Se trata de restos excepcionalmente bien preservados de un diminuto dinosaurio carnívoro del período Cretácico.

Un equipo de paleontólogos del CONICET, en conjunto con investigadores de Estados Unidos, descubrió en la Patagonia argentina un fósil de aproximadamente 95 millones de años que permite reescribir la historia evolutiva de los alvarezsaurios, un grupo enigmático de pequeños dinosaurios carnívoros. Por la relevancia del hallazgo y sus implicancias científicas, el estudio fue dado a conocer en la revista Nature.
El fósil fue encontrado en un área fosilífera del norte de la provincia de Río Negro conocida como La Buitrera y corresponde a la especie Alnashetri cerropoliciensis. Se trata del ejemplar más completo hallado hasta el momento de este tipo de dinosaurio en Sudamérica. Un primer registro de la especie, mucho más incompleto, había sido descubierto en 2004 en la misma formación rocosa por el mismo equipo internacional.
Los alvarezsaurios surgieron hace unos 150 millones de años y se caracterizaron por cuerpos livianos, cabezas pequeñas y dientes diminutos y numerosos. La mayoría de los ejemplares conocidos provienen de Mongolia, China y Argentina, aunque también se registraron hallazgos en otras regiones del mundo. Uno de sus rasgos distintivos fueron los brazos pequeños, que en las especies más tardías se redujeron a un único dedo con una garra robusta.
Estas adaptaciones llevaron durante años a plantear que los alvarezsaurios excavaban termiteros y se alimentaban de insectos, de manera similar a los osos hormigueros, y que su pequeño tamaño estaba vinculado a esa dieta especializada. Sin embargo, el hallazgo de Alnashetri, una forma basal diminuta, demuestra que el tamaño reducido no estuvo necesariamente asociado a la alimentación insectívora.

La propagación por el mundo
El análisis anatómico del nuevo ejemplar y los estudios filogenéticos indican que Alnashetri ocupa una posición primitiva dentro de la evolución del grupo, pese a haber vivido a inicios del Cretácico Superior. Para los especialistas, esto confirma que en Sudamérica convivieron distintas ramas evolutivas de alvarezsaurios.
“Las hipótesis filogenéticas recuperan a Alnashetri como uno de los alvarezsaurios más basales, incluso más basal que algunas formas conocidas del Jurásico Superior. Esto implica que, apenas se origina el grupo en Pangea, se dispersó a través del supercontinente”, señaló Jorge Meso, becario posdoctoral del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN) y uno de los autores del estudio.
El trabajo también permitió identificar como alvarezsaurios a fósiles que permanecían sin clasificación precisa en museos del mundo. Entre ellos, un pequeño terópodo de la Formación Morrison del Jurásico en Wyoming (Estados Unidos) y Calamosaurus foxi, hallado en rocas del Cretácico Inferior de la Isla de Wight, en el Reino Unido.
Uno de los principales interrogantes del grupo era la escasez de registros de alvarezsaurios de inicios o mediados del Cretácico. El nuevo ejemplar de Alnashetri llena ese vacío y permite vincular especies tempranas de América del Norte y Europa con las formas sudamericanas.
Desmitificaciones sobre el tamaño corporal
El estudio del nuevo espécimen, casi completo, permitió analizar la evolución del tamaño corporal en los alvarezsaurios. Los resultados contradicen la hipótesis de una miniaturización progresiva asociada a la dieta.
“Hasta ahora se pensaba que el grupo se había ido especializando en la mirmecofagia, es decir, en comer hormigas y termitas, y se consideraba que esta era la razón de que se hubieran vuelto pequeños. En Alnashetri vemos que su mano sigue siendo la de un dinosaurio carnívoro relativamente típico y que sus dientes son los de un predador normal que no se alimenta de hormigas. Sin embargo, era también un dinosaurio diminuto, del tamaño de una gallina aproximadamente. Esto nos muestra que estos dinosaurios no se hicieron pequeños en relación al cambio de dieta, sino que siempre fueron de escaso tamaño”, explicó Sebastián Apesteguía, investigador del CONICET en la Fundación de Historia Natural Félix de Azara y responsable directo del hallazgo.
El ejemplar hallado es el más pequeño y completo de un alvarezsaurio descubierto hasta ahora en Sudamérica. Solo faltan partes del cráneo, segmentos de la cola y porciones del lado derecho del esqueleto. Medía cerca de 70 centímetros de largo y pesaba alrededor de un kilogramo.
El buen estado de preservación permitió estudiar por primera vez la dentición y el cráneo de un alvarezsaurio sudamericano del Cretácico. A diferencia de formas más avanzadas, Alnashetri presentaba un brazo relativamente largo, con el primer dedo engrosado y una garra con quilla.
“Una de las características más importantes de los miembros de este grupo es que, a lo largo del linaje, la mano se va acortando en longitud. Este acortamiento es acompañado por el engrosamiento del primer dedo, mientras que los laterales se reducen”, indicó Meso.
El análisis histológico, a cargo de Ignacio Cerda, investigador del CONICET en el IIPG, determinó que el ejemplar tenía al menos cuatro años al momento de morir y que su crecimiento ya se había desacelerado. El estudio también permitió proponer que se trataba de una hembra que había puesto huevos al menos una vez.
La importancia del hallazgo
“El hallazgo y estudio de un nuevo ejemplar tan bien preservado y completo de un alvarezsaurio que vivió en Sudamérica hace unos 95 millones de años es importante porque nos permite comprender cómo y dónde evolucionó este enigmático linaje de dinosaurios carnívoros, y cómo se diversificó en diferentes continentes. El nuevo ejemplar también suministra información fundamental sobre la evolución corporal del grupo, al cuestionar ideas previas, como la constante miniaturización a lo largo de su historia evolutiva”, concluyó Apesteguía.
El estudio contó con el apoyo de la National Geographic Society y fue encabezado por Peter J. Makovicky, de la University of Minnesota, The Field Museum y Stony Brook University, junto a Jonathan S. Mitchell, del Coe College. Por el CONICET también participaron Federico A. Gianechini, del Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas de San Luis (IMIBIO-SL, CONICET-UNSL).

