Washington defiende su política migratoria en plena previa del Mundial

El Gobierno de Estados Unidos salió a respaldar públicamente la decisión de impedir el ingreso al país del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, designado para el Mundial 2026, y vinculó la medida a estrictos controles de seguridad migratoria impulsados por la administración de Donald Trump.
Artan, distinguido como mejor árbitro masculino de África en 2025 y llamado a convertirse en el primer somalí en dirigir un partido en la historia de los Mundiales, fue rechazado al arribar el 6 de junio al Aeropuerto Internacional de Miami, pese a que las autoridades de Somalia afirman que contaba con una visa en regla.
Andrew Giuliani, director del equipo de trabajo de la Casa Blanca para la Copa del Mundo 2026, explicó en un evento organizado por el centro de estudios Atlantic Council que no puede revelar los detalles del caso, pero sostuvo que existió “una razón de peso” tras la decisión de las agencias migratorias. Según indicó, la medida fue conversada con el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, y con el jefe de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, Rodney Scott, quienes le aseguraron que había “motivos muy sólidos” para negar el ingreso del juez somalí.
El episodio reaviva el debate sobre la política migratoria de Trump y su impacto en el desarrollo del Mundial 2026, que tendrá sedes en Estados Unidos, México y Canadá. El gobierno republicano mantiene fuertes restricciones para ciudadanos de países considerados “sensibles” en términos de seguridad nacional, entre ellos Somalia, Afganistán, Libia, Yemen e Irán.
Irán, autorizaciones especiales y controles reforzados
En paralelo al caso de Artan, Giuliani detalló el operativo diseñado para garantizar la participación de la Selección de Irán, obligada a disputar sus tres partidos de fase de grupos en territorio estadounidense. El funcionario remarcó que la instrucción de la Casa Blanca es permitir la competencia deportiva, pero sin levantar los filtros sobre personas vinculadas a estructuras del régimen iraní.
“Todo el cuerpo técnico iraní vendrá al país. Hay algunos miembros de la delegación iraní que no vendrán, y por razones bien fundadas”, advirtió Giuliani, al insinuar que ciertas personas se presentaron como entrenadores sin serlo realmente. Aclaró, no obstante, que los 31 futbolistas —los 26 convocados oficiales y otros cinco jugadores que viajan como posibles reemplazos— obtuvieron sin inconvenientes sus visas.
Irán instalará su base de concentración en Tijuana, México, y desde allí se trasladará a Estados Unidos para cada encuentro. Para el debut ante Nueva Zelanda en Los Ángeles, el plantel viajará en un vuelo estimado en 25 minutos, una logística pensada para minimizar la permanencia en territorio estadounidense sin afectar la preparación deportiva.
Equilibrio entre seguridad y competencia mundialista
- Estados Unidos reafirma restricciones migratorias a países bajo observación de seguridad.
- El árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan quedó fuera del Mundial pese a su reconocimiento internacional.
- La Selección de Irán competirá en igualdad de condiciones, pero con parte de su delegación vetada.
- La base iraní en Tijuana busca compatibilizar exigencias migratorias y necesidades deportivas.
“Trump quiere asegurarse de que Irán tenga todas las oportunidades para competir en igualdad de condiciones, al tiempo que garantiza que las personas que trabajan directamente con la Guardia Revolucionaria iraní no tengan posibilidad de acceder a Estados Unidos”, enfatizó Giuliani.
En la cuenta regresiva hacia el Mundial 2026, la tensión entre seguridad interna y apertura deportiva vuelve a quedar en primer plano. La exclusión de Artan y los filtros impuestos sobre la delegación iraní marcan el tono de una Copa del Mundo atravesada por la geopolítica y las decisiones migratorias de Washington.

