Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (Mt. 22, 15-21).

Por Monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás
“Los fariseos se reunieron para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: ‘Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque Tú no te fijas en la categoría de nadie. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?’ Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: ‘Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto’. Ellos le mostraron un denario. Y Él les preguntó: ‘¿De quién es esta figura y esta inscripción?’ Le respondieron: ‘Del César’. Jesús les dijo: ‘Den al César lo que es del César y a Dios, lo que es de Dios”. Palabra del Señor.
La adulación como trampa
Jesús condena la malicia de los fariseos que se manifiesta a través de la “adulación”, que consiste en exaltar las virtudes reales o ficticias de alguien con un propósito egoísta o para engañar a la persona, como en este caso: “eres sincero, enseñas el camino de Dios y no tienes en cuenta la condición de las personas” le dicen los fariseos a Jesús. Es verdad que tiene esas cualidades, pero en este caso se las exalta con un fin tramposo. La adulación no es sincera, oculta una “segunda intención” que consiste en el intento de hacer caer a Jesús en una trampa sutil, porque si el Señor les responde que no hay que pagar el impuesto al César se pone en contra del Imperio Romano bajo cuyo dominio estaba el pueblo de Israel en ese tiempo y sería condenado como revolucionario o anarquista. Si Jesús, en cambio, dice que hay que pagar el impuesto se pone en contra del pueblo hebreo, el cual consideraba que pagar el impuesto al Cesar era consentir el dominio del Imperio Romano sobre ellos. Pero Jesús se da cuenta y con su respuesta no cae en la trampa que le quieren tender los fariseos: “Den al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios.”
Mentira y desconfianza
La verdad y la sinceridad son muy importantes porque generan confianza en las relaciones humanas; por el contrario, la mentira y la insinceridad generan desconfianza y escepticismo. Esto suele ocurrir con quien hace promesas, incluso grandilocuentes, exalta las virtudes de los ciudadanos movido por una intención egoísta y sabiendo que no va a poder cumplir lo que prometió. Tal vez los interlocutores al principio creen, pero luego, al darse cuenta de la mentira, desconfían y ya no caen en la trampa. Es la situación sociopolítica de Argentina –aunque no sólo de nuestro país-. No se trata de un partido u otro, en el ámbito político hace tiempo que varios gobiernos de turno han mentido a los ciudadanos con objetivos proselitistas y egoístas sin interesarse por el bien común de la población, y esto ha ido generando en la mayoría, sobre todo en los jóvenes, un escepticismo preocupante que los ha llevado a “dar un portazo” a ese modo de ejercer la política. Muchos jóvenes “dieron vuelta la página” -a veces sin discernimiento-, otros optaron por irse del país porque están cansados de que les mientan, de que se busquen los intereses personales antes que el bien común, de que se avasalle la justicia, se use a los pobres acostumbrándolos a un subsidio en vez de fomentar la promoción de su dignidad mediante el estudio y el trabajo, todo lo cual hace que la mayoría viva mal y no tenga oportunidades de mejorar o de ver un futuro promisorio. Tendríamos que revisar también si la adulación egoísta o las promesas incumplidas no están en la vida de nuestras instituciones intermedias o en nuestra vida diaria, de tal modo que nos hemos acostumbrado a eso haciendo que la desconfianza sea la moneda corriente.
Verdad y confianza
El camino de salida es fácil de ver, aunque trabajoso de recorrer: hacer opción por la verdad, la justicia y el bien común como objetivos; no tendernos trampas mediante la adulación egoísta, no hacer promesas que sabemos de antemano no podremos cumplir. Así como la mentira genera desconfianza, la verdad y la sinceridad generan confianza. ¿Acaso no es confianza lo que nos falta a los argentinos en el ámbito económico, tan incierto en los últimos tiempos? Podríamos decirnos unos a otros sin excluir a nadie: “si quieres generar confianza, sé sincero, trabaja por la verdad y el bien común”. Jesús dijo: “Yo soy la verdad y la vida”. Si tomamos los valores del Evangelio para organizar nuestra vida y la de nuestra sociedad, sobre todo la verdad al servicio del bien común, poco a poco irá surgiendo la confianza y seguramente tendremos una vida mejor para todos. Tal vez tendremos que comenzar por practicar la verdad y la sinceridad en el seno de nuestras escuelas, asociaciones intermedias y familias, las cuales son la base de una sociedad mejor. Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Buen domingo.

