La activista sueca afirmó que fue agredida y humillada mientras permanecía presa tras ser interceptada junto a una flotilla que intentaba llevar ayuda humanitaria a Gaza. “Imagina lo que le hacen a los palestinos”, advirtió.

La activista ambiental Greta Thunberg denunció que sufrió “vejaciones, golpes y amenazas” durante su detención en Israel, tras haber participado de una flotilla internacional que transportaba ayuda humanitaria para los palestinos de Gaza. El hecho ocurrió el 1° de octubre, cuando el convoy fue interceptado por fuerzas israelíes mientras intentaba romper el bloqueo marítimo sobre la Franja.
En declaraciones al diario sueco Aftonbladet, Thunberg relató que fue agredida mientras se encontraba privada de su libertad y que su valija fue vandalizada. “Dibujaron un miembro viril y escribieron la frase ‘Greta puta’”, contó la activista.
“Esto no va sobre mí o sobre otros miembros de la flotilla. Esto va sobre los miles de palestinos y los cientos de niños que son encarcelados sin un juicio previo y que son torturados en su mayoría”, señaló Thunberg, al comparar su experiencia con la situación que viven los prisioneros palestinos.
“Si tratan así a una persona conocida, blanca, con pasaporte sueco… imagina lo que le hacen a los palestinos a puerta cerrada”, advirtió.
Detención y liberación de los activistas
La flotilla, integrada por 42 barcos con tripulantes de distintas nacionalidades, fue detenida por Israel mientras intentaba llegar a Gaza con alimentos, medicinas y suministros de emergencia. En el operativo, las autoridades israelíes arrestaron a 450 personas, entre ellas ciudadanos argentinos.
Tras varios días de detención en la prisión de Ketziot, 137 activistas de 13 países fueron deportados y enviados a Estambul, Turquía, desde donde partieron hacia sus países de origen. Un grupo de italianos que llegó posteriormente a Roma denunció que las fuerzas israelíes los trataron “como monos”.
Testimonios desde la cárcel
Thunberg también describió las condiciones del lugar donde permaneció detenida y aseguró que observó “agujeros de bala y rastros de sangre” en las celdas. “Lo que nosotros hemos tenido que pasar es solo una pequeña parte de lo que los palestinos experimentan”, manifestó la activista sueca, quien regresó a su país tras su liberación.
El caso reavivó las denuncias de organismos internacionales sobre el trato a los detenidos palestinos en cárceles israelíes, especialmente en el contexto del conflicto en Medio Oriente y del bloqueo impuesto sobre la Franja de Gaza.

