A un siglo de John Coltrane, el jazz aún habla su idioma

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A cien años del nacimiento de John Coltrane, la figura del saxofonista nacido el 23 de septiembre de 1926 en High Point, Carolina del Norte, sigue siendo un faro para el jazz contemporáneo. Su obra condensó, en poco más de dos décadas de actividad profesional, una revolución estética que atravesó el hard bop, la improvisación modal y el free jazz, al tiempo que integró una profunda búsqueda espiritual.
Coltrane se acercó a la música en su adolescencia, primero con el clarinete y el corno alto en una banda comunitaria, y luego con el saxo alto en la escuela secundaria. A comienzos de los años 40 se instaló en Filadelfia, ciudad clave para su formación, donde comenzó a tocar en clubes y a vincularse con la escena del jazz. Su primera grabación conocida data de 1946, cuando, mientras prestaba servicio en la Marina en Hawái, registró una versión de “Hot House”, de Tadd Dameron.
Ya de regreso en Estados Unidos, Coltrane pasó por diversas orquestas y terminó por volcarse definitivamente al saxo tenor, el instrumento que lo haría mundialmente célebre. Tocó con figuras como King Kolax, Jimmy Heath y Dizzy Gillespie, con quien dejó su primer solo en disco en 1951. Aquellos años también estuvieron marcados por su adicción a la heroína, un problema que complicó su carrera y le costó, entre otros episodios, su lugar en la banda de Johnny Hodges.
El salto con Miles Davis y la consolidación de un estilo
El punto de inflexión llegó en 1955, cuando Miles Davis lo convocó para integrar su histórico quinteto junto a Red Garland, Paul Chambers y “Philly” Joe Jones. Con esa formación participó en una serie de álbumes fundamentales, como ‘Round About Midnight, Cookin’, Relaxin’, Workin’ y Steamin’, registros que cambiaron para siempre el lenguaje del jazz moderno.
Tras superar sus problemas de adicción en 1957, Coltrane inició un camino propio con una intensidad inédita. Ese año grabó su primer álbum como líder, Coltrane, y poco después Blue Train, ya convertido en una referencia del hard bop. También se sumó al cuarteto de Thelonious Monk, experiencia decisiva para el desarrollo de su compleja forma de improvisar. El crítico Ira Gitler acuñó en 1958 la expresión “sheets of sound” para describir esas densas ráfagas de notas que Coltrane desplegaba sobre el saxo tenor.
En 1959 volvió a dejar una marca indeleble junto a Miles Davis en Kind of Blue, obra maestra de la improvisación modal y uno de los discos más influyentes de la historia de la música. Ese mismo año registró Giant Steps, editado en 1960 y compuesto íntegramente por piezas propias, que confirmó su estatura como compositor y abrió la etapa de mayor transformación de su arte.
Del éxito masivo a la vanguardia espiritual
En 1960 Coltrane dejó definitivamente el grupo de Davis y formó su propia banda. El pianista McCoy Tyner y el baterista Elvin Jones se convirtieron en socios fundamentales en una formación que incorporó cada vez más el saxo soprano. Con ese instrumento grabó en octubre de ese año su célebre versión de My Favorite Things, de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, que se transformó en uno de sus mayores éxitos y lo acercó a un público más amplio.
Su llegada al sello Impulse! marcó el comienzo de la etapa más audaz de su carrera, asociada a la vanguardia, el free jazz y lo que muchos llamaron “The New Thing”. Discos como Live at the Village Vanguard (1961) mostraron improvisaciones extensas y estructuras abiertas, como la emblemática interpretación de 16 minutos de Chasin’ the Trane, que condensó su impulso exploratorio.
En paralelo, Coltrane profundizó su costado más lírico en trabajos como Ballads, y colaboró con gigantes como Duke Ellington y el cantante Johnny Hartman. Sin embargo, sería en 1965 cuando cristalizó de manera más clara la unión entre mística y sonido con A Love Supreme, álbum grabado en diciembre de 1964 junto al cuarteto clásico formado por Elvin Jones, McCoy Tyner y Jimmy Garrison.
“A Love Supreme” y un legado que no se agota
Dividido en cuatro partes —Acknowledgement, Resolution, Pursuance y Psalm—, A Love Supreme propone un recorrido que va del despertar espiritual a la iluminación. En apenas 33 minutos, Coltrane volcó en música intensa y emotiva su relación con la fe y el deseo de trascendencia. El álbum obtuvo dos nominaciones al Grammy, se convirtió en su disco más vendido y hoy es considerado una obra clave del siglo XX.
Lejos de detenerse, el saxofonista empujó aún más los límites con Ascension (1965), un verdadero manifiesto del free jazz, y trabajos como Kulu Se Mama, Meditations y Expression, este último terminado poco antes de su muerte por cáncer de hígado, en julio de 1967, cuando apenas tenía 40 años. Su catálogo continuó creciendo con publicaciones póstumas, grabaciones en vivo y sesiones perdidas, como Both Directions at Once: The Lost Album o Blue World, que siguieron aportando nuevas facetas de su genio creativo.
El centenario de John Coltrane lo encuentra vigente no solo por sus discos, sino por una concepción del arte basada en la experimentación, el riesgo y la entrega total a la música.
Hoy, generaciones de instrumentistas y oyentes siguen descubriendo en su obra un lenguaje que expandió el vocabulario del jazz y redefinió el rol del improvisador. Del hard bop al límite del free, Coltrane dejó en apenas una década como líder un legado que continúa marcando el rumbo del género y que, a cien años de su nacimiento, mantiene intacto su poder de conmover y desafiar.

