El titular de la CAC trazó un duro diagnóstico pero se mostró optimista

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En un contexto de fuerte debate sobre el poder de compra de los salarios, el presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), Mario Grinman, analizó la coyuntura económica y advirtió que en los rubros de consumo masivo se registran caídas interanuales de entre el 4% y el 7%. El dirigente empresarial, al frente de una entidad que en 2024 cumple 100 años, planteó que el escenario es “muy heterogéneo” y que conviven sectores en crisis con otros que muestran una recuperación más clara.
Grinman subrayó que la pérdida de poder adquisitivo sigue siendo el factor central detrás del retroceso del consumo. Según detalló, el salario real todavía se encuentra alrededor de un 10% por debajo de la inflación y los hogares deben destinar una porción cada vez mayor de sus ingresos al pago de tarifas de servicios públicos, transporte y medicina prepaga, luego de la reducción de subsidios. En ese marco, se verifica un cambio en los hábitos de compra: las familias priorizan las facturas y los alimentos, muchas veces recurriendo a segundas marcas, y postergan la renovación de indumentaria u otros bienes durables.
Para el titular de la CAC, no hay “soluciones mágicas” y el desafío del sector privado es asumir que la salida demandará tiempo, inversión y capacidad de competir. Consideró que el actual gobierno comenzó a corregir desequilibrios estructurales como el déficit fiscal, la emisión monetaria y la falta de dólares genuinos, y destacó el potencial de Vaca Muerta, el petróleo, el gas, la minería y el agro para generar divisas en los próximos años. Ese flujo, sostuvo, podría consolidar el superávit comercial, bajar impuestos y mejorar los salarios si se sostiene una política de estabilidad.
Consumo, prioridades y sectores que se reacomodan
Grinman describió un mapa de consumo dispar: mientras supermercados, indumentaria y otros rubros de consumo masivo muestran descensos pronunciados, algunos segmentos avanzan, como el de autos eléctricos, favorecidos por líneas de financiamiento, incentivos impositivos y nuevas preferencias de los consumidores. En ese marco, insistió en que el problema no está en las importaciones sino en el ingreso disponible de las familias.
El dirigente señaló que la actual contracción también está asociada al fin de un ciclo de tarifas artificialmente bajas y emisión para sostener el gasto. “Argentina vivió muchos años en una isla de la fantasía”, graficó, aludiendo a los subsidios generalizados que, a su juicio, terminaron alimentando la inflación que más golpea a los sectores vulnerables. Ahora, aseguró, las familias reordenan sus cuentas: primero servicios esenciales, luego alimentos y, recién después, otros consumos.
Competitividad, presión tributaria e infraestructura
Más allá de la coyuntura, Grinman remarcó que el país arrastra problemas de competitividad que exceden a las empresas puertas adentro. Enumeró como factores críticos la presión tributaria —con entre 160 y 170 impuestos entre Nación, provincias y municipios—, los elevados costos logísticos y las deficiencias de infraestructura. Afirmó que con apenas una decena de tributos se recauda alrededor del 90% de los recursos, por lo que el resto genera más burocracia que ingresos efectivos.
- Alta carga impositiva y necesidad de “limpiar” tributos ineficientes.
- Costos logísticos que encarecen la producción en el interior del país.
- Falta de crédito de largo plazo para invertir y modernizarse.
- Exceso de regulaciones y trámites que demoran decisiones de inversión.
En ese sentido, valoró las desregulaciones orientadas a reducir burocracia, aunque advirtió que aún persisten trabas que obligan a las empresas a peregrinar por múltiples organismos para obtener habilitaciones y permisos. También planteó que la recuperación del crédito será clave para motorizar inversiones en infraestructura y tecnología, tanto con participación estatal como privada.
Economía informal y apertura al mundo
Otro punto que preocupa a la CAC es la economía informal y el contrabando. Grinman estimó que uno de cada tres celulares vendidos en Argentina ingresa de manera ilegal, fenómeno que también alcanza a cigarrillos, bebidas, indumentaria y otros productos, con una pérdida fiscal cercana a los US$2.500 millones anuales. Reclamó fortalecer los controles y la fiscalización del origen de la mercadería, diferenciando al turista ocasional del ingreso masivo de bienes para su comercialización.
“Hay que prepararse para competir. Argentina necesita muchas más empresas: cuantas más haya, más empleo privado y menos dependencia del Estado”, resumió Grinman.
El empresario defendió la apertura comercial y los acuerdos de libre comercio, como el que se impulsa entre el Mercosur y la Unión Europea, al considerar que amplían el mercado potencial para los productos argentinos. A la vez, pidió sostener el equilibrio fiscal, mejorar la infraestructura y seguir reduciendo la carga impositiva para que las compañías puedan competir en igualdad de condiciones.
Mirando hacia adelante, Grinman planteó tres prioridades para la agenda económica: mantener la continuidad del rumbo actual sin volver a esquemas de corte populista, profundizar las condiciones para atraer inversión privada y multiplicar la cantidad de empresas en el país. Solo así, concluyó, será posible romper el círculo vicioso de bajos salarios, menor consumo y escasa creación de empleo formal.

