Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (Lc 10, 1-12)

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás
«El Señor designó a otros setenta y dos, además de los Doce, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde Él debía ir. Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni provisiones ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman de lo que les sirvan; sanen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’”». Palabra del Señor.
Jesús nos ofrece su paz como regalo
Jesús invita a los discípulos a salir, a misionar, a anunciar la Buena Noticia de la llegada del Reino de Dios, cuyo regalo es la paz. La invasión de Rusia a Ucrania mediante una guerra que provoca la destrucción de las ciudades, la muerte de seres queridos, el despojo de las propias viviendas, la huida de las personas con lo mínimo que pueden llevar de abrigo en una zona donde en invierno nieva, el tener que partir forzadamente hacia lugares desconocidos en los cuales serán recibidos para vivir de manera precaria en sitios temporales, la incertidumbre acerca de si podrán volver a la propia tierra para encontrar todo destruido y tener que volver a empezar de cero, nos da una idea de la importancia de la paz, de la no violencia, de erradicar la guerra para siempre, del desarme nuclear, de rogar a Dios para que les dé el don de la paz a esa pobre gente que padece un sufrimiento extremo.
En una experiencia más cercana a nuestra vida, el papa León XIV, en uno de sus primeros mensajes, nos habló de “desarmar las palabras” de toda violencia y agresión como un modo cotidiano de construir la paz. El otro día en un comercio, una empleada tuvo un gesto bueno conmigo y, por reciprocidad, le dije que rezaría por sus intenciones; me llamó la atención que me responda: “Para que tenga un poco de paz”. Era una persona joven y me dio toda la sensación de que hacía referencia a su hogar, donde la convivencia no era en paz. Me hizo pensar que Jesús nos ofrece la paz como un gran regalo porque nuestro espíritu anhela la paz como nuestro cuerpo necesita del aire para vivir.
La paz como tarea
Los cristianos de hoy somos llamados por Jesús a ser constructores y mensajeros de su paz. San Agustín afirma en sus escritos que la paz es “la tranquilidad en el orden”. Él entiende que el orden se da cuando cada persona tiene lo que le corresponde según su dignidad y, entonces, como fruto, goza de la tranquilidad. En este sentido, la paz tiene que ver con la justicia, por eso el papa san Juan Pablo II, en uno de sus mensajes de la jornada mundial de la paz, decía: “Si quieres la paz, trabaja por la justicia”. Dar a los niños contención y afecto; tratarnos con respeto y consideración en el ámbito de la familia; apagar un momento el celular para dialogar serenamente y escucharnos en vez de maltratarnos y acusarnos mutuamente; generar trabajo para que, mediante un empleo, muchas personas puedan tener acceso a una vida digna; ceder el paso a los que caminan mientras conducimos nuestro vehículo; descubrir lo que el otro necesita y ofrecérselo antes de que lo exprese; rezar a Dios para que un enfermo se cure; para que el pan, el trabajo, la vida honesta y la reconciliación lleguen a todos, son gestos con los cuales podemos construir los vínculos y ser mensajeros de paz en la vida cotidiana. Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Que disfruten de un domingo distendido y en paz.

