Jamenei advierte que un ataque de EE.UU. desataría guerra regional

Tensión máxima: la advertencia de Irán a Estados Unidos

El líder supremo iraní, Alí Jamenei, durante un discurso oficial

NewsITe

En medio de un clima de altísima tensión en Medio Oriente, el líder supremo de Irán, ayatolá Alí Jamenei, lanzó una dura advertencia a Estados Unidos al señalar que cualquier ataque militar contra su país desencadenará “una guerra regional”. Sus dichos se producen en un contexto marcado por el fuerte despliegue de fuerzas estadounidenses en el Golfo Pérsico y la escalada de la disputa por el programa nuclear iraní.

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Durante un discurso oficial difundido por medios estatales y replicado por la agencia Tasnim, Jamenei respondió a las amenazas de Washington y minimizó la presencia de naves y portaaviones estadounidenses en la zona. “Los estadounidenses deben saber que, si inician una guerra, esta vez será una guerra regional”, afirmó, subrayando que Teherán no se dejará intimidar por las demostraciones de poderío militar.

El ayatolá remarcó que Irán no pretende iniciar un conflicto bélico, pero advirtió que responderá con firmeza ante cualquier agresión. “No tenemos intención de comenzar una guerra, pero daremos un golpe firme a cualquiera que nos ataque”, sostuvo, en alusión directa a la postura de la Casa Blanca, que mantiene abierta la posibilidad del uso de la fuerza si fracasan las negociaciones por el programa nuclear.

La advertencia se da luego de que Estados Unidos bombardeara territorio iraní durante la denominada Guerra de los 12 Días, en junio pasado, y reforzara su presencia en la región con una flota de dimensiones superiores a la enviada anteriormente a Venezuela. Para Jamenei, estos movimientos militares buscan ejercer presión política y psicológica sobre la dirigencia y la población iraní.

Protestas internas y acusaciones de injerencia externa

En su mensaje, el líder supremo también se refirió a las recientes protestas antigubernamentales registradas entre diciembre y enero en diversas ciudades de Irán. Según señaló, esas manifestaciones formaron parte de un intento de desestabilización impulsado desde el exterior con el objetivo de golpear instituciones clave del Estado y erosionar el sistema político establecido tras la Revolución Islámica de 1979.

Jamenei describió las protestas como una acción de carácter cuasi militar. Aseguró que los grupos involucrados atacaron comisarías de Policía, edificios gubernamentales, sedes de la Guardia Revolucionaria, bancos y mezquitas, e incluso se registraron episodios de quema de ejemplares del Corán, el libro sagrado del islam. “Esto se parecía a un golpe de Estado”, argumentó al justificar la orden de reprimir lo que calificó como acciones de “alborotadores”.

La respuesta de las fuerzas de seguridad iraníes, que incluyó detenciones masivas y uso de la fuerza para dispersar manifestaciones, generó fuertes críticas de organizaciones internacionales de derechos humanos y profundizó la tensión diplomática con Occidente.

“Con estas amenazas no se puede asustar al pueblo iraní”, señaló Jamenei al cuestionar el despliegue de portaaviones y buques de guerra de Estados Unidos en la región.

Desde Washington, el entonces presidente Donald Trump insistió en que no descarta una intervención militar si Irán no modifica su postura respecto de su programa nuclear y su rol en los conflictos de Medio Oriente. La combinación de advertencias cruzadas, presencia militar y crisis internas en Irán configura un escenario altamente volátil, con impacto directo en la seguridad regional y en el mercado energético global, atento a cualquier señal de escalada en una zona clave para la producción y el transporte de petróleo.

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