La carne vacuna pierde lugar en la mesa argentina y el consumo vuelve a niveles de 1920

El consumo anualizado cayó a 46 kilos por habitante en agosto, el nivel más bajo de la serie iniciada en 2005. La cifra es similar a la registrada hace un siglo y está muy lejos del récord de 1956, cuando cada argentino consumía más de 100 kilos. El cambio responde a una tendencia de largo plazo que se profundizó por el aumento de los precios y la mayor participación del pollo y el cerdo.

La Argentina come cada vez menos carne vacuna y el último dato volvió a mostrar hasta dónde llegó esa transformación. En agosto, el consumo por habitante se ubicó en el equivalente a 46 kilos anuales, según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA). Es un 9,5% menos que un año atrás y el registro más bajo de la serie de esa entidad. El cálculo corresponde al promedio móvil de los últimos doce meses.

La cifra adquiere otra dimensión cuando se la compara con un período mucho más extenso. En 1920, el consumo había sido de 46,9 kilos por habitante, el menor registro de la serie histórica reconstruida por la Bolsa de Comercio de Rosario. En 1956, en cambio, llegó al máximo de 100,8 kilos. La distancia entre ambos momentos muestra la magnitud del cambio en los hábitos de consumo de carne vacuna.

La caída tampoco comenzó ahora. En 2000, el consumo rondaba los 64,6 kilos por habitante, mientras que en 2021 había descendido a 47,8 kilos. Para entonces, la carne vacuna representaba el 44% del consumo de proteínas animales, cuando a comienzos de siglo explicaba entre el 60% y el 70%.

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El dato muestra que la transformación no implica necesariamente que los argentinos estén consumiendo muchas menos carnes. Lo que cambió es la composición. En 2025, el consumo de las tres principales carnes llegó a 116,4 kilos por habitante, frente a 112,16 kilos en 2024. La carne vacuna aportó 49,92 kilos, el pollo 47,68 y el cerdo 18,89. La Secretaría de Agricultura señaló que las carnes aviar y porcina fueron las que más impulsaron el crecimiento del consumo total.

El precio, un factor cada vez más importante

El precio ayuda a explicar por qué esa sustitución se profundizó. Cuando la carne vacuna se encarece frente a otras alternativas, el consumidor tiene más incentivos para reemplazarla. En agosto, los cortes vacunos aumentaron 51,2% interanual, frente a una suba de 33,2% del nivel general de precios. La carne picada aumentó 52,7%, el asado 52,1% y el cuadril 51,9%.

El contraste con el pollo también resulta significativo. Mientras los cortes vacunos acumularon una suba interanual del 51,2% en agosto, el pollo entero aumentó 24,2%. La diferencia de precios relativos favorece así la sustitución entre ambas carnes.

A ese escenario se sumó este año una menor disponibilidad de carne vacuna para el mercado interno. Entre enero y agosto, la producción cayó 6,8% y la faena retrocedió 9,9%. En ese mismo período, el consumo aparente destinado al mercado interno bajó 11,3% respecto de 2025.

Al mismo tiempo, las exportaciones crecieron 6,5% y pasaron a representar el 29,2% de la producción, frente al 25,6% del mismo período del año anterior. La mayor participación del mercado externo coincidió con una menor proporción destinada al consumo interno.

Pero esos factores explican principalmente la profundización de la caída durante este año. La tendencia es anterior. La Bolsa de Comercio de Rosario señala que, después del máximo alcanzado en 1956, el consumo de carne vacuna inició un proceso descendente, con períodos de fuertes oscilaciones. En 2021 había llegado a 47,8 kilos por habitante, el nivel anual más bajo desde 1920.

Ahora, cinco años después, el indicador vuelve a acercarse a aquel piso histórico. La diferencia es que la Argentina de hoy tiene una estructura de consumo mucho más diversificada. La carne vacuna sigue teniendo un lugar central en la alimentación y en la cultura del país, pero dejó de ocupar el lugar casi exclusivo que tuvo durante buena parte del siglo pasado.

Los 46 kilos anualizados de agosto son, así, algo más que un nuevo mínimo de la serie de CICCRA. Son la última señal de un cambio que lleva décadas y que fue modificando el lugar de la carne vacuna en la alimentación de los argentinos.

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