Teherán rechaza la propuesta de Washington y condiciona la reapertura

NewsITe
Irán volvió a tensionar el tablero geopolítico en Medio Oriente al calificar de “insuficiente” la respuesta de Estados Unidos a su propuesta para reabrir el estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más sensibles para el comercio energético mundial. Teherán dejó claro que mantendrá cerrado el tránsito para los buques estadounidenses y que no habrá nuevas negociaciones hasta que Washington cumpla, sin matices, las siete condiciones planteadas por la República Islámica.
El encargado de fijar la postura oficial fue Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, quien señaló que Estados Unidos aceptó solo parte de las exigencias iraníes y dejó otras cuestiones sin resolver. Según medios estatales de Teherán, el funcionario remarcó que su país ya no se encuentra en una etapa de intercambio de borradores, sino que espera decisiones concretas de la Casa Blanca.
“Presentamos siete condiciones a los estadounidenses y fuimos claros: el estrecho de Ormuz no se abriría para ellos y no habría negociaciones hasta que se cumplieran esas condiciones”, sostuvo Rezaei en declaraciones reproducidas por la prensa iraní. Entre los puntos centrales aparecen el cese de las hostilidades militares, el levantamiento del bloqueo naval sobre puertos iraníes y el fin de las restricciones a las exportaciones de petróleo.
La propuesta de Irán fue presentada durante la Asamblea General de las Naciones Unidas y contemplaba la reapertura gradual del estrecho en un plazo de siete días, siempre y cuando Washington avanzara con medidas concretas, como la liberación de activos iraníes congelados en el exterior y el retiro de parte de su despliegue militar en la zona. Esos gestos, según Teherán, abrirían la puerta para normalizar el tránsito marítimo.
Mediaciones regionales y desconfianza mutua
En los últimos dos meses, Irán recibió mensajes indirectos de Estados Unidos por canales diplomáticos alternativos, principalmente a través de Qatar, Pakistán e Irak. Pese a esa intensa actividad de mediación, no se logró un entendimiento que satisfaga a ambas partes. El canciller iraní, Abbas Araghchi, había anticipado a fines de septiembre que el estrecho podría reabrirse en una semana si la propuesta era aceptada en su totalidad.
Sin embargo, la respuesta de Washington no convenció al liderazgo iraní. El presidente estadounidense, Donald Trump, ya había rechazado públicamente la iniciativa, aunque mantuvo abiertos los contactos por vía de terceros países. Hasta el momento, la Casa Blanca evitó dar detalles sobre el contenido de su última comunicación y no contestó de inmediato a las consultas de la prensa internacional respecto de las nuevas declaraciones de Rezaei.
Un enclave clave para el petróleo mundial
El estrecho de Ormuz es una franja de mar de apenas unos kilómetros de ancho que separa Irán de Omán y conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico. Antes de la escalada de tensiones, originada por los ataques de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes a fines de febrero, por este corredor marítimo pasaba alrededor de una quinta parte del transporte global de petróleo y gas natural licuado.
Para los principales productores de la región —como Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y el propio Irán—, Ormuz es la vía casi exclusiva para sacar su crudo hacia los mercados asiáticos y europeos. Cualquier interrupción prolongada del tránsito no solo complica la logística de las empresas energéticas, sino que también dispara la volatilidad en los precios internacionales del petróleo y del gas.
- Irán condiciona la reapertura del estrecho al levantamiento de sanciones y bloqueos.
- Estados Unidos acepta parcialmente las demandas pero evita compromisos públicos.
- Países como Qatar, Pakistán e Irak actúan como intermediarios en la negociación.
“El estrecho de Ormuz no se abrirá ni habrá negociaciones hasta que se cumplan nuestras siete condiciones”, advirtió Mohsen Rezaei, responsable de la seguridad nacional iraní.
Mientras la puja diplomática continúa, los mercados energéticos siguen de cerca cada declaración de Teherán y Washington. El desenlace de este pulso no solo definirá el futuro inmediato de la seguridad en el Golfo Pérsico, sino que también tendrá impacto directo en el suministro global de hidrocarburos y en la estabilidad económica de numerosos países importadores.

