Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo (Mt. 11,2-11)

Por Monseñor Hugo Norberto Santiago
Obispo de la Diócesis de San Nicolás
“Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: ‘¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?’ Jesús le respondió: ‘Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres.¡ ¿Y feliz aquél para quien Yo no sea motivo de tropiezo! Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo: ‘¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes. ¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. Él es aquél de quien está escrito: ‘Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino’. Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él”. Palabra del Señor.
La necesidad de alegría
Este tercer domingo de Adviento se llama “Gaudete”, el término latino hace referencia a una llamada al gozo y la alegría. El Papa Pablo VI en una carta llamada “Gaudete in Dómino”, es decir “Alégrense en el Señor”, parte de una constatación, de una evidencia; ¿quién de nosotros no se encuentra necesitado de alegría?, pero “¿Podemos hablar de alegría a un mundo sufriente? ¿Podemos hablar de alegría a un mundo dolorido, lloroso, hambriento, desgarrado en el alma de tantos hombres? La respuesta es “sí”: puede y debe hablarse de alegría a nuestro mundo triste”. Continúa diciendo el Papa: “Es precisamente en medio de sus dificultades cuando nuestros contemporáneos tienen necesidad de conocer la alegría, de escuchar su canto”. El Papa se da cuenta de que los gérmenes de destrucción son tantos y tan fuertes, que a esas potencias del mal, a esas tristezas cotidianas que se han hecho carne propia en el hombre, hay que oponerles no sólo un dique de “aguante” y soporte, sino un nuevo germen que contagie y cambie ese estado de cosas. Luego afirma que, “del mismo modo como los males de fuera y de dentro son causa de tristeza para nuestro corazón, son el Bien y los bienes los que provocan en nosotros alegría”.
Alegrías al alcance de todos
Luego el Papa habla de “alegrías naturales al alcance de todos” que hay que aprender a disfrutar, por ejemplo, la alegría de estar vivos y sanos, de poder ver, oír, sentir, gustar. ¿Es necesario perder la vista para valorar la alegría de ver? ¿Tenemos que estar en una silla de ruedas para valorar la alegría de caminar? No debería ser así. Por otra parte, el Papa enumera la alegría del deber cumplido, la alegría de un paisaje bello, de un momento de sosiego y de paz.
La alegría del encuentro
En razón de la brevedad, desarrollo solamente la alegría del “encuentro, la participación y la común unión entre personas. Es la alegría de sentirnos “alguien”, una persona con capacidad de comunicación que puede experimentar la alegría en el encuentro, la participación y la unidad con los demás. Es la alegría de la amistad. El hablar de “encuentro” con el otro nos entusiasma porque como personas tenemos una capacidad de conocimiento y amor, una natural aptitud para la comunicación que posibilita la amistad. “Participación” nos está indicando que lo que el otro es y lo que yo soy puede “partirse y compartirse” con los demás y llegar a un nosotros, eso son los amigos o los esposos. Esa participación llega a un nivel óptimo en la común unión, es decir, cuando nos encontramos en los mismos sentimientos, cuando llegamos a alegrarnos y llorar por lo mismo. Pongo un ejemplo que parece trivial y sin embargo es de fácil constatación: “la alegría por cada partido que ganaba Argentina en el último mundial de futbol. Es evidente, fue una alegría contagiosa que disfrutaron multitudes. Un ejemplo más profundo es cuando nos unimos en un mismo proyecto de vida en favor de los demás y se da una sintonía desde el corazón; esa común unión nos da alegría. El encuentro respetuoso y amoroso de las personas trae alegría, sobre todo cuando juntos miramos hacia un mismo objetivo, proyecto o destino. Que Dios te bendiga, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Buen domingo.

