podría consolidar la tendencia de recuperación. Se esperan precipitaciones generalizadas entre el domingo 23 y el lunes 24 de febrero, con mejoras temporarias el martes 25 y un posible retorno de lluvias el miércoles 26. Además, se pronostican temperaturas elevadas, con picos de hasta 39°C durante el fin de semana, lo que podría generar condiciones de alta exigencia para los cultivos que no recibieron suficiente humedad.
Rindes variados
A mediano plazo, los técnicos destacan que la variabilidad en los rindes será una característica de esta campaña, con brechas de 15 a 20 quintales entre lotes según la calidad del suelo y la disponibilidad hídrica previa. Sin embargo, los suelos han logrado recomponer en parte sus reservas y las próximas lluvias podrían reforzar la recuperación.
Con este escenario, los productores de San Nicolás y alrededores aguardan expectantes el cierre del ciclo productivo, con la esperanza de que la cosecha de soja, que hace un mes parecía destinada al fracaso, logre finalmente un rendimiento aceptable.
Los precios también juegan un papel clave en la rentabilidad de la cosecha. A nivel nacional, las cotizaciones de la soja han mostrado cierta estabilidad en las últimas semanas, lo que podría ofrecer un alivio adicional a los productores de la región. Sin embargo, la volatilidad del mercado y los costos de producción continúan siendo factores determinantes en la rentabilidad final de la campaña. Los productores siguen atentos a la evolución climática y económica para definir sus estrategias en el corto plazo.

