Homilía del Obispo: “Dios viene, preparémosle la habitación”

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (Mt. 3,1-12)

Homilía del Obispo: “Dios viene, preparémosle la habitación”

Por monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás

«En aquellos días, se presentó Juan el Bautista proclamando en el desierto de Judea: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”. A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: “Una voz grita en el desierto: ‘Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos”. Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. La gente de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro, y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: ‘Tenemos por padre a Abraham’. Porque yo les digo que de estas piedras, Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. El hacha está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero Aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era; recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible”». Palabra del Señor.

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Dios viene

El Adviento es un tiempo de esperanza porque celebra cuatro modos en que el Señor viene; hacemos memoria de cuando venga a poner fin a esta historia y a dar comienzo a un cielo nuevo y a una tierra nueva; celebramos también la primera venida de Dios en Jesús que nace en un pesebre; tomamos renovada conciencia de la venida de Jesús en cada Misa, donde se hace presente en su Palabra y en su Cuerpo, para que al recibirlo en la comunión, se transforme en nuestro compañero de camino. Finalmente, celebramos la venida de Dios a nuestra alma, y por eso la tenemos que preparar como quien espera un visitante importante y limpia la habitación donde este se va a alojar, para que se sienta bien recibido y como en su casa.

Preparémosle la habitación

La habitación donde quiere alojarse el Señor que viene es nuestro espíritu, nuestro interior y por eso tenemos que “chequearlo” y, si es necesario, limpiarlo, de modo que Dios se sienta cómodo allí. Sabemos que Jesús es humilde y se conformó con un pesebre para nacer, pero si podemos limpiar el pesebre de nuestro corazón, Dios se sentirá en un lugar humilde, pero que ha sido preparado, ordenado y dispuesto para que nazca lo más dignamente posible. Esto termina de realizarse en el Sacramento de la Reconciliación.

Hay una oración que se reza al inicio de cada misa y consiste en examinar nuestra persona en cuatro aspectos o actitudes, para ver si es apta para hospedar a Dios. La oración es conocida como el “Yo confieso” y dice: “He pecado de pensamiento, palabra, obra y omisión”. Por lo tanto, nos invita a examinarnos en esas cuatro actitudes. Para empezar, hay que “girar 180 grados nuestro dedo, y en vez de señalar a los demás acusándolos, cosa que hacemos habitualmente, tenemos que señalarnos a nosotros mismos y descubrir nuestras fallas personales. ¿Cómo fue mi pensamiento hoy? ¿Bueno, malo, pesimista, acusador, impuro, amargo? ¿Cómo fueron mis palabras? ¿Constructivas o destructivas, hicieron reír o llorar a los demás, fueron una caricia o una bofetada para quienes convivieron conmigo? ¿Cómo fueron mis obras? ¿Buenas o malas, mostraron a una persona solidaria o individualista, comprometida o indiferente? ¿Omití algo que debía hacer y no lo hice? ¿Vi a un necesitado o a un compañero triste o en problemas y fingí no verlo y no sentir para no quedar comprometido o me conmoví, paré e hice un gesto por él?

Un giro de 180 grados a nuestro dedo acusador para acusarnos a nosotros mismos y ponderar lo bueno de los demás es un muy buen modo de limpiar nuestra habitación, para transformarnos en personas con más capacidad de hospitalidad y hacer descansar a quienes nos rodean; y por si eso fuera poco, para alojar a Jesús que viene. De este modo, Dios podrá hospedarse en nuestro corazón y recibiremos una lluvia de bendiciones, porque Él nunca se deja ganar en generosidad. Esto es lo que hizo María Santísima; lo alojó en su corazón limpio y se convirtió en la Madre de Dios; así llevaremos a Dios en nosotros y seremos mujeres y hombres de escucha, tendremos la paz de Dios en nosotros y la disfrutarán también quienes nos rodean o se crucen en nuestro camino.

Buen domingo y buen almuerzo.

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