En las inmediaciones con vistas a la cúpula de San Pedro donde se reunieron los cardenales en cónclave, activistas emularon la tradicional fumata blanca pidiendo -entre otras cuestiones- que se permita a las mujeres presentarse a la ordenación sacerdotal femenina. “No pueden seguir ignorando al 50 por ciento de la población católica” y “encerrarse en una sala a discutir el futuro de la Iglesia sin la mitad de ellas”, declaró Miriam Duignan del Instituto Wijngaards de Investigación Católica. Desde Women’s Ordination Conference también protestaron para pedir por una mayor participación de la mujer.

De la Redacción de EL NORTE
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La elección del cardenal estadounidense Robert Francis Prevost como el papa número 267, bajo el nombre de León XIV, marca un nuevo capítulo en la historia de la Iglesia católica y nuevos interrogantes en la lucha por la igualdad. Con él se abre un horizonte cargado de nuevos interrogantes en torno a la dirección que tomará su pontificado, y en particular en temas de crucial relevancia, como la situación de la mujer en la Iglesia y en el mundo, el feminismo o la diversidad. Se trata de ámbitos en los que algunos avances anunciados e impulsados por Francisco aún estaban lejos de consolidarse -siendo muchas veces más simbólicos o administrativos que estructurales- como la posibilidad del diaconado femenino o la de bendecir a parejas homosexuales.
Poco antes de que apareciera la fumata blanca, han tenido lugar concentraciones en las proximidades del Vaticano organizadas por Women’s Ordination Conference (WOC) con el objetivo de pedir una mayor participación de la mujer en la Iglesia católica y reivindicar una igualdad real a través de una simbólica ‘fumata rosa´. El grupo se congregó en la colina Ganicolo. “Mientras el mundo puede estar esperando humo blanco o negro, nuestro humo rosa es una señal de que las mujeres deben ser incluidas en todos los aspectos de la vida de la Iglesia”, dijo la directora ejecutiva de la Conferencia Kate McElwee.
Al mismo tiempo, Miriam Duignan del Instituto Wijngaards de Investigación Católica recordó esta semana que “las únicas mujeres que verán” los 133 cardenales electores durante el cónclave “serán las monjas que sirven la comida y limpian las habitaciones” de la residencia de Santa Marta donde se alojan.
EXCLUSIÓN
Las mujeres ocupan cada vez más puestos laicos importantes dentro de la Iglesia y su presencia se incrementó bajo el pontificado del papa Francisco. Sin embargo, siguen excluidas del sacerdocio y solo los sacerdotes ocupan los cargos de liderazgo más altos. De hecho, durante el pontificado de Bergoglio, si bien se promovió un rol más activo de las mujeres, se mantuvo en contra de la clericalización. “Es verdad que Francisco promovió a algunas mujeres a roles de responsabilidad, pero su estatus sigue siendo inferior al de los hombres”, señaló Duignan. “Incluso el sacerdote más joven será el jefe de la mujer más experimentada”, ejemplificó la activista.
La Iglesia, recordaron las activistas, otorgaba en sus inicios un papel igualitario a las mujeres en su jerarquía, antes de algunas reformas promovidas en la Edad Media. “Oramos por el próximo pontífice para que abrace con valentía la sinodalidad y corrija la injusticia de la exclusión de las mujeres del ministerio ordenado”, marcaron.
En un documento publicado en octubre pasado, la Iglesia católica reconoció la falta de visibilidad de las mujeres en su gobernanza pero al mismo tiempo, la institución dejó en suspenso la cuestión de su ordenación como diáconos.
PREVOST
Algunas de sus declaraciones pasadas parecen indicar que Prevost no abanderará avances significativos en estas problemáticas y que puede ser un papa más ecuánime sobre las posturas más conservadoras del cardenalicio, lo que concuerda bastante con los valores agustinianos, por los que se interesaría ampliamente su predecesor en nombre, León XIII.
El propio Prevost el 25 de octubre de 2023 durante el Sínodo de la Sinodalidad declaró: “Clericalizar a las mujeres no resolverá los problemas en la Iglesia Católica” (ACI Prensa, 2023).
No obstante, sí se mostró partidario de ampliar los roles femeninos dentro de la Iglesia, aunque de forma “equilibrada”, al igual que durante el Concilio Vaticano II, donde incidió en la necesidad de abordar la desigualdad de género desde nuevas formas de liderazgo como una cuestión de justicia, postura también continuista con Bergoglio.
El papa Francisco impulsó una inclusión de las mujeres en la estructura de la Iglesia, nombrándolas en cargos de responsabilidad y permitiendo su participación con voz y voto en los sínodos, como puso de manifiesto el nombramiento de Simona Brambilla como prefecta de un dicasterio. Sin embargo, no se modificaron doctrinas fundamentales ni hubo cambios profundos.
En este sentido, no se conoce la postura que tomará León XIV, pero su perfil pastoral como asesor de Francisco y como diácono de la diócesis peruana de Chiclayo desde 2014, sugiere una voluntad de seguir con el trabajo del anterior papa, de acercamiento a las personas más vulnerables, aunque no necesariamente con grandes alteraciones, lo que podría frenar la participación conseguida de las mujeres en el ámbito eclesial de los últimos años.
DECISIONES Y LIMITACIONES
Lo que parece evidente, como ha comentado en una entrevista televisiva Silvia Rozas -secretaria general adjunta de la Conferencia Española de Religiosos (CONFER)- es que el nuevo papa enfrentará el desafío de continuar o redefinir el camino iniciado por Francisco hacia una Iglesia más inclusiva y equitativa, aunque siempre con limitaciones como las alusivas al derecho al aborto o a la denominada por el Vaticano como ‘ideología de género’, pues la Santa Sede mantiene que “la identidad sexual está anclada en la biología”.
Mención aparte merece el papel de Prevost en América Latina, donde la Iglesia católica aún mantiene una fuerte influencia cultural, educativa y política, y donde el papel de las mujeres católicas también ha sido históricamente invisibilizado en las estructuras jerárquicas de la Iglesia, a pesar de liderar importantes movimientos y proyectos sociales de acción comunitaria, como el de ‘Católicas por el Derecho a Decidir’ o el movimiento chileno ‘Con-spirando’.
Al mismo tiempo otros colectivos siguen luchando por una mayor apertura dentro de la Iglesia, como las redes Voices of Faith o New Ways Ministry, figuras como Lucetta Scaraffia o Mary McAleese, con posiciones más críticas y activas dentro de la teología feminista, o el colectivo LGTBIQ+, cuya Federación Estatal (FELGTBI+) acaba de solicitar al Papa que condene las terapias de conversión, mostrando su confianza en que el mandato del pontífice sea una oportunidad para avanzar hacia una Iglesia que reconozca la dignidad de todas las personas.

