García Cuerva reclamó compromiso ante pobreza y desocupación

El arzobispo porteño llamó a no ser indiferentes frente a la crisis social

Jorge García Cuerva durante la homilía en la Iglesia San Patricio de Belgrano

NewsITe

En una misa celebrada en el barrio porteño de Belgrano, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, instó a la sociedad a reforzar el compromiso con quienes atraviesan el “agobio de la falta de trabajo” y la “aflicción de la pobreza”. El llamado se dio en un contexto de fuerte deterioro social y económico, con indicadores de desocupación y pobreza que afectan de manera especial a los sectores más vulnerables.

Acompañado por el obispo de La Rioja y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Dante Braida, García Cuerva encabezó la homilía en la Iglesia San Patricio, en Belgrano, donde remarcó que la Iglesia no quiere ser espectadora pasiva del sufrimiento social. “No queremos ser indiferentes, no queremos que nos ganen la crueldad y el individualismo”, sostuvo, en un mensaje que buscó interpelar tanto a dirigentes como a ciudadanos de a pie.

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El arzobispo enumeró las realidades que hoy golpean a miles de familias: la pérdida o precarización del empleo, la imposibilidad de llegar a fin de mes, la soledad de los adultos mayores y la situación de quienes viven en la calle o en condiciones de extrema vulnerabilidad. En ese marco, llamó a construir redes de contención y solidaridad concretas, más allá de las diferencias políticas o ideológicas.

La misa tuvo, además, un fuerte contenido de memoria histórica: se celebró al cumplirse 50 años del asesinato de los llamados curas palotinos, tres sacerdotes y dos seminaristas que fueron acribillados en la madrugada del 4 de julio de 1976, pocos meses después del golpe de Estado que dio inicio a la última dictadura militar.

A 50 años del crimen de los curas palotinos

El ataque ocurrió dentro de la misma Iglesia San Patricio, donde se desarrolló la ceremonia de este sábado. Allí fueron asesinados los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti, en un hecho atribuido a fuerzas vinculadas al aparato represivo del gobierno de facto. El episodio se transformó con el tiempo en uno de los símbolos de la persecución a sectores de la Iglesia comprometidos con los derechos humanos y los sectores populares.

Al recordar a las víctimas, García Cuerva subrayó que “su delito fue pregonar el Evangelio a destiempo, defender la vida y la dignidad humana”. Describió la imagen de la alfombra roja del templo manchada con sangre como un signo perdurable del costo de esa fidelidad al mensaje evangélico y a la opción por los más postergados.

  • Los cinco religiosos fueron asesinados en 1976 dentro de la Iglesia San Patricio.
  • El hecho se inscribe en el plan represivo de la última dictadura militar.
  • La conmemoración se da en un contexto de grave crisis social y económica.

“No fue la muerte de individuos aislados; fue el testimonio de una comunidad, de una fraternidad que incomodó al poder de turno porque vivía el Evangelio sin anestesia”, remarcó García Cuerva durante la homilía.

En el cierre de la ceremonia, el arzobispo convocó a transformar la memoria en compromiso cotidiano, con especial atención a quienes hoy sufren la pobreza, la desocupación y la exclusión. “Honrar a los curas palotinos es animarnos a vivir una fe que mire a los costados y no sólo hacia el cielo”, señaló, al tiempo que renovó el pedido de que el Estado, las organizaciones sociales y la comunidad en su conjunto trabajen de manera coordinada para enfrentar la crisis social que atraviesa el país.

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