Goldín advirtió por la falta de pesos que frena la reactivación

Goldín alerta por la “paz de los cementerios” en la economía

El economista Pablo Goldín analiza la falta de liquidez en la economía argentina

NewsITe

El economista Pablo Goldín, director de la consultora MacroView, advirtió que el principal escollo del programa económico del Gobierno es la falta de liquidez en pesos, un factor que, según su mirada, está trabando la reactivación y poniendo en riesgo la sostenibilidad del plan oficial de cara a las elecciones de 2027.

En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, Goldín señaló que todo programa exitoso en el país debe cumplir cuatro objetivos: estabilidad cambiaria, buen financiamiento de la deuda pública, inflación baja y sostenida en el tiempo, y un proceso claro de reactivación con mejoras en exportaciones, consumo e inversión. Para el economista, los tres primeros puntos muestran avances parciales, pero el cuarto —la reactivación— es el más rezagado.

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Goldín describió una economía partida: un 20% de la actividad vinculado al campo, la energía, la minería y parte del sistema financiero muestra buenos indicadores, mientras que el resto —construcción, industria, comercio y servicios— atraviesa serias dificultades. A su criterio, la causa central es la falta de remonetización: hay menos pesos circulando en billetes, depósitos y crédito que en otras etapas de crecimiento.

El economista ejemplificó que hoy la economía se mueve con unos $180 billones entre efectivo y depósitos, cuando en años de mayor dinamismo el nivel rondaba los $220 billones. Es decir, faltarían entre $40 y $50 billones para lubricar el nivel de actividad. Esa escasez golpea sobre todo a los sectores más dependientes del crédito y del flujo de pesos.

El dilema entre bajar la inflación y reactivar

Goldín explicó que el Banco Central viene comprando dólares y ya habría emitido alrededor de $20 billones para hacerlo, pero gran parte de esa liquidez se esteriliza mediante operaciones con bonos. De ese monto, estimó, solo quedarían unos $4 billones efectivos en la economía real, muy por debajo de lo que se necesitaría para impulsar la demanda.

En este contexto, describió el dilema del Gobierno: bajar la inflación con una economía enfriada o aceptar un sendero desinflacionario más lento pero con mayor nivel de actividad. A su juicio, lograr una inflación del orden del 1% mensual con consumo deprimido, escaso crédito y poco movimiento económico puede derivar en una suerte de “paz de los cementerios”, difícil de sostener en el tiempo y poco compatible con un programa exitoso.

Respecto al crédito en dólares como alternativa de financiamiento, Goldín se mostró escéptico sobre su impacto en el corto plazo. Consideró que el plazo hasta 2027 es demasiado breve para que se consolide un ciclo virtuoso basado en endeudamiento externo privado, sobre todo mientras persista la preferencia de los ahorristas por dolarizarse y mantener sus reservas fuera del circuito productivo local.

Dólar, elecciones y confianza en el programa

Goldín también vinculó la persistente demanda de dólares —que estimó en unos US$2.000 millones mensuales— con una combinación de desconfianza residual en el esquema económico actual, incertidumbre electoral y la percepción de que el tipo de cambio podría estar relativamente barato. Si el dólar subiera a niveles más altos, evaluó, esa presión compradora podría moderarse.

Sobre el esquema cambiario, remarcó que hoy el tipo de cambio surge de un mercado relativamente libre de oferta y demanda, aunque con intervención indirecta del Gobierno y restricciones a la compra por parte de empresas. En ese marco, descartó la idea de una devaluación discreta clásica y planteó que el ajuste podría darse de manera más gradual a través del propio funcionamiento del mercado.

De cara a las presidenciales, el economista consideró que el oficialismo llegará con “resultados a medias” y que la competitividad electoral dependerá tanto de la evolución de la economía como de la oferta política opositora. Advirtió que el Gobierno deberá cuidar el frente externo —deuda y tipo de cambio— y, al mismo tiempo, encontrar margen para una mayor remonetización que permita encender la reactivación sin desbordes cambiarios.

“El principal problema que tiene este programa es que no hay suficiente liquidez para mover la economía”, sintetizó Pablo Goldín, quien alertó que una baja de la inflación con la economía “muerta” no es un escenario sostenible ni políticamente rentable.

En ese equilibrio frágil entre estabilidad, crecimiento y expectativas políticas se jugará, según Goldín, buena parte del futuro del programa económico y de las chances del oficialismo de renovar mandato.

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