Joaquín Sabina inició su adiós en Buenos Aires con un emotivo primer show

Joaquín Sabina inició su despedida en Buenos Aires con la primera de diez presentaciones, en un show lleno de emoción, historia y amor por esta tierra.

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Joaquín Sabina comenzó su gira de despedida en Buenos Aires con un concierto cargado de emoción y recuerdos en el Movistar Arena. Fue la primera de diez noches ante el público porteño. Allí, el cantautor español repasó su obra, rindió homenaje a sus referentes y volvió a declarar su amor por esta ciudad.

Con 76 años y más de medio siglo de trayectoria, Sabina eligió un título sencillo para su gira final: Hola y adiós. La noche del lunes fue su primer show, de los últimos 10 que dará en Buenos Aires.

Hace poco menos de un año que sus seguidores esperan este momento. Las entradas para sus shows en el Movistar Arena se pusieron a la venta el miércoles 17 de julio de 2024. Aún hay localidades disponibles para la función del 18 de abril, una de las últimas oportunidades para verlo en vivo en el país.

Antes de que el trovador tomara el escenario, Iván Noble calentó el ambiente. Con clásicos como “Sapo de otro pozo” y “Avanti morocha”, el ex Caballero de la Quema fue ovacionado por un Movistar Arena colmado desde temprano. El ambiente ya estaba preparado para una noche inolvidable.

Una despedida con nostalgia, homenajes y canciones eternas

El show comenzó con el videoclip de Un último vals, una canción de despedida donde participan artistas como Calamaro, Drexler, Serrat y Ricardo Darín. La nostalgia invadió el estadio desde ese primer instante.

Sabina abrió con Lágrimas de mármol y recorrió más de veinte canciones. En un tramo del concierto, Sabina se detuvo para hablar. “Mi relación con esta ciudad es muy larga, de amor verdadero”, dijo. Recordó su primer visita en los 80, conciertos en el Ópera, Gran Rex, Luna Park y hasta la Bombonera. Habló de Borges, Cortázar, Gelman, Goyeneche y Charly García. Cerró ese pasaje con un sentido mensaje para los afectados por las inundaciones en Bahía Blanca.

Una voz cansada, una memoria intacta y una gira con nombre de adiós

El público vivió el show de pie, coreando cada estribillo, ocultando alguna lágrima. Clásicos como Lo niego todo, Ahora que…, 19 días y 500 noches y Quién me ha robado el mes de abril desataron la euforia. También hubo espacio para joyas más íntimas como Calle melancolía o Una canción para la Magdalena.

Sabina confesó un deseo: “Si vendieran voces y estilos, yo pagaría cualquier cosa por comprarme la de Sergio Dalma”. El público respondió con aplausos. Luego presentó a su banda, con mención especial para la bajista porteña, Laura Gómez Palma, y dedicó Más de cien mentiras a sus padres.

También cedió el escenario a sus músicos. Mara Barros interpretó Camas vacías y Jaime Asúa, Pacto entre caballeros. En el tramo final, Sabina evocó a Chavela Vargas y presentó La canción del boulevard de los sueños rotos, que escribió inspirado por ella.

Sabina dice adiós sin deberle nada a nadie: “Me retiro en el momento justo”

Días antes de su arriba a Argentina, desde Nueva York, el artista dialogó con la revista Esquire, donde aseguró: “Creo que dejo una colección de 25 canciones que me van a sobrevivir y no me veo obligado a dar más en público”. A diferencia de otros artistas que se resisten al retiro, él se retira con la certeza de haber cumplido.

“No me faltan ganas, pero sí tengo ganas de estar en casa”, explicó. Ya no desea giras, hoteles o multitudes. Su futuro está entre libros raros, pinceles, versos y el amor de su compañera, Jimena Coronado. A ella le cantó Rosa de Lima por teléfono, cuando quería convencerla de irse a vivir con él.

Sabina aún escribe. Prepara un nuevo libro de sonetos, y trabaja en un disco que podría ver la luz tras la gira. Pero no piensa volver a los escenarios. Solo fantasea con una última travesura: cantar una vez al mes en un teatro a pocos metros de su casa. Una despedida íntima, sin reflectores, a su ritmo.

“No tengo espinas clavadas, la vida me dio más de lo que imaginé”

A lo largo de su carrera, Sabina se mostró como un poeta callejero, un cronista sentimental y un rebelde con alma de caballero. Sufrió un ictus, superó una depresión y atravesó las transformaciones de la música sin perder su esencia.

Hoy, dice que no tiene espinas. Que se va sin deudas, ni con el público ni consigo mismo. “Yo no tengo que cantar todos los días: cuando no canto estoy bien”, sentenció. Es una frase sencilla, pero dice mucho. La pronuncia alguien que eligió bajarse del escenario con dignidad, en paz.

Sabina deja atrás los conciertos, pero no el arte. Quiere seguir escribiendo, quiere seguir viviendo. Y en esa decisión también hay una forma de poesía. Como dijo en Un último vals, cuando “los mejores estudiantes se doctoren en el arte de ignorar”, él ya habrá cerrado el telón con elegancia.

*Con información de La Nación y Esquire

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