Ícaro y el Plus Ultra: el monumento que vigila la Costanera

El símbolo alado que une mito, hazaña aérea e historia porteña

Monumento a Ícaro en el Espigón Plus Ultra, Costanera Sur de Buenos Aires

NewsITe

En la Costanera Sur de Buenos Aires, donde el Río de la Plata se abre al horizonte, una figura alada de bronce domina el paisaje desde hace casi un siglo. Se trata del monumento a Ícaro que corona el Espigón Plus Ultra, una obra que combina mito clásico, hazaña aeronáutica y memoria urbana en un mismo punto de la ribera porteña.

La escultura fue realizada en 1928 por el artista español José Lorda, nacido en Aragón en 1892 y radicado durante buena parte de su vida en la Argentina. Formado en Barcelona y Madrid, discípulo del reconocido Mateo Iñurria, Lorda volcó en esta pieza su sólida preparación técnica en hierro, cincelado y modelado de bronce, visible en la precisión anatómica y en la sobriedad de los volúmenes.

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La obra presenta una figura masculina alada, inclinada levemente hacia adelante, que parece suspenderse entre el impulso del despegue y el riesgo de la caída. Inspirada en el mito de Ícaro, la composición recoge influencias del art decó y se apoya en una base de líneas racionalistas. Con una plataforma de cuatro metros y medio y una altura total cercana a los siete metros, el conjunto se impone como hito visual en el amplio espacio costero.

El monumento está íntimamente ligado a un episodio que conmovió al mundo: la llegada del hidroavión Plus Ultra al Río de la Plata en febrero de 1926, tras completar el primer cruce aéreo del Atlántico Sur entre Europa y América. La aeronave había partido de Palos de la Frontera, en España, y fue recibida por una multitud que colmó la entonces flamante Costanera Sur. Dos años después, la instalación de la escultura de Lorda en el extremo del espigón fijó para siempre ese recuerdo en el espacio público y dio nombre definitivo al lugar.

De balneario masivo a reserva ecológica

El Espigón Plus Ultra se inscribe en un proyecto urbano más amplio concebido entre 1916 y 1919, durante el primer gobierno de Hipólito Yrigoyen. En aquellos años se impulsó el desarrollo de la Avenida Costanera Sur y del balneario municipal, un paseo diseñado en su parquización por el ingeniero Benito Carrasco. Jardines, farolas, sectores de recreación y equipamiento urbano transformaron la ribera en uno de los grandes espacios de ocio de la Buenos Aires de los años veinte.

Con el paso del tiempo, sin embargo, la degradación de la calidad del agua del Río de la Plata y los cambios en las costumbres recreativas produjeron el declive del balneario. Hacia fines de la década del setenta, los rellenos costeros ejecutados durante la intendencia de Osvaldo Cacciatore alteraron de manera drástica la geografía del lugar, dejando al espigón rodeado por tierras ganadas al río. Ese proceso fue el germen de la actual Reserva Ecológica Costanera Sur, mientras el monumento y su entorno quedaban sumidos en un prolongado deterioro.

Recién en 2014 el Gobierno de la Ciudad encaró una intervención integral para recuperar el sector. Las tareas incluyeron la restauración de la figura de Ícaro, que había sufrido actos de vandalismo, y la puesta en valor del área circundante, con mejoras en solados, iluminación y parquización. La operación permitió devolverle al conjunto su carácter de mirador privilegiado hacia el río y de lugar de contemplación del arte en el espacio público.

Una metáfora vigente sobre el impulso humano

Hoy, el Ícaro de José Lorda se recorta otra vez sobre el cielo ribereño como un símbolo persistente. Más allá de la hazaña del Plus Ultra, la estatua condensa una idea que atraviesa épocas y fronteras: la obstinación humana por conquistar el aire, superar límites y explorar territorios desconocidos, aun a costa del riesgo.

En un contexto en el que la Costanera Sur combina memoria de balneario popular, paisaje verde de reserva ecológica y proyectos de renovación urbana, la figura alada funciona como recordatorio de ese cruce entre deseo de progreso, fragilidad y capacidad de reinvención. Allí, entre el mito griego, la modernidad aeronáutica de comienzos del siglo XX y la agenda ambiental contemporánea, el monumento a Ícaro sigue invitando a mirar hacia el cielo, sin perder de vista la historia que late a orillas del Río de la Plata.

En el Espigón Plus Ultra, arte, memoria e identidad porteña confluyen en una misma imagen: un cuerpo alado que parece dispuesto a volar, aun sabiendo que el riesgo de caer forma parte de toda conquista.

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