La falta de lluvias en la cuenca alta pronuncia la bajante. La altura del río Paraná llegaría a 0,40 metros en las próximas semanas. Entre los días que quedan del mes de agosto y la primera semana de septiembre, el río estaría registrando los niveles más bajos esperables para este año. Qué pasará en primavera.

De la redacción de EL NORTE
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El río Paraná registró este martes una altura de 0,91 metros en el hidrómetro ubicado en zona portuaria. Según las mediciones que realiza Prefectura naval, el mes de agosto es el más crítico en lo que va del año y el escenario se encamina a empeorar. La falta de lluvias en la cuenca alta afecta directamente al caudal del río y produce la actual bajante, que los expertos ya habían anticipado que se extendería durante todo el invierno.
El responsable del área de pronósticos del Instituto Nacional de Agua, Juan Borus, explicó que el organismo sigue de cerca la situación. El Paraná se alimenta del aporte de lluvia de Brasil y Paraguay. Se trata de una enorme cuenca de 2,5 millones de kilómetros cuadrados. La alta cuenca de Brasil está en niveles similares a los del 2020 y la del río Paraguay los de 2021 y se encamina a superar el nivel mínimo histórico, un dato que repercute directamente en la región.
Si bien se registraron algunas lluvias mínimas en Brasil, que permitieron que no se acentúe aún más la bajante, no fueron suficientes para revertir el escenario. Entre los días que quedan del mes de agosto y la primera semana de septiembre, el río estaría registrando los niveles más bajos esperables para este año. Según las últimas estimaciones podría rondar los 0,40 metros.
“Si lo comparás con la bajante histórica, que estábamos más de un metro y veinte abajo, estamos mucho mejor”, recordó Borus. Entre 2020 y 2023, el río experimentó un fenómeno histórico con consecuencias en la navegación, la generación de energía eléctrica, la potabilización de agua y la fauna ictícola, entre otros problemas que se repiten por estos días, aunque con menos intensidad.
En ese sentido, Borus señaló que una de las grandes afectadas por la bajante es la navegación fluvial comercial. “Esta bajante impone limitaciones muy fuertes, pero tras los niveles históricos de los últimos años se han adoptado medidas. Todos los operadores fluviales, portuarios y las empresas navieras saben hoy cómo afrontar mejor esta situación”, agregó.
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Qué pasará en primavera
Borus se animó a realizar su propio pronóstico sobre el futuro del Paraná en lo que queda del año. Al respecto, anticipó que la primera mitad de la primavera continuará marcada por la bajante, al punto de alcanzar 0,40 metro, y se mostró optimista para el último bimestre del año.
“La visión para adelante marca la posibilidad de que esta bajante no sea tan larga como la que sufrimos en 2020, que después se vino el 2021 y finalmente tuvimos tres bajantes seguidas”, previó a largo plazo.
En resumen, este año pasó de un río de aguas extremadamente altas a esta disminución del caudal. Extremos que, consecuencia de la variabilidad climática, parecen ser parte de la nueva normalidad del segundo río más largo de Sudamérica. “La variabilidad climática regional, que antes permitía pronósticos más prolongados, obliga a vaticinar escenarios a muy corto plazo”, concluyó Borus.

