La brecha salarial entre varones y mujeres alcanza niveles récord: 18% de acuerdo con la OIT

EFEMÉRIDE INTERNACIONAL

El principio de igual remuneración por trabajo de igual valor exige algo más que evitar diferencias salariales para un mismo puesto en relación con el género. Así también se manifestaron esta semana a propósito de la fecha especial distintos espacios como el Observatorio ‘Ahora que sí nos ven’ y la Defensoría del Pueblo bonaerense. El trabajo no remunerado representa cerca del 16% del producto bruto interno.

De la Redacción de EL NORTE
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Con motivo del Día Internacional de la Igualdad Salarial que se conmemoró el viernes, la OIT reiteró que “un trabajo de igual valor merece una remuneración igual” (Convenio 100) y señaló que, actualmente, las mujeres de todo el mundo ganan un 18% menos que los hombres. El organismo sostuvo que esta diferencia no constituye únicamente una estadística, sino que afecta a millones de mujeres cuyo trabajo sostiene a familias, empresas, comunidades y economías. En Argentina la estadística se distancia más aún. Según datos oficiales del Indec, en 2024 la brecha de remuneración promedio por puesto de trabajo fue del 28% entre las personas asalariadas registradas y llegó al 44% entre las asalariadas no registradas. Incluso cuando se compara la remuneración por hora trabajada, la brecha persiste: 11,1% entre quienes tienen trabajo registrado y 12,5% entre quienes no lo tienen.

Desde el Observatorio ‘Ahora que sí nos ven’ marcaron con motivo de la efeméride que “la desigualdad salarial no puede analizarse sin mirar otra brecha: la del tiempo”. La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del Indec (2021) muestra que las mujeres destinan, en promedio, 6 horas y 7 minutos diarios al trabajo de cuidados, mientras que los varones, 3 horas y 30 minutos. “Son 2 horas y 37 minutos más de cuidados por día que recaen sobre nosotras. Ese tiempo también tiene consecuencias, ya que condiciona nuestras posibilidades de acceder a empleos formales, sostener jornadas extensas, desarrollar nuestras trayectorias laborales y alcanzar puestos mejor remunerados”, identificaron.

“Por eso, hablar de igualdad salarial también es hablar de cuidados. No alcanza con exigir igual remuneración por igual trabajo. Necesitamos igualdad de oportunidades, empleos registrados, salarios dignos y una distribución justa y corresponsable de las tareas de cuidado. Porque mientras las mujeres sigamos sosteniendo una parte desproporcionada del trabajo indispensable para que la vida funcione, la desigualdad también se seguirá reproduciendo en nuestros ingresos. La brecha salarial no es natural. Es una desigualdad que puede y debe transformarse”, expresaron.

LA OTRA JORNADA, INVISIBLE

De este modo, la brecha salarial tampoco puede analizarse sin incorporar el trabajo no remunerado. Las mujeres realizan cerca del 76% de las tareas domésticas y alrededor del 90% participa de este tipo de actividades. Cocinar, limpiar, hacer compras, lavar la ropa, acompañar a los nenes, cuidar a personas mayores o atender a familiares son tareas indispensables para el funcionamiento de los hogares, pero históricamente han sido consideradas obligaciones asociadas al rol femenino y no trabajo. El resultado es una doble jornada. Por un lado, las mujeres participan del mercado laboral y, por otro, continúan asumiendo la mayor parte de las responsabilidades domésticas y de cuidado.

Si todo ese trabajo fuera remunerado, representaría cerca del 16% del producto bruto interno.

Es decir, se trata de una actividad que permanece prácticamente invisible en las estadísticas tradicionales del empleo y genera, sin embargo, una contribución económica significativa. Por eso, hablar de brecha salarial implica mirar cómo se organiza el mercado de trabajo y también cómo se distribuye el trabajo fuera de él.

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PROBLEMÁTICA ESTRUCTURAL

La Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires observó este 18 de septiembre que “el problema es más amplio y estructural”. “También intervienen la concentración de mujeres en sectores y ocupaciones peor remuneradas, las menores posibilidades de acceso a posiciones jerárquicas, las interrupciones o reducciones de jornada asociadas a las responsabilidades de cuidado y las desigualdades que pueden producirse en los procesos de contratación, remuneración y promoción laboral. La OIT identifica, entre otros factores, la segregación ocupacional, la subvaloración de trabajos realizados mayoritariamente por mujeres y la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados”, notó. La maternidad también puede profundizar estas desigualdades.

El organismo bonaerense destacó que la desigual distribución de los ingresos y del trabajo no remunerado también puede tener efectos a lo largo del ciclo de vida. “Menores ingresos y trayectorias laborales más discontinuas pueden traducirse en menores derechos vinculados con la protección social y los sistemas previsionales. De este modo, las desigualdades económicas pueden acumularse a lo largo de las distintas etapas de la vida”, registró.

MEDIDAS NECESARIAS

La OIT señala, a su vez, que en 2024 las mujeres percibieron en promedio 77,4 centavos por cada dólar ganado por los varones. Las diferencias varían según los sectores, las ocupaciones y las características del empleo

Para la Organización Internacional de Trabajo, el diálogo social, incluida la negociación colectiva, puede contribuir a abordar la infravaloración del trabajo realizado por las mujeres, reforzar la transparencia salarial y generar estructuras de remuneración más justas. También destaca la importancia de garantizar que las mujeres tengan “la misma voz a la hora de configurar su vida económica”. Plantea que gobiernos, empleadores y trabajadores pueden contribuir a eliminar las barreras estructurales que sostienen esta desigualdad, mediante el fortalecimiento de leyes e instituciones orientadas a promover la igualdad salarial.

Y agrega que la igualdad salarial constituye una cuestión de derechos, principios, dignidad y justicia social para trabajadores y trabajadoras en todas partes, en un contexto de profundas transformaciones en el mundo laboral. El planteo vuelve a situar los salarios, las trayectorias y rutinas, las posibilidades de acceso, el techo de cristal y las tareas no remuneradas como un aspecto central para avanzar hacia relaciones laborales más equitativas.

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