“No sólo no pueden resolver las situaciones que padecen, sino que también son víctimas de los ataques de adolescentes y de adultos (padres)”, indicó a EL NORTE el especialista de nuestra ciudad. Al mismo tiempo marcó que se necesita `un verdadero cambio de modelo educativo, con un presupuesto que le otorgue a la educación la centralidad que se declara en promesas y discursos`.

De la Redacción de EL NORTE
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Consultado por EL NORTE, el Prof. Dr. Jorge Noro reflexionó sobre los ataques violentos y las amenazas en las escuelas que se intensificaron este año. Definió a esta organización como `la última trinchera` y llamó a reconocer a los distintos actores en contexto. “Liberemos de responsabilidades a docentes y directivos que también son víctimas de este estado de cosas, de esta escuela obsoleta y perimida que ya no funciona, porque no sólo no pueden resolver las situaciones que padecen, sino que también son víctimas de los ataques de adolescentes y de adultos (padres)”, indicó.
Marcó que `la violencia en las escuelas no es nueva, que hace años que se ha instalado entre nosotros y que hemos naturalizado su presencia`. Y observó en relación a los últimos hechos: “Apenas comenzó el año escolar 2026, en los primeros 15 días de clases hubo muchísimos actos de violencia en las aulas, en las escuelas y en sus alrededores, como si el retorno a las actividades hubiera despertado la violencia contenida. Los alumnos reingresaron decididos a resolver sus conflictos y problemas principalmente en ese lugar. Por algo debe ser, aunque no es el único sitio en que se dirimen los enfrentamientos: encuentros deportivos y salidas de locales de diversión funcionan también como escenarios de enfrentamientos”.
Crisis
De acuerdo al análisis de Noro, “las escuelas eran el segundo hogar, el templo sagrado del saber, entornos y refugios seguros y confiables. Eran hace 30 O 40 años atrás. Todos esos calificativos elogiosos que aún resuenan en la memoria de muchos adultos, ya no existen y han caducado. Ni el hogar, ni las escuelas, ni los templos, ni la sociedad son ya lugares o refugios seguros y confiables. Todo ha cambiado, en una transformación que no se produjo repentinamente, en poco tiempo, sino paulatinamente, paso a paso, y no alcanzamos a darnos cuenta para revisar el funcionamiento y hacer las intervenciones de rigor”. “Como en la parábola de la muerte de la rana en el agua hirviendo, nos dormimos acunados por el agua tibia y cuando quisimos saltar para pensar otros modelos ya no pudimos hacer nada. Permanecimos aburguesados confiando en los formatos que siempre funcionaron y terminamos en una grave crisis escolar y educativa”, agregó.
El especialista educativo de nuestra ciudad recordó que con `la irrupción trágica de un alumno disparando contra sus compañeros en la Escuela Normal N° 40 de San Cristóbal el pasado 30 de marzo, revivimos el ataque de Carmen de Patagones (setiembre de 2004), y comprobamos que lo que observábamos como una pandemia en las escuelas de los EE.UU (en 2025 se registraron 233 tiroteos), se había traslado a la Argentina`. “Entonces se multiplicaron los discursos, declaraciones, comunicados y protocolos oficiales, mientras numerosos hermeneutas improvisados pretendían explicar lo inexplicable. Lo único seguro era que – en estos turbulentos tiempos sociales – lo sucedido era una mecha que podía encender la pólvora oculta y replicar el modelo en todas las geografías. Y ahora ya nada nos puede resultar extraño: la violencia se mantiene y se potencia, y se le suma el juego adolescente (o el anuncio real) que siembra amenazas de ataques a la escuela, aulas o grupos de alumnos en fechas y horarios programados. Y hasta las amenazas virtuales a través de declaraciones en las redes, llevar armas a las escuelas y muchas situaciones más”, expresó.
Nuevas condiciones
Noro se pregunta si hay alguna solución además de un control policial que garantice el ingreso y la permanencia de los alumnos en las escuelas y responde: “Por supuesto, pero se necesita más tiempo y un verdadero cambio de modelo educativo”.
Entre las posibilidades de abordaje propone: “Recuperar el sentido de la educación de la escuela y crear nuevas condiciones, organización y modelos de interacción comunitaria, para que la escuela sea un lugar de encuentro, de buena onda, de trabajo en serio que atrape a los alumnos y que los hagan sentir bien de manera tal que a nadie se le ocurra agredir o violentar a su escuela, a sus docentes a sus directivos y a sus compañeros”.
“Se necesita recuperar ese sentido de pertenencia, de bienestar, construir un tipo de escuela en la que todos estén haciendo actividades valiosas y aprendizajes significativos, asociadas a su proyecto de vida. Ver, concurrir y vivir en escuelas en las que se hacen cosas importantes en un clima de entendimiento y amistad, y en donde pueden emerger y ser abordados los temas y problemas personales con la intervención de profesionales capacitados y responsables. Para lograr todo esto se necesita crear un nuevo tipo de escuela, nuevo paradigma, nuevo dispositivo con otro tipo de educadores y con un presupuesto que le otorgue a la educación la centralidad que se declara en promesas y discursos. Mientras tanto es posible que lleguen remedios paliativos que solamente atienden a solapar algunos síntomas, mientras el virus sigue actuando y reclamando una intervención mucho más profunda”, concluye.

