La presión de las cubiertas influye en la seguridad, el consumo de combustible y la duración del neumático. Especialistas advierten sobre prácticas frecuentes que aumentan riesgos y explican cómo adaptar el inflado según el uso del vehículo.

La presión de los neumáticos suele quedar relegada a un control ocasional, aunque especialistas en seguridad vial y distintos análisis técnicos coinciden en que representa uno de los factores más importantes para el desempeño del vehículo. Mantener las cubiertas correctamente infladas mejora la estabilidad, reduce el consumo de combustible y prolonga su vida útil.
Sin embargo, muchos conductores continúan cometiendo errores que pueden derivar en desgaste prematuro, menor adherencia y situaciones de riesgo tanto en recorridos urbanos como en viajes largos.
Los especialistas remarcan que no existe un valor universal para todos los vehículos. La presión adecuada depende del modelo, el peso y la carga transportada. Por ese motivo, las referencias oficiales continúan siendo el manual del automóvil y las etiquetas colocadas por el fabricante, habitualmente ubicadas en la puerta del conductor, la tapa del tanque de combustible o la guantera.
Las diferencias en las unidades de medida también pueden generar confusión. Mientras en Argentina y gran parte de Latinoamérica la presión suele expresarse en bar o kg/cm², en Estados Unidos prevalece la escala psi. Comprender esa equivalencia resulta fundamental para evitar lecturas incorrectas al utilizar infladores o manómetros.
Un relevamiento reciente citado por especialistas expuso además un problema de desconocimiento: apenas tres de cada diez conductores sabe dónde consultar la presión adecuada o reconocer cuándo un neumático desgastado requiere reemplazo.
Los errores más frecuentes al controlar la presión
Entre las prácticas equivocadas más habituales aparece la falta de controles periódicos. Muchos automovilistas revisan la presión únicamente cuando detectan un inconveniente visible o sufren una pinchadura, dejando de lado verificaciones preventivas.
Los expertos recomiendan revisar los neumáticos al menos una vez por mes y sumar controles antes de emprender viajes largos. Esta rutina ayuda a prevenir desgaste desigual y disminuye riesgos al conducir.
Otro error frecuente consiste en medir la presión con los neumáticos calientes. Después de circular varios minutos, la temperatura eleva el aire interno y modifica el valor registrado por el manómetro.
Ese fenómeno puede inducir a una corrección equivocada, ya que el conductor puede desinflar más de lo necesario o mantener un nivel insuficiente cuando la rueda recupera temperatura ambiente. Por ese motivo, los especialistas aconsejan realizar siempre el control con los neumáticos fríos o tras una circulación mínima.
También advierten sobre la dependencia exclusiva de los infladores de estaciones de servicio. Muchos dispositivos públicos no reciben calibraciones periódicas, lo que puede derivar en mediciones imprecisas.
Contar con un manómetro propio aparece como una de las recomendaciones más repetidas por los técnicos, ya que permite verificar la presión con mayor confiabilidad.
La rueda de auxilio y la presión para salir a la ruta
Otro descuido frecuente involucra a la rueda de auxilio. El neumático de repuesto suele permanecer fuera de los controles habituales y, cuando resulta necesario por una emergencia, aparece desinflado o en condiciones inadecuadas.
Los especialistas sugieren incluirlo en cada revisión periódica para evitar contratiempos adicionales durante un viaje o ante un pinchazo inesperado.
La falta de consulta a la información oficial también figura entre los errores más extendidos. Muchos conductores inflan las cubiertas según recomendaciones genéricas o consejos informales, sin considerar que cada vehículo presenta necesidades específicas.
Aplicar presiones universales o copiar valores utilizados en otros autos puede afectar el desempeño y acelerar el desgaste de las cubiertas.
Para quienes se preparan para salir a la ruta, distintos expertos sugieren sumar entre 0,2 y 0,3 kg/cm² respecto del uso habitual en ciudad, especialmente cuando el vehículo transporta pasajeros y equipaje. Este ajuste contribuye a mejorar la estabilidad y a reducir deformaciones generadas por el calor y la velocidad sostenida.
Así, si un fabricante recomienda 2,2 kg/cm² para circulación urbana, ese valor puede elevarse a 2,4 o 2,5 kg/cm² en viajes prolongados.
Por qué una presión incorrecta afecta seguridad y consumo
Circular con neumáticos por debajo de la presión recomendada incrementa el área de contacto con el suelo y obliga al caucho a deformarse durante la marcha. Esa situación acelera el desgaste, eleva el consumo de combustible y aumenta el riesgo de reventón.
La sobrepresión también genera consecuencias negativas. Cuando la rueda recibe más aire del indicado, disminuye la superficie de apoyo y se produce desgaste concentrado en la parte central del neumático.
Los especialistas sostienen que el control preventivo no debe limitarse a la previa de vacaciones o escapadas de fin de semana. Los cambios bruscos de temperatura ambiental también alteran la presión y justifican chequeos adicionales.
Algunos técnicos explican incluso que, si no es posible esperar a que el neumático se enfríe después de haber circulado varios kilómetros, puede añadirse alrededor de 0,2 kg/cm² al valor observado para compensar el efecto del calor y evitar correcciones excesivas.
La presión adecuada, concluyen los expertos, constituye uno de los pilares elementales de la seguridad vial y del cuidado del vehículo. Consultar las referencias del fabricante, controlar regularmente las cubiertas y utilizar instrumentos confiables continúa siendo la forma más sencilla de reducir riesgos y optimizar el rendimiento del automóvil.

