Fragata Sarmiento: la nave escuela que llevó la Patria por el mar

El emblemático buque escuela que forjó generaciones de marinos

Fragata Presidente Sarmiento, buque escuela histórico argentino

NewsITe

El 12 de enero de 1899 la Fragata Presidente Sarmiento zarpó por primera vez del dique 4 del puerto de Buenos Aires, bajo la mirada del presidente Julio Argentino Roca, miembros de su gabinete, autoridades militares y familiares de los tripulantes. Aquella moderna nave, comandada por el capitán de fragata Onofre Betbeder, nació como símbolo de las aspiraciones de una Argentina que buscaba consolidar su presencia en el mundo y modernizar su marina de guerra.

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La visión de Domingo Faustino Sarmiento fue clave para ese proceso. Desde la presidencia, comprendió que el país necesitaba fuerzas navales capaces de respaldar la política exterior y defender los intereses argentinos en la región. Tras la Guerra de la Triple Alianza y en un contexto de tensiones limítrofes con Brasil y Chile, la Argentina se encontraba en clara desventaja: el gigante brasileño extendía su influencia sobre el territorio paraguayo y dominaba los ríos interiores, mientras que en el sur las aspiraciones chilenas llegaban hasta la ría de Santa Cruz.

Ante este escenario, Sarmiento impulsó una profunda renovación naval. Encargó a astilleros británicos la construcción de monitores, bombarderas y cañoneras —entre ellas la histórica Uruguay— y reforzó la defensa de la isla Martín García. Además, fundó la Escuela Naval el 5 de octubre de 1872, completando el sistema de formación militar iniciado con el Colegio Militar. En sus inicios, la instrucción se realizaba a bordo del vapor General Brown y, luego, en la corbeta Uruguay.

Construcción, características y primer viaje alrededor del mundo

La Fragata Presidente Sarmiento fue construida en los astilleros Laird Brothers, en Birkenhead, cerca de Liverpool, uno de los polos navales más importantes del Reino Unido. Botada en 1897, se ubicó entre los buques escuela más avanzados de su tiempo. Su casco de acero, revestido con madera de teca y chapa de cobre, garantizaba resistencia y durabilidad en travesías de larga distancia. Con 85,5 metros de eslora y 13,32 de manga, representó una inversión de 1.300.000 pesos fuertes para el Estado argentino.

La fragata combinaba vela y vapor: estaba equipada con calderas y un motor de 1.800 caballos de fuerza, además de una batería de cañones de distintos calibres, ametralladoras y tubos lanzatorpedos. Su mascarón de proa exhibía la figura de la República Argentina sosteniendo el Escudo Nacional, pieza que hoy se conserva en el Museo Naval de la Nación, en Tigre. A bordo viajaban 32 oficiales con camarotes propios, mientras que los cadetes y unos 275 marineros dormían en clásicas hamacas marineras.

El primer viaje de instrucción —de los 37 que realizaría— se extendió por más de veinte meses y cubrió 48.500 millas náuticas. A Betbeder lo secundaban el capitán de navío Enrique Thorne y el teniente de fragata Julián Irízar. La tripulación, de 338 personas, incluía médico, farmacéutico, contador e incluso un fotógrafo, Pastor Valdéz, quien documentó la travesía y dictó clases de fotografía a los cadetes. A bordo funcionaban sastrería y biblioteca, lo que convertía al buque en una verdadera ciudad flotante.

De los grandes acontecimientos mundiales a la historia de Lampazo

A lo largo de sus casi cuatro décadas de viajes, la Fragata Sarmiento dio alrededor de cuarenta veces la vuelta al mundo y tocó 71 puertos en su travesía inaugural. Fue testigo y protagonista de hechos históricos: integró la flota que acompañó el célebre “abrazo del Estrecho” entre los presidentes de Argentina y Chile en 1899; estuvo presente en la coronación del rey Eduardo VII en 1902; participó de los festejos por el centenario de la independencia de México en 1910 y de la apertura del Canal de Panamá el 15 de agosto de 1914.

También escoltó homenajes a próceres argentinos en el exterior: formó parte de la flota que asistió a la inauguración del monumento a José de San Martín en Boulogne-sur-Mer, el 24 de octubre de 1909, y en 1927 estuvo presente en Génova, en el emplazamiento del monumento a Manuel Belgrano. Incluso llegó a enfrentar el acoso de dos barcos piratas en 1908, mientras navegaba rumbo a Cuba, episodio que alimentó la leyenda de la nave.

Entre las anécdotas más recordadas sobresale la historia de Lampazo, un perro terranova que se sumó a la tripulación hacia 1921. Con la aprobación del comandante de entonces, el capitán Laprade, el animal se convirtió en mascota oficial del buque. Su nombre surgió por la larga y peluda cola, siempre en movimiento, que recordaba a un lampazo para lustrar los pisos. Su mayor gesto de heroísmo ocurrió cuando un marinero cayó al agua: Lampazo se arrojó al mar y lo sostuvo a flote hasta que pudo ser rescatado. Tras su muerte, la tripulación decidió embalsamarlo, y hoy puede verse en una vitrina a bordo de la fragata.

De buque escuela a monumento histórico nacional

Entre 1899 y 1938, la Fragata Sarmiento realizó 37 viajes de instrucción alrededor del mundo y luego continuó como buque de prácticas en aguas nacionales hasta 1960. Su última vuelta al mundo fue en 1938, bajo el mando del capitán de fragata Luis S. Malerba, con 37 cadetes de la promoción 65. En 1962 fue declarada Monumento Histórico Nacional y convertida en museo, abierta al público como testimonio vivo de la historia naval argentina.

Desde 1998, cada 31 de agosto se conmemora el Día de la Fragata Presidente Sarmiento, en recuerdo de su botadura. Allí, anclada en Puerto Madero, la nave escuela que “es la Patria que va por el mar”, como afirma su marcha, sigue invitando a las nuevas generaciones a recorrer sus cubiertas y descubrir un capítulo fundamental de la construcción del país y de su vocación marítima.

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