Humberto Tortonese, el actor que hizo de la libertad un estilo de vida

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Figura clave del under porteño de los años 80, compañero de Batato Barea y Alejandro Urdapilleta en el mítico Parakultural, rostro inolvidable junto a Antonio Gasalla y presencia habitual en la radio con Elizabeth Vernaci, Humberto Tortonese construyó una carrera marcada por una palabra que lo atraviesa todo: libertad. A los 61 años, el actor confiesa que desde chico tuvo claro un deseo que guió sus decisiones: “disfrutar más y trabajar menos”.
Esa búsqueda de una vida menos atada a las exigencias externas está ligada, según cuenta, a la historia de su familia. Huérfano de madre desde los siete años, fue su padre –un odontólogo que siempre soñó con ser locutor– quien le transmitió una forma particular de entender la existencia: hacer lo que se pueda, pero con autenticidad. Cuando una enfermedad ocular lo obligó a jubilarse antes de tiempo, ese hombre encontró una segunda vida: empezó a ir solo al cine, a caminar, a hacer lo que quería. Esa manera de pararse frente al mundo, sin culpas, Humberto la reconoce hoy como herencia directa.
La ausencia temprana de su madre también marcó su sensibilidad. Recuerda con gratitud que su padre eligió no ocultarles la muerte: los llevó a despedirse de ella, evitando la mentira piadosa de “se fue de viaje” que le sugería un tío. Para Tortonese, esa decisión le ahorró un trauma y le enseñó el valor de enfrentar la verdad, por dolorosa que sea. Tal vez por eso, con los años, fue construyendo un vínculo muy especial con las mujeres: amigas, colegas, escritoras y poetisas a las que admira y a quienes suele llevar a escena en forma de personajes, poemas o homenajes.
Vínculo con las mujeres, humor sin corrección y una mirada sobre la vejez
Humberto admite que los hombres lo atrajeron más en lo sexual, pero que con las mujeres encontró una conexión espiritual y afectiva distinta. Ellas le confiaron secretos que no compartían con nadie y él, a cambio, se mostró siempre sin reservas. De esa complicidad nacieron personajes femeninos potentes y entrañables, construidos desde la admiración, el humor y una profunda empatía.
En su presente, el actor combina teatro, televisión y proyectos más íntimos. Participó de la serie y película “27 noches”, basada en el libro de Natalia Zito, que recrea la historia de una artista mayor internada por decisión de sus hijas. A Humberto le interesó especialmente lo que el caso plantea sobre la libertad en la vejez: hasta qué punto una mujer de más de 80 años puede decidir sobre su cuerpo, su dinero, sus afectos y sus placeres sin ser juzgada ni tutelada.
Lejos de un retiro, Tortonese asegura que se está “preparando para los 80”, pero a su manera. Se mueve, nada, hace ejercicios y se permite levantarse a la hora que quiere. Trabaja cuando tiene ganas y cuando siente que un proyecto “va a andar”. La ambición económica nunca fue su motor: prefiere cuidar su independencia y su tiempo antes que sumar compromisos que lo alejen de lo que disfruta.
“El loro negro”: casa, refugio y escenario a puertas cerradas
Uno de los espacios donde mejor se ve ese estilo de vida es “El loro negro”, la casa chorizo que transformó en un refugio artístico y gastronómico a puertas cerradas. Allí, el público llega con reserva y comparte tres horas de comida, bebida, charlas, humor y sorpresas. Por el lugar ya pasaron figuras como la Negra Vernaci, Damián Betular, Rechimuzzi y Lizy Tagliani, que terminó convertida en dueña de casa.
Humberto define el clima del lugar con una imagen muy familiar: “somos familia tres horas, que es lo que se puede aguantar una reunión familiar antes de que empiecen las peleas”. La cercanía, dice, es fundamental: no es un teatro tradicional, sino una casa donde el anfitrión se mezcla con la gente, abraza, conversa y recita poesía de Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni o Urdapilleta, a quienes considera parte de su “Biblia” personal.
“Desde chico yo sabía que quería disfrutar más y trabajar menos. Soy ambicioso con mi libertad, no con la plata.”
Dueño de una trayectoria que abarca radio, televisión, cine y un sello inconfundible en el teatro, Tortonese mira hacia atrás con cierta sorpresa y sin nostalgia. No se quedó atrapado en su propio mito: se reinventa, cuida sus afectos y se mantiene lejos del ruido mediático, incluso cuando le toca atravesar situaciones injustas o ataques televisivos que prefiere no alimentar. Su apuesta sigue siendo la misma que lo guió desde el principio: reírse, crear y vivir con la mayor libertad posible.

