En esta época del año se venden más preservativos y se conciben más bebés. Señales de un aumento en la pasión que tiene razones biológicas. Investigaciones recientes comprobaron que la testosterona y la serotonina aumentan sus niveles durante el verano.

De la redacción de EL NORTE
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Los cuerpos se relacionan distinto según las estaciones del año. La primavera empuja a ponerse de novio, el invierno es ideal para dormir en cucharita y el otoño invita a compartir melancolías. Pero el verano, con el sol que calienta a pleno, es la temporada perfecta para el amor animal, ese tipo de encuentro que, como dice el poeta, es grito, rumor y trueno de vida.
¿Y por qué los cuerpos están más predispuestos a compartir sudores en esta estación? Una vez más, la ciencia se metió entre las sábanas -ahora incluso bajo las sombrillas- para dar algunas respuestas. Ahora, esas pasiones que crecen al ritmo de la sensación térmica, y que inspiran películas de culto, libros con páginas que queman y canciones que suelen convertirse en clásicos, son materia de estudio. Distintos grupos de investigación en neurociencias, psicología, sociología y endocrinología miden, estudian y le ponen parámetros a las emociones que despiertan los amores veraniegos y confirman que no son un mito. Se apoyan especialmente en dos datos: es la época en que aumenta la venta de preservativos -un 15 por ciento más, según una estimación mundial- y la que, nueve meses después, es la responsable del 25 por ciento de los nacimientos de bebés. Con esos datos, hasta se animan a “predecir” si, justamente por ser “de verano”, tienen fecha de vencimiento a los tres meses.
Expertos en psiquiatría, psicología, sexología y evolución analizan por qué se produce esta explosión estival. “Las emociones placenteras y el deseo sexual encuentran en el verano una estación propicia. Motivación, intensidad, entusiasmo, hedonismo y menos estrés son algunas de las condiciones favorables de esta época del año. Ya se ha demostrado y publicado en Lancet, en 2002, que el sol activa la secreción de neurotransmisores (serotonina y dopamina) que ayudan al encuentro amoroso. Luego, investigaciones recientes comprobaron que la testosterona (N. de la R.: una hormona “famosa” en los varones, pero también presente en las mujeres) y la serotonina aumentan sus niveles durante el verano”, comenta Walter Ghedin, psiquiatra y sexólogo.
Sustancias clave
La serotonina es vital en esta historia. “Baja la ansiedad, abre el campo de percepción, atenúa el estado de alerta hacia las situaciones externas y mejora el estado de ánimo, dando como resultado una mayor capacidad para captar y responder a las señales de conquista. Las emociones agradables también impactan en la autoimagen generando más aceptación del propio cuerpo con la consiguiente disminución del pudor y los prejuicios”, dice el especialista. Eso explicaría por qué, luego de unos días de enojarse por no haberse preparado lo suficiente para calzarse la lycra impiadosa de los trajes de baño, de repente no importa nada y uno siente que el bronceado adelgazó todo y el cuerpo está listo para la mirada de los otros.
La oxitocina es otra sustancia protagonista. “Es una hormona producida por la hipófisis que activa la lactancia materna, pero también es conocida como la hormona del amor porque favorece la conducta del apego; su secreción alcanza niveles más altos cuando hay estímulos sociales. Salir del aislamiento del invierno ayuda, entonces, a estar mejor dispuestos con nosotros mismos y más abiertos a los demás”, concluye Ghedin.
Amor y deseo
“De acuerdo con Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell, en Nueva York, y la antropóloga Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, el amor de verano tiene una base científica con un fundamento biológico sustentado por la hormona testosterona. Esas especialistas indican que el amor y el deseo sexual, influenciados especialmente por esa hormona, aumentan cuando el día es más largo, es decir en verano”, agrega la psicóloga y sexóloga Diana Resnicoff, directora del Curso de formación de sexólogos clínicos.
Los factores hormonales no son los únicos que favorecen las pasiones veraniegas. “El bronceado hace a la piel más sugerente y atractiva. Se usan prendas de vestir más ligeras e insinuantes, con colores muy intensos y estampados alegres y llamativos. Además, el uso de menos tela en la ropa y el semidesnudo y/o desnudo al tomar sol se convierten en incentivos que despiertan las fantasías sexuales que, a veces, pasan más inadvertidas el resto del año”, agrega Resnicoff.

