Haruki Murakami: dos libros para escuchar su pasión musical

Murakami, entre el jazz y la música clásica en dos nuevos libros

Haruki Murakami y su relación con el jazz y la música clásica

NewsITe

Buenos Aires, 22 de febrero (NA) – Figura clave de la literatura contemporánea y eterno candidato al Nobel, el japonés Haruki Murakami vuelve a las librerías argentinas, esta vez no con una novela, sino con dos libros donde la música ocupa el centro de la escena. Se trata de Retratos de jazz y Música, sólo música, ambos publicados en el país por Tusquets Editores, que permiten descubrir al escritor lejos de la ficción, hablando en primera persona de su gran pasión musical.

Lejos de cualquier manual académico, estas obras funcionan como una especie de autobiografía en clave sonora. A través de sus recuerdos, sus discos y sus escuchas obsesivas, Murakami revela cómo el jazz y la música clásica moldearon no sólo su sensibilidad, sino también el pulso de su escritura, marcada por el ritmo, la improvisación y el clima emocional de cada obra.

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En Retratos de jazz, el autor abre las puertas de la colección de vinilos que comenzó a reunir en los años 70, cuando regenteaba el club Peter Cat en Tokio. El libro reúne 55 perfiles de músicos que dejaron huella en su vida y en su formación artística. Las ilustraciones de Makoto Wada acompañan un recorrido que se lee a la vez como guía para escuchar y como mapa íntimo de sus obsesiones sonoras.

El recorrido arranca con Chet Baker y se cierra con Gil Evans, pero en el medio desfilan nombres esenciales del género: Charlie Parker, Billie Holiday, Duke Ellington, Miles Davis, Thelonious Monk y muchos otros. Murakami mantiene un ritual: escucha al menos un disco por día, termina la audición y recién entonces se sienta a escribir, como si tradujera en palabras aquello que la música dejó resonando.

El resultado son textos breves, sin tecnicismos, que combinan anécdotas, impresiones personales y referencias históricas. El jazz aparece allí como un territorio de libertad expresiva, desde el swing hasta el bebop, del cool al free, donde lo importante no es tanto clasificar subgéneros como registrar la experiencia de escucha y el impacto emocional de cada pieza.

Del club de jazz a la sala sinfónica

Murakami ha contado en varias ocasiones que le debe al jazz buena parte de su estilo literario. A los 15 años, tras escuchar en Kobe al baterista Art Blakey, sintió que esa energía y ese pulso podían trasladarse a la página en blanco. En Retratos de jazz, cada perfil funciona como una improvisación controlada: un solo narrativo en el que el ritmo tiene tanto peso como la información que se ofrece al lector.

Si el primer libro es una carta de amor al jazz, Música, sólo música amplía el foco hacia la tradición clásica, a partir de una serie de diálogos con el prestigioso director de orquesta Seiji Ozawa. Concebido tras la enfermedad que obligó al maestro a frenar su actividad, el volumen, publicado originalmente en 2011, combina memoria personal, análisis de grabaciones y reflexión estética sobre el oficio musical.

A lo largo de más de trescientas páginas, Murakami y Ozawa escuchan y comparan distintas versiones de Beethoven y Brahms, revisan registros históricos y discuten sobre el sonido de grandes orquestas internacionales. Las preguntas del escritor, curiosas y minuciosas, permiten que el lector ingrese en la cocina de la interpretación clásica, un mundo donde cada matiz, cada tempo y cada decisión de lectura puede cambiar por completo una obra.

La música clásica aparece entonces como espacio de disciplina y estudio riguroso, en contraste pero también en diálogo con la espontaneidad del jazz que atraviesa al autor. Murakami se mueve con comodidad entre ambos universos, y en ese ida y vuelta se perfila una idea central: escuchar también es una forma de escribir. Ya frente a un vinilo de Parker o a una sinfonía centroeuropea, afinar el oído es, para él, el primer paso para encontrar la voz.

En la intersección entre sonido y palabra, la obra de Haruki Murakami revela una de sus claves más íntimas: la literatura como eco de una vida escuchada en estéreo.

Con estas dos publicaciones, el público argentino tiene la oportunidad de acercarse a un Murakami distinto, que deja por un momento los laberintos de la ficción para compartir, sin máscaras, el repertorio que lo acompaña desde joven y que late detrás de cada una de sus novelas.

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