Flybondi, en su peor crisis: flota reducida y deudas millonarias

La primera low cost argentina atraviesa una tormenta sin precedentes

La aerolínea Flybondi, pionera del modelo low cost en la Argentina desde 2018, enfrenta la etapa más crítica desde su desembarco en el país. Lo que hasta hace pocos meses se presentaba como un agresivo plan de expansión, con anuncios millonarios y promesas de crecimiento sostenido, hoy aparece desdibujado por una crisis operativa, financiera y laboral que pone en duda su continuidad.

En el último año, entre junio de 2025 y mayo de 2026, la compañía acumuló cerca de 2.500 vuelos cancelados, con más de 350.000 pasajeros afectados. Solo en mayo, alrededor del 47% de los servicios programados no se concretaron y la puntualidad cayó a niveles cercanos al 26%, muy por debajo de otros jugadores del mercado como Aerolíneas Argentinas y JetSMART.

El núcleo del problema está en la operación diaria. Aunque Flybondi llegó a informar una flota de entre 12 y 15 aviones, en la práctica solo habría entre uno y tres aparatos efectivamente en servicio. El resto permanece en tierra por dificultades de mantenimiento, conflictos derivados de contratos de leasing y retrasos en los pagos a proveedores, según surge de informes y presentaciones judiciales recientes.

Conflicto laboral y renuncias en la cúpula

El frente laboral también muestra señales de fuerte estrés. La empresa acordó suspensiones rotativas con parte de sus tripulaciones, con una garantía salarial del 70% del ingreso habitual. Paralelamente, alrededor de 300 trabajadores dejaron la compañía mediante retiros voluntarios, mientras ex empleados denuncian demoras en el pago de indemnizaciones y en el cumplimiento de acuerdos rescisorios.

La conducción corporativa tampoco logró mantenerse ajena al temblor. La renuncia de la CEO Paz Lovisolo, quien estuvo apenas unos meses al frente de la firma, se sumó a otras salidas de ejecutivos de primera línea. Estos movimientos alimentan las dudas sobre la gobernabilidad interna y la capacidad del management para encarar un plan de rescate consistente.

Deudas, juicios y pérdida de mercado

En el plano financiero, Flybondi arrastra pasivos que ya se ventilan en los tribunales. La empresa enfrenta una demanda de la firma de transporte Manuel Tienda León por más de $122 millones por servicios impagos. A esto se suma el reclamo de Hotel Presidente S.A., que incluso llegó a pedir la quiebra de la aerolínea por una deuda superior a $660 millones vinculada con servicios de alojamiento. Si bien el pedido fue rechazado inicialmente por cuestiones técnicas, el proceso sigue su curso.

El deterioro se refleja además en la pérdida de participación en el mercado de cabotaje. La compañía redujo posiciones en Aeroparque y cedió rutas y frecuencias frente a Aerolíneas Argentinas y JetSMART. Organismos reguladores ya aplicaron sanciones y abrieron actuaciones por cancelaciones masivas y reprogramaciones sobre la hora, que impactaron de lleno en la experiencia de los usuarios.

La discusión en el sector ya no pasa por cuándo normalizará su operación, sino por si Flybondi logrará sobrevivir a una crisis que combina flota paralizada, deudas crecientes y un fuerte desgaste de su imagen entre los pasajeros.

Cancelaciones totales y el avance de los competidores

En los últimos días, la situación alcanzó un nuevo punto crítico cuando Flybondi debió cancelar la totalidad de sus vuelos durante dos jornadas seguidas, dejando a miles de pasajeros varados en la antesala de las vacaciones de invierno. Las escenas de largas filas, reprogramaciones frustradas y reclamos en aeropuertos se multiplicaron en redes sociales.

Mientras tanto, sus rivales directos mueven fichas para aprovechar el contexto. JetSMART acelera su estrategia de crecimiento, con nuevas incorporaciones de flota y anuncios para cubrir los espacios que Flybondi empieza a dejar vacantes. Aerolíneas Argentinas, por su parte, proyecta sumar al menos seis Boeing Max 10 y refuerza rutas y frecuencias de cabotaje.

La paradoja es que el derrumbe se produce poco tiempo después de que Flybondi divulgara un ambicioso plan de inversiones por US$ 1.700 millones, con la intención de incorporar hasta 35 aviones en la próxima década. Hoy, la distancia entre aquellas promesas y la realidad operativa y financiera parece abismal.

A ocho años de su llegada al país y tras haber marcado un antes y un después en la oferta de vuelos baratos, la primera low cost argentina enfrenta una encrucijada histórica. Con flota mínima, conflictos judiciales, trabajadores afectados y una reputación dañada, el sector ya se pregunta si la compañía podrá atravesar esta tormenta o si está asistiendo al ocaso de un modelo que supo revolucionar el mercado local.

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