La caída de la recaudación pone en riesgo el cumplimiento la meta fiscal del Gobierno Nacional con el FMI

El Gobierno Nacional acumula $10,2 billones de superávit primario con el FMI y debe alcanzar los $16,2 billones comprometidos. La caída real de la recaudación y el déficit estacional de diciembre aumentan la presión sobre las cuentas públicas.

Gobierno FMI

El resultado fiscal de agosto, que se conocerá el próximo 18 de septiembre, comenzará a mostrar las posibilidades que tiene el Gobierno de Javier Milei de cumplir la meta acordada con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para 2026.

El compromiso establece que el Ministerio de Economía, encabezado por Luis Caputo, debe acumular un superávit primario de $16,2 billones. Hasta el momento alcanzó $10,2 billones, por lo que todavía necesita obtener otros $6 billones durante los meses que restan del año.

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La exigencia adquiere mayor relevancia por el comportamiento habitual de las cuentas públicas en diciembre. Es allí cuando aumentan las erogaciones por el pago de aguinaldos y otros compromisos. Por esa razón, entre agosto y noviembre el Gobierno debería conseguir un superávit primario promedio de al menos $1,5 billones mensuales para compensar el resultado negativo esperado para el último mes.

La caída de la recaudación complica el objetivo

Uno de los principales condicionantes aparece por el lado de los ingresos. Según estimaciones del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), la recaudación tributaria nacional total cayó 3,8% interanual en términos reales durante los primeros ocho meses de 2026.

Los derechos de exportación registraron una baja del 28,3%, mientras que los derechos de importación retrocedieron 18,5% y los impuestos internos coparticipados, 17,3%. El IVA neto de devoluciones y reintegros, principal impuesto del sistema tributario, acumuló una disminución real del 6,6% frente al mismo período de 2025.

Los resultados de junio y julio estuvieron atravesados por factores estacionales. En julio operó el vencimiento del impuesto a las Ganancias de las personas, mientras que en agosto las retenciones mostraron una mejora favorecida por una baja base de comparación con 2025, cuando productores habían adelantado liquidaciones para aprovechar una reducción temporaria de los derechos de exportación.

Otros tributos vinculados al mercado interno continuaron mostrando retrocesos, entre ellos el IVA y los impuestos internos. Sin una recuperación de los ingresos, el Gobierno deberá continuar apoyándose en la reducción del gasto para sostener el superávit.

Dónde se concentra el recorte del gasto

La consultora Ficonomics advirtió que durante los últimos meses el ajuste comenzó a concentrarse principalmente en partidas de menor peso dentro del presupuesto.

“Otros programas sociales cae 36,1% real y transferencias a provincias 38,6%, pero entre las dos explican apenas el 7,1% del gasto. Las partidas grandes ya no ajustan: las prestaciones indexadas son más del 49% del gasto primario. Corregido el aguinaldo, crecen o se mantienen”, señaló.

Los datos devengados de agosto mantuvieron esa tendencia. Las transferencias a provincias y municipios encabezaron las bajas, con una reducción del 81,87%, seguidas por las ayudas sociales a personas y asignaciones familiares, que disminuyeron 19,34%.

También retrocedieron los servicios no personales, un 17,20%; las jubilaciones y pensiones, un 10,01%; y los gastos en personal, un 7,84%.

Las advertencias sobre un posible incumplimiento

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) considera que las dificultades para alcanzar el objetivo aumentarán hacia diciembre. Según sus estimaciones, el Gobierno necesitaría acumular alrededor de $7 billones de resultado primario hasta finalizar 2026. Esto teniendo en cuenta la evolución esperada de los ingresos.

“Si bien los próximos meses suelen mostrar buenos resultados primarios, luce casi imposible que el gobierno acumule los $7 billones de resultado primario hasta fin de año”, planteó el centro de estudios.

El organismo privado puso especialmente el foco sobre diciembre, cuando estima que solamente el pago del aguinaldo superará los $3 billones.

“El motivo es principalmente el fuerte déficit que se produce en diciembre con el pago de aguinaldo, que se espera que para este diciembre supere los $3 billones, por lo que estamos en la puerta de un nuevo incumplimiento de la meta fiscal, tal como sucedió en junio de este año, incluso luego de rebajar la meta por $1,6 billones”, indicó CEPA.

Ante ese escenario, algunos economistas consideran posible que el Gobierno vuelva a postergar pagos de gastos ya devengados. Durante la primera mitad del año se aplicó ese mecanismo por aproximadamente $2 billones para alcanzar la meta de junio, y una eventual repetición trasladaría compromisos hacia enero de 2027.

Milei ratificó que no flexibilizará el ajuste

Mientras crecen los cuestionamientos sobre los efectos de la política económica en la actividad, Milei ratificó este miércoles que no modificará el rumbo fiscal ni monetario para acelerar una recuperación.

“En el debate reciente hay muchas personas que a la luz del año electoral que se viene -y lo hacen con buena intención, queriendo que se asegure la reelección para garantizar este rumbo- piden que flexibilicemos nuestra política monetaria y fiscal. La respuesta es: nosotros no vamos a hacer eso. No vamos a flexibilizar nuestra política fiscal, el resultado fiscal no se negocia. Y tampoco vamos a negociar la política monetaria, porque no vamos a parar hasta derrotar la inflación”, sostuvo el Presidente.

La estrategia mantiene como ejes la restricción monetaria y la contención del gasto. Al mismo tiempo, las tasas de interés elevadas afectan al crédito y condicionan el nivel de actividad.

Economistas y empresarios reclaman un equilibrio con la actividad

El economista Esteban Domecq, director de Invecq, consideró que el Gobierno necesita encontrar “un punto de equilibrio” entre la reducción de la inflación y la recuperación económica.

“Tenés que tener pragmatismo en tu política de corto para administrar esta tensión, que básicamente lo que implica es tener que buscar la combinación óptima de a qué velocidad puede desinflacionar la Argentina, pero que no sea la paz de los cementerios, o sea, una actividad que más o menos se mueva”, sostuvo.

Lucas Llach, exvicepresidente del Banco Central, también planteó recientemente que “la prioridad no es tanto seguir bajando la inflación sino que la economía se mueva un poco más”.

Desde el sector industrial, el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, expresó una posición similar durante el Día de la Industria: “El único objetivo de la política económica no puede ser solo la inflación”.

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