Elecciones en EE.UU.: qué se juega Trump y la Argentina

Las legislativas que pueden redefinir el poder en Washington

Elecciones de medio término en Estados Unidos y su impacto en Argentina

NewsITe

Estados Unidos se prepara para unas elecciones de medio término decisivas que pondrán a prueba el liderazgo de Donald Trump y reordenarán, en mayor o menor medida, el tablero político global. Con la totalidad de la Cámara de Representantes en juego y un tercio del Senado en disputa, el resultado puede marcar el inicio del declive del republicano o, por el contrario, consolidar su proyecto político hacia 2029.

El contexto es adverso para la Casa Blanca: los niveles de aprobación de Trump rondan entre el 30 y el 38%, presionado por el aumento del costo de vida, la suba histórica del combustible tras la escalada bélica en Medio Oriente y una seguidilla de controversias políticas y judiciales. En este escenario, las encuestas anticipan un cuadro complicado para el oficialismo en el Capitolio y un posible avance demócrata en una o ambas cámaras.

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En la Cámara de Representantes, donde se renuevan los 435 escaños, las proyecciones son especialmente sombrías para los republicanos. Hoy cuentan con 218 bancas más el respaldo de un independiente aliado, frente a 214 demócratas. Sin embargo, estimaciones académicas como las de la Universidad de Harvard le otorgan a la oposición un 94% de probabilidades de recuperar la mayoría, con una ventaja proyectada de alrededor de 26 escaños y un 54% del voto nacional para ese cuerpo.

En el Senado, el cuadro aparece más reñido. Los republicanos llegan con 53 bancas frente a 45 demócratas, apoyados a su vez por dos independientes. Se renuevan 35 escaños, 22 en manos del oficialismo y 13 de la oposición, lo que expone a Trump a un riesgo mayor. Algunos analistas hablan de un posible empate 50 a 50, lo que colocaría al vicepresidente JD Vance en un rol central, con el voto decisivo para desempatar. Sin embargo, otros relevamientos prevén también un escenario de mayoría demócrata en la Cámara Alta.

Qué se vota y por qué estas elecciones son clave

Unos 250 millones de ciudadanos están habilitados para votar en estos comicios, de los cuales 39 millones son latinos, un segmento que ya representa el 16% del padrón nacional. Hasta el último corte, alrededor de 48 millones de personas habían emitido su voto anticipado por correo o de forma presencial, lo que equivale al 19,2% del electorado, con una ligera ventaja de participación demócrata en esa modalidad.

Además de la renovación total de la Cámara de Representantes y parcial del Senado, habrá elecciones para las gobernaciones de 36 estados y de tres territorios (Guam, Islas Marianas del Norte e Islas Vírgenes), así como comicios legislativos locales y cargos como fiscales, sheriffs y autoridades escolares. Muchas miradas estarán puestas en estados históricamente disputados como Ohio, Michigan, Maine, Iowa, Kansas, Alaska y hasta Texas, donde la paridad entre candidatos no permite anticipar resultados claros.

Más allá de la aritmética legislativa, la elección opera como una suerte de plebiscito sobre la gestión de Trump. El salto inflacionario —3,67% entre abril y septiembre, cifra elevada para los estándares estadounidenses— y el impacto del precio del combustible, que llegó a 4 dólares por galón en promedio, alimentaron el malestar en amplios sectores de la sociedad. A ello se suman las críticas por el manejo de la política exterior y la dureza del discurso presidencial, que polariza al electorado.

El efecto Trump sobre Milei y la política exterior argentina

La definición electoral en Estados Unidos también se sigue con atención en Buenos Aires. El gobierno de Javier Milei construyó un alineamiento explícito con Washington bajo la administración Trump, tanto en el plano político como en el económico. Analistas locales señalan que el apoyo financiero y diplomático de la Casa Blanca fue clave para sostener el programa de ajuste y para mejorar las expectativas de cara a las legislativas de 2025, con anuncios de asistencia por hasta 20.000 millones de dólares.

Una eventual derrota republicana podría poner en pausa ese esquema de respaldo y obligar a la Argentina a recalibrar su estrategia externa. El ex embajador Eduardo Amadeo considera, sin embargo, que los vínculos bilaterales acumulan una densidad de intereses estratégicos que excede a los gobiernos de turno, por lo que no imagina una ruptura, aunque sí mayores esfuerzos de la diplomacia argentina para adaptarse a otro interlocutor en la Casa Blanca.

De signo opuesto es la lectura del ex canciller Jorge Taiana, quien interpreta que el alineamiento automático de Milei con Trump y con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu limita la capacidad argentina de diversificar relaciones en un mundo crecientemente multipolar, tensionado por la competencia entre Estados Unidos y China y la disputa por recursos estratégicos. En la misma línea, el ex embajador José Octavio Bordón advierte sobre la pérdida de prioridad de los vínculos regionales y llama a reconstruir una política exterior de “multipolarismo vinculante”.

Una relación bilateral que trasciende gobiernos

  • Estados Unidos es uno de los principales inversores externos en la Argentina, con empresas radicadas hace más de un siglo.
  • Según AmCham, sus asociados representan cerca del 28% del PBI argentino y el 45% de las exportaciones.
  • El interés estadounidense en minerales críticos, energía y alimentos sugiere que el vínculo continuará más allá de quién gane en noviembre.

“El vínculo no puede depender de la coyuntura, cualquiera sea el resultado electoral”, advirtió Alejandro Díaz, CEO de AmCham Argentina.

Mientras Estados Unidos se encamina a una elección que puede reconfigurar su política interna y externa, países como la Argentina observan el proceso con expectativa y cautela. Lo que ocurra en el Capitolio y en la Casa Blanca no sólo impactará en la gobernabilidad de Trump, sino también en la arquitectura geopolítica y económica de la región. Una vez más, las urnas estadounidenses funcionarán como termómetro del clima mundial y como factor determinante para la estrategia de un gobierno argentino profundamente alineado con Washington.

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