Histórica tormenta de nieve paraliza Nueva York y el noreste

Una de las peores nevadas en años golpea al noreste de EE. UU.

Calles de Nueva York cubiertas de nieve durante la tormenta

NewsITe

Nueva York y gran parte del noreste de Estados Unidos atraviesan por una de las tormentas de nieve más severas de los últimos años, con intensas ráfagas de viento y acumulaciones históricas que paralizaron el transporte y alteraron la vida cotidiana de millones de personas. El fenómeno, catalogado como ventisca por el National Weather Service (NWS), se caracteriza por la combinación de fuertes nevadas, vientos persistentes y una visibilidad extremadamente reducida.

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La nevada comenzó de manera moderada el domingo 22 por la mañana, pero se intensificó con el correr de las horas. Hacia la noche, se registraron picos de hasta tres pulgadas de nieve por hora (alrededor de 7,5 centímetros), lo que rápidamente cubrió calles, autopistas y veredas, generando condiciones de whiteout, con visibilidad inferior a un cuarto de milla. Las autoridades advirtieron que, en muchos tramos, conducir resultaba directamente “peligroso o imposible”.

Los avisos de ventisca se extendieron a grandes centros urbanos del noreste, entre ellos Nueva York, Filadelfia y Boston, alcanzando a más de 40 millones de personas. En diversas localidades de los estados de Nueva York, Rhode Island y Massachusetts se registraron acumulaciones superiores a los 60 centímetros de nieve. En el área metropolitana de Nueva York y Nueva Jersey, en tanto, las mediciones oscilaron entre 16 y 24 pulgadas, con sectores aislados que llegaron a las 30 pulgadas, es decir, más de 75 centímetros.

Vuelos cancelados, rutas intransitables y estado de emergencia

El sistema aéreo fue uno de los más golpeados por el temporal. Según datos preliminares, más de 10.000 vuelos fueron cancelados hasta el martes, con aeropuertos clave como LaGuardia registrando tasas de cancelación superiores al 98% durante el lunes. Las terminales aéreas recomendaron a los pasajeros no concurrir a los edificios si no contaban con una reprogramación confirmada.

  • Más de 40 millones de personas bajo avisos de ventisca en el noreste del país.
  • Acumulaciones de nieve superiores a 60 centímetros en varios estados.
  • Más de 10.000 vuelos cancelados y aeropuertos prácticamente paralizados.
  • Calles y autopistas con visibilidad casi nula por el efecto de whiteout.

Frente a la magnitud del fenómeno, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, declaró el estado de emergencia para toda la ciudad, además de Long Island, amplias zonas de Nueva Jersey y el área conocida como Lower Hudson Valley. El objetivo de la medida es facilitar recursos y coordinación entre las distintas agencias de emergencia, así como desalentar traslados innecesarios.

“Nuestra ciudad se enfrenta a su segunda tormenta de nieve en menos de un mes y a la primera ventisca desde 2016. El viaje del lunes por la mañana será extremadamente peligroso”, advirtió el alcalde en conferencia de prensa, e instó a los neoyorquinos a permanecer en sus hogares.

Refugios abiertos y protocolos por frío extremo

Como parte de la respuesta oficial, la administración municipal activó el protocolo Code Blue desde el sábado a las 16, lo que garantiza acceso irrestricto a refugios para personas en situación de calle o con viviendas precarias. Bajo ese esquema, ningún centro puede negar alojamiento por falta de documentación o residencia, una medida clave frente a las bajas temperaturas y el riesgo de hipotermia.

Además, se dispusieron 18 autobuses de calentamiento distribuidos en distintos barrios, 11 espacios hospitalarios especialmente acondicionados y 13 centros escolares habilitados para recibir a quienes necesiten resguardo. Las autoridades locales y estatales recomendaron limitar al máximo las salidas, revisar sistemas de calefacción y estar atentos a los partes meteorológicos, ya que se prevé que los efectos de la tormenta se prolonguen durante las próximas horas.

La histórica nevada vuelve a poner en debate el nivel de preparación de las grandes urbes del noreste de Estados Unidos frente a fenómenos invernales extremos, que, según especialistas, podrían volverse más frecuentes en un clima global cada vez más inestable.

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