Incertidumbre en Chapadmalal y Embalse por despidos y cambios

Despidos y cambios de gestión en históricos complejos de turismo social

Complejos de turismo social de Chapadmalal y Embalse

El futuro de las unidades turísticas de Chapadmalal y Embalse volvió a quedar bajo la lupa luego de que el Gobierno nacional avanzara con despidos y pases a disponibilidad de trabajadores, en el marco de un cambio profundo en el esquema de administración de estos históricos complejos de turismo social.

En los últimos días, fuentes gremiales y medios especializados confirmaron que entre 101 y 103 personas resultaron afectadas por las recientes medidas. En Chapadmalal el impacto alcanzaría a cerca de 58 empleados, mientras que en el complejo cordobés de Embalse se habrían visto alcanzadas unas 45 personas entre cesantías y pases a disponibilidad administrativa.

La figura de «disponibilidad» implica que las y los trabajadores dejan de cumplir funciones en sus puestos originales, pero podrían ser reubicados en otras dependencias del Estado antes de una eventual desvinculación definitiva. Desde los gremios advierten, sin embargo, que este mecanismo suele ser el paso previo a recortes más profundos en las plantas de personal.

Cambio de modelo: concesiones y traspaso de competencias

El Gobierno ya había anticipado su intención de redefinir el destino de estos complejos, creados durante el primer peronismo como parte de una política de turismo social que buscaba garantizar vacaciones accesibles para trabajadores, jubilados, estudiantes y sectores populares.

En el caso de Chapadmalal, el Poder Ejecutivo confirmó el objetivo de concesionar el predio a operadores privados por un plazo de 30 años, bajo el argumento de atraer inversiones, reactivar la infraestructura hotelera y reducir el costo de mantenimiento para el Estado nacional.

Embalse, por su parte, fue transferido a la órbita de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), el organismo encargado de gestionar y disponer del patrimonio inmobiliario estatal. Hasta el momento, no se precisó públicamente cuál será el uso final del complejo cordobés ni si seguirá vinculado al turismo social.

Frente a este panorama, sindicatos del sector público y organizaciones de trabajadores denuncian un proceso de vaciamiento, paralización de actividades y pérdida de un modelo emblemático de acceso igualitario al descanso y la recreación.

Un patrimonio social e histórico en debate

Las unidades turísticas de Chapadmalal y Embalse comenzaron a desarrollarse a fines de la década de 1940, en el marco de una fuerte expansión de las políticas sociales del Estado. Durante décadas, miles de familias trabajadoras de todo el país pudieron acceder, a bajo costo, a estadías recreativas en instalaciones especialmente diseñadas para ese fin.

Chapadmalal, ubicado sobre la costa atlántica bonaerense, cerca de Mar del Plata, llegó a contar con nueve hoteles, bungalows y amplios espacios recreativos. Embalse, emplazado en el Valle de Calamuchita, en Córdoba, se consolidó como uno de los principales polos turísticos manejados directamente por el Estado nacional.

En los últimos años, los programas de turismo social redujeron progresivamente su alcance por recortes presupuestarios, menor cantidad de contingentes y deterioro de la infraestructura. Como consecuencia, ambos complejos pasaron a operar de manera parcial, con temporadas acotadas, hasta quedar casi sin actividad durante largos períodos.

Desde el Gobierno sostienen que el nuevo esquema de concesiones y administración permitirá recuperar edificios deteriorados, modernizar servicios y atraer nuevos públicos. Del otro lado, sindicatos, organizaciones sociales y dirigentes provinciales reclaman que se priorice la preservación de los puestos de trabajo, el acceso de los sectores populares y el valor patrimonial e histórico de estas unidades turísticas.

Chapadmalal y Embalse representan, para muchos sectores, no sólo un conjunto de hoteles y edificios, sino un símbolo de las políticas de inclusión social y del derecho al descanso para miles de argentinos y argentinas.

Mientras avanzan los cambios administrativos y se multiplican las quejas gremiales, el futuro de los complejos permanece abierto y atravesado por dos visiones contrapuestas: la que impulsa un modelo de gestión más orientado al mercado y la que reclama sostener el carácter social y accesible que los definió desde su origen.

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