La adicción al celular: los efectos del uso excesivo y cómo empezar a desconectarse

La evidencia científica sobre las consecuencias físicas y psicológicas del uso excesivo de las pantallas impulsa a cada vez más personas a limitar el tiempo que pasan en redes sociales y recuperar actividades alejadas del mundo digital.

Las redes sociales cambiaron la forma en que las personas se comunican, trabajan y consumen información. Sin embargo, el tiempo cada vez mayor que millones de usuarios pasan frente a las pantallas comenzó a despertar preocupación entre especialistas, que advierten sobre las consecuencias físicas, psicológicas y sociales asociadas al uso excesivo del celular.

Buena parte de este fenómeno está relacionada con el denominado “scroll infinito”, un sistema diseñado para que el contenido nunca termine y el usuario continúe desplazándose por la pantalla durante largos períodos. Este mecanismo, presente en la mayoría de las plataformas digitales, busca captar la atención el mayor tiempo posible y favorece hábitos de consumo difíciles de interrumpir.

Aunque las redes sociales facilitaron la comunicación instantánea y el acceso permanente a la información, distintos estudios científicos y médicos comenzaron a documentar los efectos que esta hiperconectividad genera sobre la salud.

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Los efectos físicos y psicológicos

Entre las afecciones físicas más frecuentes aparece el denominado “cuello por textear”, provocado por la postura que se adopta al utilizar el teléfono durante períodos prolongados y que ejerce una presión constante sobre la columna cervical.

También son habituales las lesiones por movimientos repetitivos, como la tendinitis en los pulgares ocasionada por el uso del teclado táctil. A ello se suman la fatiga visual, la sequedad ocular y las alteraciones del sueño derivadas de la exposición prolongada a la luz azul que emiten las pantallas, un factor que dificulta el descanso y aumenta el riesgo de insomnio.

En el plano psicológico, la necesidad permanente de revisar notificaciones reduce la capacidad de concentración y repercute tanto en el rendimiento académico como en el laboral. El tiempo destinado al entretenimiento digital también favorece hábitos sedentarios al desplazar la actividad física.

Los especialistas advierten que el impacto resulta especialmente significativo entre niños y adolescentes, quienes además enfrentan una fuerte presión social para mantenerse conectados de manera permanente.

El uso compulsivo del celular también repercute en la calidad de las relaciones personales. La distracción constante durante conversaciones o reuniones familiares puede generar desconexión con el entorno, mientras que la utilización del teléfono al caminar o conducir incrementa el riesgo de sufrir accidentes.

La adicción silenciosa

La especialista en redes sociales Emilce Garzón sostiene que abandonar el uso permanente del celular representa hoy un desafío similar al que en otras épocas significó dejar de fumar.

“No es fácil dejar el celular. Estamos en el momento en que se necesita ese freno porque vemos y está comprobado el daño directo. Nos damos cuenta de las demostraciones del aumento de ansiedad, de los pensamientos intrusivos y de hasta las consecuencias más extremas como lo son los suicidios por challenges de TikTok”, afirmó.

Según explicó, gran parte del problema radica en el mecanismo de recompensa que generan las aplicaciones mediante notificaciones, mensajes y “me gusta”.

“Estamos muy expuestos a las pantallas. Siempre tenemos ahí el premio, esa búsqueda de satisfacción falsa. Después nos genera malestar porque abrís WhatsApp y, sin darte cuenta, terminás entrando a Instagram o Twitter sin necesidad alguna.”

Cómo reducir el tiempo frente a las pantallas

Frente a este escenario, cada vez son más las personas que deciden modificar sus hábitos digitales. El objetivo no suele ser abandonar completamente el celular, sino establecer límites que permitan recuperar tiempo para otras actividades.

La propia Garzón inició un desafío personal consistente en dejar de utilizar Instagram, TikTok y X durante cuatro horas, tres veces por semana.

“Lo hago para mí misma. Trato de poner el celular en una cajita. A veces no quiero apagarlo, pero lo hago para tener un poco más de control sobre eso.”

La especialista asegura que los beneficios comienzan a percibirse rápidamente.

“La verdad es que es muy notable. Desde el primer momento que lo dejás estás más tranquilo. Existe ese impulso de revisar constantemente el teléfono, pero con conciencia podés controlarlo.”

Entre las recomendaciones también figura activar el modo avión o deshabilitar temporalmente las notificaciones para disminuir las interrupciones y evitar ingresar a las redes sociales por impulso.

Vuelven los hobbies “analógicos”

Junto con la decisión de reducir el tiempo de pantalla, comenzó a consolidarse una tendencia que recupera actividades alejadas del mundo digital.

Talleres de cerámica, dibujo y pintura, clases de cocina, carpintería, tapicería, escritura, ajedrez, crucigramas, sopas de letras, lectura de libros en papel o el aprendizaje de instrumentos musicales aparecen entre las opciones elegidas por quienes buscan reconectarse con actividades que requieren creatividad, concentración y contacto con otras personas.

Una sociedad hiperconectada

Los datos reflejan la magnitud del fenómeno en Argentina. Según un informe elaborado por DataReportal y Kepios, a fines de 2025 el país registraba 32,9 millones de cuentas activas en redes sociales, una cifra equivalente al 71,7 % de la población. Además, el 79,1 % de los usuarios de internet utilizaba al menos una plataforma social.

El escenario también se replica entre los más jóvenes. De acuerdo con el informe Kids Online Argentina 2025, elaborado por UNICEF y UNESCO, el 96 % de los niños, niñas y adolescentes de entre 9 y 17 años tiene acceso a internet en su hogar y el 95 % posee un teléfono celular con conexión.

El relevamiento indica además que el 80 % utiliza redes sociales todos los días o casi todos los días, mientras que el 83 % emplea aplicaciones de mensajería con la misma frecuencia.

A nivel mundial, DataReportal estima que durante 2025 el tiempo promedio frente a las pantallas alcanzó las 6 horas y 40 minutos diarios. Entre los integrantes de la Generación Z, ese promedio supera las 9 horas por día, una realidad que explica por qué cada vez más personas buscan recuperar espacios de desconexión en un mundo cada vez más hiperconectado.

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