Estudio revela cuánto influyen los genes en las rupturas

La genética, bajo la lupa en la estabilidad de las parejas

Pareja de espaldas simbolizando una posible ruptura

NewsITe

¿Hasta qué punto una separación de pareja depende de decisiones conscientes y cuánto está escrito en nuestros genes? Una tesis doctoral de la Universidad de Oslo aporta nuevas pistas y sugiere que la genética influye, aunque de manera limitada, en el riesgo de ruptura de una relación.

La investigación, realizada por la socióloga Ruth Eva Jørgensen, descarta la existencia de un supuesto “gen del divorcio”. En cambio, plantea que miles de pequeñas variantes genéticas, combinadas entre sí, pueden aumentar o disminuir levemente la probabilidad de que una persona termine una relación. El trabajo se basa en datos del Estudio de Cohorte de Madres, Padres e Hijos de Noruega (MoBa), uno de los relevamientos familiares más amplios de ese país.

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Según la autora, estos hallazgos deben entenderse como tendencias estadísticas y no como un pronóstico del futuro de una pareja en particular. El peso de los genes, además, varía según el entorno social, las oportunidades educativas, la historia personal y las características de la pareja. Es decir, la genética nunca actúa sola.

Índices poligénicos y comportamiento de las parejas

El equipo de Jørgensen trabajó con índices poligénicos: resúmenes numéricos que condensan el efecto de miles de variantes genéticas asociadas a un rasgo determinado, como nivel educativo, bienestar subjetivo o conductas de riesgo. Al cruzar esos índices con la trayectoria de las parejas, surgieron patrones llamativos.

Las personas con puntuaciones genéticas más altas asociadas a estudios superiores, mayor bienestar y una edad más tardía al primer parto mostraron un menor riesgo de ruptura. En cambio, quienes tenían índices elevados vinculados a conductas de riesgo —como fumar o iniciar la vida sexual muy temprano— presentaron un riesgo algo mayor de separación.

Uno de los resultados que sorprendió a la propia investigadora fue que un índice poligénico más alto para el neuroticismo se asoció con un menor riesgo de ruptura. Jørgensen interpreta que, en algunos casos, personas ansiosas y vulnerables pueden aferrarse más a la seguridad que les brinda una relación estable.

Qué parte explica la genética y qué parte el entorno

El estudio calculó que las variantes genéticas comunes explican alrededor del 9% de la variación en el riesgo de ruptura de pareja en mujeres y el 3% en hombres. Son cifras sensiblemente menores a las estimaciones de heredabilidad cercanas al 50% que se habían observado en investigaciones previas con gemelos, lo que refuerza la idea de que el contexto pesa mucho.

Para separar el efecto de los genes del impacto del ambiente familiar, los investigadores compararon familias con hijos biológicos y familias adoptivas. Entre los adoptados, la relación entre la ruptura de los padres y la posterior ruptura de los hijos resultó mucho más débil que en los hogares biológicos, lo que indica que parte de la “repetición” de separaciones en una misma familia responde a similitudes genéticas, además de los aprendizajes compartidos.

“Los genes contribuyen a que seamos diferentes, pero actúan junto con nuestra historia de vida, nuestro entorno, nuestra pareja y todo lo demás que sucede en la vida. Es importante evitar una mirada determinista”, advierte Jørgensen.

La tesis concluye que la genética incide, pero no determina. Lejos de ser un destino inmodificable, los factores ambientales, las decisiones personales y la calidad del vínculo siguen siendo claves para construir y sostener una relación afectiva a lo largo del tiempo.

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